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Creo que el cine occidental no ha hecho justicia a Zhang Yimou, el director de cine chino que quiso acercar el estilo, la estética y la mitología de su país al resto del mundo, sin renunciar a sus esencias y sin pisar los resbaladizos y embarrados estudios de Hollywood. Quizá tampoco era su objetivo. Pero, en realidad, tampoco importa mucho, pues en poco más de dos décadas China se ha convertido en una gran potencia cinematográfica a nivel mundial, con una industria sólida y reconocible, y Yimou ha podido hacer su cine sin pasar por los filtros del cine occidental ni someterse a sus códigos narrativos y comerciales.
Zhang Yimou fue, junto a directores como Tian Zhuangzhuang o Chen Kaige, uno de los primeros cineastas chinos en ser reconocidos con los máximos honores por festivales y premios internacionales, con películas como «Sorgo rojo» o «La linterna roja«. Todos ellos formaron parte de la llamada Quinta Generación, un grupo de autores surgidos tras la Revolución Cultural que renovaron el lenguaje cinematográfico chino y lo situaron en el mapa internacional. En el caso concreto de Yimou, le debemos además algunos de los mayores éxitos del wuxia en la gran pantalla, el género clásico de las historias chinas de artes marciales, como «Hero» o «La casa de las dagas voladoras«, donde combina épica, lirismo y una puesta en escena de gran refinamiento visual.
Dirigida por Zhang Yimou y protagonizada por Zhang Ziyi, Andy Lau, Takeshi Kaneshiro y Song Dandan, «La casa de las dagas voladoras» («Shimian Mai Fu«) nos traslada a la China del año 859, durante la decadencia de la dinastía Tang, cuando Leo y Jin, dos oficiales del ejército imperial, deben detener al misterioso líder de los rebeldes conocidos como la Casa de las Dagas Voladoras, una organización clandestina que roba a los ricos para dárselo a los pobres. Ambos creen que Xiao Mei, una bella bailarina ciega, es la hija del líder de las Dagas Voladoras, y deciden utilizarla como cebo, pero en su plan no contaban con la posibilidad de enamorarse de ella.
Es inevitable hablar de «Hero» (2002), la película precedente de Yimou, para entender y contextualizar esta «La casa de las dagas voladoras«. Aunque la trama de la segunda mantiene algunos de los temas tratados en «Hero», como la relación entre el arte de la escritura y el arte de la espada, el misticismo de las armas, la música, la poesía y las magníficas escenas de lucha cuidadosamente coreografiadas, «La casa de las dagas voladoras» es menos esclava de la estética. No mantiene una composición geométrica tan rígida, ni abusa del color como elemento simbólico dominante; sin embargo, las imágenes siguen siendo extraordinariamente bellas.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja