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Enorme problema el que tiene este académico biopic sobre Leonard Bernstein y es que, al margen de fans y admiradores, ¿a quién le interesa? Pero no sólo eso, la narración que escoge Bradley Cooper con saltos temporales, continuas elipsis y esa visión impresionista de su vida a base de escenas yuxtapuestas, no la hace tampoco fácil para un visionado  al uso.  Ver “Maestro” te exige una mirada cinéfila y puedes admirar el trabajo fílmico desde ese punto de vista, pero no es lo que se dice un título para disfrutar. Se nota indagación en la psicología del personaje, se nota esmero en la puesta en escena y se nota un interés artístico más allá de lo que cuenta, pero por mucho que Bradley Cooper lo haya dado todo detrás y delante de la cámara, que eso se nota y se ve en su interpretación, y por mucho que haya un puñado de escenas que sí están realmente logradas y suben puntualmente tu consideración de lo que estás viendo, la película peca de la incapacidad para engancharnos emocionalmente. Quizás el objetivo sea precisamente ese, describir al genio con sus luces y sombras evitando que nos identifiquemos con él, pero eso convierte este drama en un ladrillo que se hace extremadamente largo y que resulta más pretencioso que simpático. Una pena porque lo que no me cabe duda es que había mucho talento y buena intención. Simplemente en ocasiones no es suficiente. No obstante obtuvo 7 nominaciones en los Óscars (mejor película, actor principal, actriz principal, guión original, fotografía, maquillaje y peluquería y sonido) y se fue de vacío.