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Cuenta la leyenda que el guión de «La momia» era una historia descartada por Steven Spielberg para su Indiana Jones. No tengo muy claro que hay de cierto en ello, si fue un rumor interesado para la promoción de la película a finales de los años noventa, pero es innegable que la dosis equilibrada de acción, humor y aventuras de la película de Stephen Sommers hubiese encajado perfectamente con el héroe del Arca Perdida, del Templo Maldito y de la Última Cruzada (sí, y de la Calavera de Cristal, es cierto, pero aunque me esfuerce no puedo poner la cuarta junto a las otras tres en la misma frase).

Escrita y dirigida por Stephen Sommers e interpretada por Brendan Fraser, Rachel Weisz, John Hannah y Kevin J. O’Connor, con Arnold Vosloo en el papel del sacerdote Imhotep reencarnado en la momia maldita, «La momia» es aún hoy una gozada, una película de aventuras que no tiene nada que envidiar a las de nuestro querido Indy, ni siquiera a los clásicos de la edad dorada de Hollywood que nos entretuvieron de niños, y que cuenta con un héroe sobresaliente (un Brendan Fraser más payaso y menos heróico que Harrison Ford como el carismático Rick O’Connell), una partenaire femenina moderna, lista y empoderada que no necesita que venga nadie a salvarla, y un elenco de secundarios bien construidos que dan el equilibrio perfecto a la función.

Aventuras exóticas, gags brillantes, diálogos frescos, el inevitable romance y el toque necesario de terror macabro que las películas de Indiana Jones siempre incluyen, hacen de esta película una joya del cine de aventuras de la historia del cine. Casi, casi, tan perfecta como las tres películas de Indiana Jones. ¿He dicho tres?

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