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No recuerdo cómo me sentí la primera vez que vi «La Guerra de las Galaxias«. Era muy pequeño y mi memoria no llega tan lejos, pero puedo hacerme una idea aproximada de cómo se sintió el niño que fui por cómo me he sentido las decenas de veces que la he visto después, a lo largo de mi vida. Sí recuerdo, por el contrario, «El Imperio contraataca«, y tengo grabadas algunas imágenes de cuando hacía cola ante la sala de cine junto a mi padre. En cierta forma, somos muchos los que hemos vivido nuestras vidas con un profundo y sincero agradecimiento por todo lo que nos dieron las películas de la trilogía original de «Star Wars«.

Todo empezó con «La Guerra de las Galaxias«. Así la conocíamos entonces. Ni «Star Wars«, ni mucho menos «Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza«, pues en aquel momento todavía no era un capítulo de ninguna saga. En las salas de cine de nuestro país se estrenó el 7 de noviembre de 1977, apenas unos meses después del estreno en los EE.UU., el 25 de mayo de ese mismo año. Sorprende leer que la película se estrenó en muy pocas salas: en Barcelona y en Madrid solamente en dos (Nuevo Cinerama y Montecarlo en la Ciudad Condal, Real Cinema y Roxy en la capital). Esos distribuidores de los años setenta, que por una vez no rebautizaron la película y la traducción fue literal, no sabían lo que tenían entre manos. «La Guerra de las Galaxias» se convirtió, en 1977, en la película más taquillera de todos los tiempos.

Dirigida por un joven George Lucas, con apenas dos películas en su filmografía («THX-1138» y «American Graffiti«) y protagonizada por Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Peter Cushing, Alec Guinness, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew y David Prowse bajo la armadura de Darh Vader (pero con la voz de James Earl Jones). El papel de Obi-Wan Kenobi estaba pensado en principio para el actor japonés Toshirô Mifune, pero después de que éste rechazara el papel, George Lucas finalmente se decantó por el británico Alec Guiness, que en declaraciones posteriores aseguraba que no se sintió nada cómodo y no entendió que la película fuese un éxito, pues le parecía una solemne tontería.

«La Guerra de las Galaxias» empezaba con unas letras amarillas sobre el fondo negro del espacio, desplazándose y poniendo en contexto al espectador: Nos encontramos en un periodo de guerra civil. Las naves espaciales rebeldes, atacando desde una base oculta, han logrado su primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico. Durante la batalla, los espías rebeldes han conseguido apoderarse de los planos secretos del arma total y definitiva del Imperio, la ESTRELLA DE LA MUERTE, una estación espacial acorazada, llevando en sí potencia suficiente para destruir a un planeta entero. Perseguida por los siniestros agentes del Imperio, la Princesa Leia vuela hacia su patria, a bordo de su nave espacial, llevando consigo los planos robados, que pueden salvar a su pueblo y devolver la libertad a la galaxia…

La primera escena del film, que también es la última de «Rogue One«, nos presenta a la nave consular Tantive IV sobrevolando la brillante superficie del planeta desierto Tatooine, acosada por el destructor estelar de Darth Vader que busca los planos de la Estrella de la Muerte robados por los rebeldes. A partir de aquí, una historia inolvidable que todos conocemos: C3PO y R2D2 huirán con los planos, Luke Skywalker se encontrará con Obi-Wan Kenobi, un maestro Jedi que ha vivido años los oscuros años de la Purga escondido en Tatooine. Y junto al contrabandista Han Solo y su compañero Chewbacca se embarcarán en el Halcón Milenario y, accidentalmente, se verán involucrados en una misión para rescatar a la líder rebelde, la princesa Leia Organa, de las garras de Darth Vader y el malvado Imperio que la tienen encerrada en la poderosa estación espacial conocida como la Estrella de la Muerte.

Cuentan que George Lucas se basó en el cine japonés de la década de 1950 para dar forma a su universo galáctico, algo que resulta evidente en numerosos diseños, como el de Darth Vader, directamente inspirado en las armaduras de los samuráis. El creador de «Star Wars» encontró su principal fuente de inspiración en la filmografía de Akira Kurosawa, especialmente en «La fortaleza escondida» (1958). Pero es que hay innumerables aspectos interesantes que contar sobre esta película, incluyendo la música de John Williams, la creación del negocio moderno del merchandising, los revolucionarios efectos especiales de ILM, el nacimiento de una franquicia global… Tantos, de hecho, que sería imposible abarcarlos todos aquí. Por ello, recomendamos echar un vistazo a los cientos de libros y artículos que se han escrito sobre ella.

En resumen, estamos hablando de una película que es historia del cine, pero también de la cultura popular de todo el mundo, que ha pasado a formar parte del imaginario colectivo de varias generaciones en todos los rincones del planeta.

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