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El singularísimo director canadiense David Cronenberg («Videodrome», «La zona muerta», «Inseparables», «Crash», «Una historia de violencia», «Promesas del Este»,…) tiene un lenguaje y una mirada tan perturbadora, repleta de violencia y sexualidad, que no es apta para la mayoría de estómagos. Su filmografía se caracteriza por ser desasosegante, adjetivo que encaja como un guante en «La mosca» («The fly«), versión de la película del año 1958 dirigida por Kurt Neumann sobre un científico que, a causa de un experimento de teletransportación fallido, mezcla su ADN con el de una mosca común. La angustiosa, lenta y terrorífica transformación de Seth Brundle, interpretado por Jeff Goldblum, en un insecto sigue atormentando las pesadillas de más de una alma cándida que no estaba preparada para el increible trabajo de efectos especiales y maquillaje de Chris Walas y Stephan Dupuis, que se merecieron un Óscar.
«La mosca» fue un gran éxito de taquilla, que implicó el desarrollo de una mediocre secuela tres años más tarde, dirigida por Chris Walas.

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