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No hay película de Indiana Jones mala. Dicho esto, «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» está a años luz de las tres películas precedentes del arqueólogo del látigo, la chaqueta de cuero y el sombrero Fedora de ala ancha y se salva de la quema justamente porqué es una película de Indiana Jones, dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Harrison Ford. Si no fuera por eso, un suspenso rotundo.

Cuentan que antes de «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» hubo otros guiones que no llegaron a ver la luz, y que siguieron caminos distintos a los previstos (uno acabo siendo «La Momia» de Stephen Sommers y otro acabo convertido en el videojuego «Indiana Jones and the Fate of Atlantis«) pero diecinueve años después de «Indiana Jones y la última cruzada«, cuando pocos esperaban que el arqueólogo regresaría a la gran pantalla, Spielberg nos lo trajo de vuelta. Protagonizada por Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia Labeouf, Jim Broadbent, John Hurt, Ray Winstone y Karen Allen, la función nos trasladaba hasta el año 1957, en la Guerra Fría, cuando el arqueólogo y profesor universitario sigue compaginando sus clases en la Universidad Marshall con la búsqueda de reliquias perdidas. La última a la que sigue la pista es la mítica Calavera de Cristal de Akator, de origen azteca, a la que se relaciona con poderes sobrenaturales que supuestamente tienen origen alienígena. Un grupo de espías soviéticos, liderados por la implacable agente Irina Spalko, competirán con Indiana Jones y sus aliados, entre los que se incluye un posible hijo llamado Mutt, por encontrar la calavera perdida y los secretos que esconde.

Lo mejor de esta cuarta entrega de Indiana Jones es que apenas se nota el paso del tiempo, y que Harrison Ford sigue luciendo maravillosamente bien como ese carismático y encantador arqueólogo, aventurero y héroe, buscador de reliquias, cuya misión es evitar que algunos de los tesoros más valiosos de la historia de la humanidad caigan en malas manos. También funciona el reencuentro de Indiana Jones y su amor de juventud, Marion Ravenwood, que tienen una química excelente. Y tiene escenas brillantes, como la que sucede en el almacén del Área 51, y la persecución entre las cajas. Por contra, ni Shia LaBeouf como un aprendiz de Indiana Jones escaso de carisma o una dominatrix Cate Blanchett rancia y con una constante cara de enfadada no aportan nada a una historia que, además, cojea notablemente en su guión, escrito por David Koepp, que nos lleva hacia una ciencia-ficción trasnochada, una versión de «Encuentros en la Tercera Fase» que nadie había pedido. La película no conservaba ni el carácter de las tres películas originales, ni mucho menos la frescura de sus tramas,… ¡pero «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» («Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull«) era una película de Indiana Jones y eso lo disculpa todo! Bueno, casi todo: la escena del frigorífico y la bomba atómica no tiene perdón.

Pese a todo, «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» fue un éxito de taquilla: había costado 180 millones de dólares y recaudó más de 790 millones de dólares. En general fue bien recibida y opinión general era que, pese a no estar al nivel de ninguna de las tres primeras películas de la saga, era correcta y divertida.

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