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Si los libros consiguieron que muchos jóvenes descubriesen su pasión por la lectura, y apareciera de la nada una nueva generación de lectores, la película de Chris Columbus que adaptaba la homónima primera entrega de la saga del niño-mago de J.K. Rowling nos hizo creer en la magia, e incluso nos hizo querer volver al colegio. La dificultad de adaptar una novela popular a la gran pantalla se multiplicaba por cinco cuando el cine tuvo que convertir en imágenes lugares imaginarios tan originales como el andén 9 y ¾ de la estación de King’s Cross, el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el callejón Diagon, los partidos de Quidditch, o el Bosque Prohibido, pero los Oscars a “Harry Potter and the Philosopher’s Stone” por Mejor dirección de arte y Mejor diseño de vestuario demuestran el éxito de su labor.
La película ya ha cumplido más de quince años, pero sigue siendo una entretenida y muy recomendable película de fantasía y aventuras para todos los públicos. Y con una fabulosa, como no podía ser de otra manera, banda sonora del maestro John Williams.

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