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«Hard Candy«, del director estadounidense David Slade, a menudo aparece clasificada como película de terror. No van desencaminados quienes ubican esta angustiosa historia de suspense, sexo y venganza en el mismo género que «La semilla del diablo«, «Nosferatu» o «El exorcista«, y por ese mismo motivo fue premiada en el Festival de cine fantástico de Sitges en el año 2005 (mejor película, guion y premio del público). De hecho, cualquier hombre que haya visto la secuencia de la castración de «Hard Candy» debe haber tenido una angustia y sudores fríos comparables a cuando Ellen Ripley descubría en «Alien» que el xenomorfo se ha escondido en la lanzadera de la Nostromo…

La película, protagonizada por Ellen Page (hoy Elliot Page) y Patrick Wilson, cuenta la relación entre Jeff Kohlver y Hayley Stark, un treintañero fotógrafo de moda y una adolescente que se han conocido por internet, que deciden quedar para conocerse y tomar un café. Él la convence para llevársela a casa con el propósito de hacerle unas fotos pero, sin embargo, ambos le están mintiendo al otro con respecto a sus verdaderas intenciones. Y es que la vida de Jeff se convertirá en una asfixiante pesadilla porqué ella ha señalado al fotógrafo como objetivo de su venganza por la muerte de una amiga. El depredador cazado, y la presa que se convierte en cazador. Sí, muchos recordamos aquí la «Audition‘ de Takashi Miike, con la que tiene muchos puntos en común. Empezando por una historia de venganza de una mujer contra la sociedad patriarcal, por supuesto, o la tortura de un único hombre como símbolo de todos ellos.

La perturbadora «Hard Candy» fue la opera prima de David Slade, director de cortometrajes y realizador reconocido de videoclips y anuncios publicitarios, que le abrieron las puertas a proyectos más ambiciosos (las películas «30 días de oscuridad» o «Crepúsculo: Eclipse«, y la serie de televisión «Breaking Bad«) y el debut de la actriz Ellen Page, que ofrecía aquí una impresionante y terrorífica interpretación caracterizada con esa sudadera de capucha roja que se puede interpretar como una alusión al cuento de la Caperucita Roja.

En resumen, una excelente y arriesgada propuesta, perfectamente válida en los tiempos del #MeToo y cuándo la violencia de género sigue llenando las páginas de sucesos de los periódicos, que convirtió en película la vieja consigna del movimiento feminista: contra violación, castración.

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