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Hay un subgénero de películas dentro del thriller que nos cuentan las aventuras de un hombre inocente que huye y lucha por demostrar que no es culpable (“El fugitivo“, “Minority Report“) y un género de películas carcelarias en las que el protagonista, culpable o no, intenta escapar de su encierro (“La gran evasión“, “Cadena perpetua“). A medio camino entre ambas tenemos “La fuga de Alcatraz” (“Escape from Alcatraz“), dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood.
La histórica prisión de Alcatraz, llamada ‘La Roca’, localizada en una isla solitaria rodeada por las ásperas y frías aguas de la bahía de San Francisco a dos kilómetros y medio de la costa fue, en su momento, la cárcel más infranqueable del mundo. Desde el año 1934 hasta su clausura en 1963, un total de treinta y seis hombres intentaron huir en catorce planes de fuga distintos, según datos del FBI. Casi todos los fugitivos fueron atrapados, o murieron en el intento. Sin embargo, aún existe la sospecha de tres presos que nunca se llegaron a encontrar y cuyo paradero todavía a día de hoy es desconocido: Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin.
Si alguien ha dirigido bien a Clint Eastwood, además del propio Eastwood, ese ha sido Don Siegel con el que colaboró en cinco películas (“La jungla humana“, “Dos mulas y una mujer“, “El seductor“, “Harry el sucio” y “La fuga de Alcatraz“). Y en “La fuga de Alcatraz“, la última de sus colaboraciones, nos narraron las vicisitudes de Frank Morris, interpretado por Clint Eastwood, un ladrón de bancos muy inteligente y experto en fugas, sus problemas para adaptarse a la prisión y la vida en una de las cárceles más famosas y duras de los EE.UU.
La fuga de Alcatraz” no es la única película ambientada en el célebre penal (“El Hombre de Alcatraz“, “Homicidio en primer grado“, “A quemarropa“, “La Roca“,…), pero es la mejor de todas ellas. Fue rodada íntegramente en la prisión, y por eso se rehabilitó para que luciese como en sus mejores días.
Es curioso señalar que la película se estrenó en 1979, seis meses antes de que el FBI cerrara el caso y declarara por muertos a los tres hombres fugados de este centro penitenciario federal de máxima seguridad. La mayoría de los informes oficiales apoyaban la teoría de que los hombres murieron ahogados aunque, como el final de la película también gusta de imaginar, quizás consiguieron llegar a la costa y empezar una nueva vida como hombres libres.

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