Muchos comics suelen sorprenderme. Es fácil. Siendo más exacto, yo soy un lector fácil de sorprender. Estilos de dibujo diferentes, no convencionales o espectaculares, historias originales, de ambientaciones innovadoras o con giros argumentales inesperados, me cautivan y me compran para su causa. Por otro lado, pocas ediciones me sorprenden. Tengo la sensación que casi todos los formatos están ya inventados y hay pocos que se atrevan a salirse del sendero marcado por sus predecesores, por miedo, por prudencia o por pereza.
 
 
Tras haber perdido su trabajo en el periódico, Fantasio es acusado del robo de varios relojes de oro y de la máscara de la reina Nefersisit. Menos mal que su amigo Spirou le ayudará a descubrir qué es lo que ha ocurrido y a demostrar su inocencia. 
 
image1Grapa, rústica y cartoné, tapa blanda y tapa dura, con sobrecubierta, portada con repujado, con grabado en gofrado, con o sin solapas, en formato apaisado, con desplegables, edición absolute, encuadernación con cosido, artbooks, con más o menos extras, con artículos y entrevistas, una edición en estuche, en papel vegetal, con prólogo y epílogo, recopilatorios, ediciones integrales,… Creía haberlo visto todo en el mundo de la edición del cómic, e incluso estaba casi convencido que todos los formatos estaban inventados. Hubiese puesto la mano en el fuego que nadie iba a sorprenderme con una edición diferente a todo lo que he visto con anterioridad, y Dib·buks lo ha conseguido con la edición de coleccionista de “La Mascara” de André Franquin, comentada por Hugues Dayez (Bruselas, 1964). ¡Un cómic anotado! No hablamos solo de notas aclaratorias a pie de página, ni siquiera de frías y anodinas notas del traductor, sino de comentarios de un experto, un reconocido periodista y crítico cinematográfico belga especializado en el mundo del cómic autor de varios ensayos sobre el BD francobelga (“Le duel Tintin-Spirou”, “Tintin et les héritiers: Chronique de l’après-Hergé”, “La nouvelle bande dessinée”, “Peyo l’enchanteur”,…), que van acompañando la lectura del relato página a página. Como una película en DVD con los comentarios del director, como las ediciones anotadas de “El Hobbit” o “El Mago de Oz”, o como aquellas ediciones dobles de los relatos de Julio Verne que combinaban un cómic y la novela en paralelo.
Decir que la edición de Dib·buks de “La Máscara” me ha sorprendido es quedarse corto para describir la impresión que me ha provocado la propuesta de este álbum, una historia de Spirou y Fantasio del año 1954 escrita y dibujada por el maestro Franquin aderezada con aclaraciones de las viñetas, explicaciones del contexto, desvelando detalles y curiosidades, clarificando dudas, salpicando el texto de referencias históricas y de anécdotas curiosas sobre los escenarios escogidos e, incluso, palabras del propio autor. No entiendo como a nadie se le había ocurrido antes algo parecido… o como yo no lo había sabido encontrar con anterioridad.
 
La mayoría de lectores de las aventuras de Spirou y Fantasio saben que fueron creadas originalmente por Robert Velter ‘Rob-Vel’ para la revista de Jean Dupuis “Le Journal de Spirou” en 1938, y muchos consideramos que muchas de sus cincuenta y tantas aventuras son clásicos eternos e imprescindibles del cómic europeo. Con 77 años, venerable vejez, se mantiene tan joven como el primer día. En nuestra opinión, incluso mejor. El tiempo le ha sentado muy bien al botones del Moustic Hotel y los autores que han trabajado en sus aventuras, así como los spin-off o hors-série (“El pequeño Spirou” o las aventuras del Marsupilami en solitario en la selva de Palombia), han dejado huella y son referentes ineludibles del BD francobelga. Las cifras hablan de 30 millones de libros vendidos. 
Es un hecho consensuado que el máximo nivel lo alcanzó el autor de este “La Máscara” que reseñamos hoy aquí, el maestro y referente máximo de la llamada ‘École de Marcinelle’ André Franquin (1924-1997), pero hasta doce autores diferentes como Jijé (creador de Fantasio), Franquin, Janry y Tome (creadores de la versión infantil del personaje, el pequeño Spirou), Fournier, Munuera y Morvan, Chaland, Yoann y Fabien Velhman, siguieron con respeto y un nivel muy alto la senda establecida por el belga de la Escuela de Marcinelle.
Como ya sabíamos, la editorial madrileña Dib·buks celebró su décimo aniversario con el anuncio de que Spirou, a Fantasio, al Marsupilami, a la ardilla Spip, a la periodista Seccotine, al chiflado conde de Champignac, y a sus antagonistas Zorglub, Zantafio o Cianuro se incorporaban a su selecto catálogo. Fue una gran noticia, y en ViaNews nos hicimos eco de ello con entusiasmo: viajaríamos de nuevo hasta los Siete Budas para rescatar a Longplaying, nos enfrentaríamos otra vez a John Helena y los Hombres Burbuja para recuperar el pecio del ‘Discreto’, volveríamos a ayudar a Marcelin Switch a rescatar al rey Ladislas de Bretzelburg, de nuevo nos adentraríamos con Seccotine en las selvas de Palombia para conocer los signulares hábitos de la familia del Marsupilami, y lucharíamos por detener a la androide Cianuro,… 
 
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Tras “El botones de verde caqui” de Yann y Schwartz, “Spirou y Fantasio Integral 12 (1980-1983)” de Nic y Cauvin (con “El cinturón polar”, “La caja negra” y “Los silenciadores”), Dib·buks se ha permitido un pequeño parón, y ha interrumpido el ritmo de publicación de las tres líneas de Spirou para cederle el turno a una delicateseen, “La Máscara” de André Franquin. A la espera del número 51 de “Spirou y Fantasio” de Vehlmann y Yoann titulado “La amenaza de los zorketes” y el “Spirou y Fantasio Integral 13 (1981-1983)” de Tome y Janry que estan previstos para septiembre y noviembre del 2015, podemos disfrutar de este “La mauvaise tête” que para algunos marca sobre piedra el punto álgido de la línea clara, sobrio y contenido, en esta edición que ya hemos calificado de excepcional, una verdadera preciosidad, en blanco y negro, restaurada, a media plancha (las 56 páginas del álbum se recogen en este álbum en 112), totalmente comentada, en todas sus hojas que hara las delicias de todos los ‘Spirounómanos’ y ‘Franquinofilos’. Y a un precio muy correcto.
“La Máscara” se publicó de forma semanal en la revista Spirou en enero y diciembre de 1954 entre los números 840 y 869 y, posteriormente en el año 1956, Dupuis publicó el álbum que contenía esta aventura de Spirou y Fantasio (la octava cronológicamente tras “4 aventures de Spirou et Fantasio”, “Il y a un sorcier à Champignac”, “Les Chapeaux noirs”, “Spirou et les héritiers”, “Les Voleurs du marsupilami”, “La Corne de rhinocéros” y “Le Dictateur et le champignon” pero la sexto realizada por este autor) y, en concreto, la edición de “La Máscara” comentada por Dayez pertenece a la colección 50/60 de la editorial francesa Niffle (fundada en 1997 por quién desde el año 2008 es el redactor jefe de la revista Spirou) cuyo objetivo es ofrecer al lector y a los coleccionistas “una nueva lectura de las obras maestras de la edad dorada del cómic franco-belga en un formato de calidad para los amantes de los libros de arte y la literatura”, tal y como nos explica la editorial Dib·buks en la información promocional de esta obra.
La historia de “La Máscara”, como nos cuenta Hugues Dayez, es una trama de suspense al más puro estilo Alfred Hitchcock, a la película homónima, a “Los 39 escalones”, a “Extraños en un tren” o a “Con la muerte en los talones”, que utilizando el concepto del ‘falso culpable’ o ‘the wrong man’ otorga a la narración un ritmo ágil y entretenido, muy cinematográfico. Tras haber perdido su trabajo en el Moustique, enfurruñado y de mal humor, Fantasio se verá acusado injustamente de un robo que no ha cometido: un hombre con su mismo rostro ha robado una veintena de relojes de oro en una joyería y, poco después y en directo por televisión, se lleva la máscara de oro macizo de la reina egipcia Nefersisit del museo. La incredulidad se apodera de Spirou, ¿acaso su buen amigo se ha convertido en un malhechor? Mientras Fantasio huirá a través del país de las autoridades que le persiguen, al margen del clásico “toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, su fiel amigo deberá desvelar el misterio del cómo, porqué y quién se encuentra en realidad detrás de los robos.
Mención destacada a la memorable carrera de bicicletas con Fantasio ganando la etapa del Tour de Sour imponiéndose al sprint marcha atrás, a la interminable sucesión de coches reproducidos con precisión relojera (del Citroen Traction al Renault Frégate, pasando por un Peugot 201 del año 1929 o el bólido turbotracción de “El cuerno del rinoceronte”), las espectaculares viñetas de media página, o la escena de Spirou persiguiendo el globo gigante con el rostro de Fantasio escalando una montaña. 
 
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Sin duda, uno de los grandes lanzamientos editoriales de este año 2015 en nuestro país ha sido el regreso de las andanzas del botones Spirou y sus amigos de la mano de Dib·buks. Sí, lo repetiremos las veces que sea necesario: nos alegramos mucho que Dibbuks eligiese celebrar su décimo aniversario con el ‘fichaje’ de uno de los personajes más queridos de la historia del cómic y un hito de la bande dessinée francobelga. Por si eso no fuera suficiente, la editorial madrileña nos ha querido sazonar las tres líneas de Spirou ‘oficiales’ con un regalo inesperado y, repito, de formato sorprendente: la edición coleccionista “La Máscara” de André Franquin comentada, en todas y cada de sus páginas, un cómic nada convencional en su contenedor y brillante en su contenido, que hará las delicias de todos los seguidores de Spirou y de la obra del añorado e irrepetible maestro Franquin, y dejará muy satisfechos a aquellos lectores de BD que, a su vez, se califican a si mismos como coleccionistas y eruditos.
 
La Máscara.
Autor: André Franquin
Editorial: Dib·buks
Colección: Spirou
ISBN: 978-84-15850-77-9
Formato: 26,5x25cm. Cartoné con sobrecubierta. Blanco y negro.
Páginas: 112
Precio: 25 euros