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La medicina forense, también llamada medicina legal, es esa rama de la medicina que auxilia a jueces y tribunales en la administración de justicia. En la popular serie de televisión “CSI” producida por Jerry Bruckheimer los convirtieron en los héroes de la función, equipos de científicos forenses que, como agentes de la ley, investigaban los crímenes que se producían en Las Vegas, Miami o Nueva York. Muy entretenida, su éxito suscitó tres secuelas, y nos hizo enamorarnos de los procedimientos forenses.

También son médicos forenses los protagonistas de “La autopsia de Jane Doe” (“The autopsy of Jane Doe“), una película del año 2016 dirigida por el noruego André Øvredal, pero nada que ver con los juegos entrañables de Grissom, Horatio Caine y compañía. Protagonizada por Emile Hirsch, Brian Cox, Michael McElhatton, Ophelia Lovibond y Olwen Catherine Kelly, en el aburrido papel de la impávida, pálida e inerte fallecida que no dice ni una sola palabra, esta terrorífica película nos contaba como el cadáver de una joven sin identificar aparecía en un pequeño pueblo de Virginia, víctima de un misterioso crimen. En el depósito de la funeraria local los dos forenses, padre e hijo, pronto observan evidencias físicas muy extrañas en el cuerpo de la joven muerta. Con precisión metódica, su autopsia pone al descubierto los secretos ocultos tras el cadáver.

La película, muy corta pero intensa, tiene dos partes claramente diferenciadas según el guion escrito por Ian B. Goldberg y Richard Naig: una primera en la que acompañamos a los forenses en el minucioso examen de un cadáver para averiguar la causa de su muerte, digna de un episodio de “CSI“, y una segunda digna del género de terror sobrenatural con el que la película se identifica. Ambas son escalofriantes, pero la primera parte, una explícita clase de medicina postmortem en la claustrofóbica morgue, tanto o más que la segunda. No nos engañemos: mucho más. Antes de que empiecen los sustos, los apagones de la luz en la morgue subterránea y los acontecimientos sobrenaturales más clásicos, “La autopsia de Jane Doe” nos habrá regalado una película de cincuenta minutos donde la tensión, los nervios y las dudas de los forenses ante lo que van encontrando, produce más escalofríos que cualquier escena de la segunda mitad.

Galardonada en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, popularmente conocido como el Festival de Sitges, del año 2016 con el premio especial del jurado, “La autopsia de Jane Doe” es una película de terror brillante, sencilla, sin trucos, sin gore, sin efectos especiales, pero con mucho talento en la silla del director y una economía narrativa que reivindica el “less is more“.

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