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El mundo se ha medido siempre a partir de la escala del hombre. Las distancias, los retos, los riesgos y las aventuras se han establecido desde el origen de los tiempos a partir del ser humano, de sus habilidades, sus capacidades y su tamaño pero, ¿qué sucede si cambiamos el marco de referencia? Los efectos de una extraña nube radioactiva cambiará para siempre la vida de Scott Carey, un tipo normal que verá como su tamaño empieza a reducirse de forma alarmante y sin pausa, hasta llegar a niveles microscópicos.
Uno de los clásicos indiscutibles del cine fantástico de los años cincuenta, «El increible hombre menguante» («The incredible shrinking man«) es una adaptación de la novela homónima de Richard Matheson, una película dirigida por Jack Arnold y protagonizada por April Kent, Billy Curtis, Grant Williams, Paul Langton, Randy Stuart y William Schallert, entre otros, que aprovechaba unos magníficos efectos especiales para narrarnos la odisea de un hombre que se va haciendo minúsculo (¿o el mundo va creciendo?), una lucha constante por la supervivencia, en la que todo lo cotidiano se convierte en una amenaza mortal.
Sí, el Ant-Man de Marvel no fue el primer personaje en explorar las posibilidades, y las amenazas, de reducir su tamaño, y es bueno rebuscar en el baúl de los recuerdos para encontrar sus referentes, otras emocionantes y divertidas peripecias minúsculas. «Dr. Cyclops», «Cariño, he encogido a los niños», «Attack of the puppet people», «Viaje alucinante», «El chip prodigioso»,… Ninguna como «El increible hombre menguante«, una obra maestra del año 1957 con un final abierto que invita a la reflexión.

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