Todo parecía señalar en la buena dirección antes de empezar a leer “El Trono de la Luna Creciente“, galardonada y finalista a numerosos premios de prestigio y críticas positivas, repletas de elogios para un escritor debutante y la ambientación de fantasía original y seductora. Pero a veces alimentar las expectativas del lector puede ser contraproducente y puede conducirlo a una desilusión inesperada. Lamentablemente, y así ha sido, la opera prima de Saladin Ahmed me decepcionado.
 
 
image1En los Reinos de la Luna Creciente, la lucha por el poder entre el tiránico califa y un misterioso ladrón que se hace llamar el Príncipe Halcón se acerca a su punto culminante. En medio de la rebelión que está gestándose, una serie de asesinatos de origen sobrenatural asola el corazón del reino. Solo un reducido y variopinto grupo de héroes será capaz de dar con la verdad e intentar parar la matanza.
Con los sesenta ya cumplidos, el doctor Adoulla Makhslood está cansado de la caza de los monstruosos gul. Le gustaría poder disfrutar al fin de unos momentos de tranquilidad para saborear una buena taza de té. Pero cuando encuentran asesinado al sobrino del amor de su vida, se ve obligado a reanudar la caza. Cuenta con la ayuda de su aprendiz, Raseed bas Raseed, cuya valentía y destreza con la espada son superadas únicamente por su fe, y de la intrépida Zamia Badawi, que ha heredado el don de su tribu que le permite transformarse en león. Los tres se verán inesperadamente unidos en una carrera contrarreloj para destapar un complot que no solo amenaza con arrasar la legendaria ciudad de Dhamsawaat, sino que podría dejar el mundo entero en ruinas.
 
“El Trono de la Luna Creciente” (“Throne of the Crescent Moon”) del escritor y poeta norteamericano de ascendencia árabe (en concreto, libanesa y egipcia, además de irlandesa y polaca) Saladin Ahmed es la primera entrega de la trilogía “The Crescent Moon Kingdoms”. Publicada originalmente en inglés por DAW Books en febrero del año 2012, y en castellano por el sello Fantascy de Penguin Random House en abril de 2015, se presentaba como una de las grandes novedades editoriales del género de este año, una novela de fantasía repleta de acción, aventura y magia, y una ambientación exótica y original, diferente de lo que habitualmente ofrece el género. Pero con la célebre recopilación medieval en lengua árabe de cuentos tradicionales del Oriente Medio “Las mil y una noches” como referencia inmediata, ganadora del Premio Locus a la mejor primera novela, y finalista de los premios Nebula, Hugo, Morningstar Award, British Fantasy Award a la mejor novela o mejor debut que la señalaban como la mejor opera prima de los últimos años, “El Trono de la Luna Creciente” se queda muy lejos de lo que hubiese podido ser. ¿Qué ha salido mal?
 
Entre los aspectos más destacados de la novela no podemos dejar de señalar la sugerente ambientación en la que se enmarca las aventuras del cazador de gules Adoulla Makhslood y sus compañeros Raseed, Zamia, Dawoud y Litaz contra los monstruos y los esbirros del Ángel Traidor que bebe sin ambigüedades, pues no pretende esconderse de ello en ningún momento, de las fantasías orientales de “Las mil y una noches”. De hecho la novela de Ahmed podría ser uno más de los relatos con los que Scheherezade, la hija del visir, entretenía cada noche al rey Schariar (y que, como muchos ya saben, interrumpe antes del alba y promete el final para la noche siguiente) pero que también es una mezcla heterogénea de la época de los califatos omeyas y abasidas de la Edad Media en Oriente Medio, sus leyendas y sus mitos, sus costumbres, su folklore y sus tradiciones, incluyendo aspectos como la gastronomía y la religión, y las ambientaciones cinematográficas de Hollywood, desde el “Simbad” de Douglas Fairbanks Jr. o el de las criaturas de Ray Harryhausen hasta “El ladrón de Bagdad”. Un lienzo multicolor repleto de pinceladas y trazos de todas las medidas y cromatismos imaginables que ofrecen al lector un escenario muy diferente al que la literatura fantástica nos tenía acostumbrado en los últimos años (salvo excepciones como “Alif el invisible” de G. Willow Wilson o “Sindbad en el País del Sueño” de Juan Miguel Aguilera, ambas editadas por Fantascy), muy alejado de los cánones tradicionales basados en la mitología europea nórdica y céltica, de la fantasía más tradicional e ingenua de J.R.R. Tolkien, del ‘grimdark’ de Joe Abercrombie, y de los imitadores de la saga “Canción de Hielo y Fuego” de George R.R. Martin. Sin ninguna duda esta es su principal baza, y su aspecto más destacado… aunque esté repleto de tópicos y algunos clichés del género. 
 
A partir de aquí, lamentablemente, el conjunto se resiente y cae en barrena. La historia, por ejemplo, no tiene ningún interés, es lineal y se limita a una sucesión de escenas, sin el menor atisbo de sorpresa ni de giros argumentales que arrastren al lector lejos del tedio y la monotonía. Una trama y una estructura tan simple como simplona. El villano de la función es plano, carece de carisma, aparece solamente al final y el autor no nos ofrece apenas información sobre su identidad, sus motivaciones o el origen de sus poderes. Respecto al bestiario del reino de la Luna Creciente, el autor sugiere y cita numerosos episodios de aventuras pasadas de Adoulla Makhslood a lo largo de la narración que parecen mucho más cautivadores que los anodinos gules que, como zombies sin cerebro ni alma, pueblan las escenas de acción de “El Trono de la Luna Creciente” y deambulan por el campo de batalla mientras seguimos esperando la aparición de los exóticos djinns de la lámpara maravillosa, los ifrits, las lamias de cola de serpiente, los buraqs o los escorpiones gigantes que atemorizan a los temerarios viajeros que se aventuran en las ardientes arenas de los desiertos árabes en busca de fortuna, a la búsqueda de los tesoros escondidos en las tumbas olvidadas y enterradas de los antiguos faraones de antaño. La riqueza y las posibilidades de la mitología de Oriente Medio, de las cuales los lectores occidentales conocen poco y seguro que esperan mucho, se han desaprovechado de forma incomprensible.
 
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Los héroes, encabezados por el doctor Adoulla Makhslood, acumulan tantas dudas existenciales sobre su futuro, tantas tragedias del pasado que cargan sobre sus espaldas como una pesada losa, tanta indefinición sobre las decisiones que deben tomar sobre las cuestiones más irrelevantes, y tantas inquietudes sobre su vida que las que uno puede encontrar en una telenovela latinoamericana de sobremesa, a costa del ritmo, la acción y la aventura, que se ven lastradas severamente. El doctor Adoulla Makhslood, el anciano cazador de gules, duda sobre su oficio, sobre el sistema de gobierno que rige su sociedad, sobre su amor perdido, sobre las decisiones que tomó en el pasado, sobre su capacidad para seguir combatiendo a los monstruos del Ángel Traidor con la misma convicción y fuera que antaño, sobre sus aliados y sobre sus amigos. El derviche Raseed bas Raseed, aprendiz del Doctor, duda sobre su libro sagrado y sus Capítulos Celestiales que guían sus acciones y su fe, sobre sus sentimientos y sus instintos primarios que debe contener, sobre su maestro y los principios que lo rigen, sobre su futuro con o sin la intrépida Zamia Badawi, sobre sus aliados y sobre sus amigos. La licántropo adolescente Zamia Banu Laith Badawi duda tanto, o más, que Adoulla y Raseed, pues se cuestiona continuamente sobre su objetivo en la vida, sobre el sentido de ésta tras la muerte y desaparición de aquellos que consideraba su familia, sobre sus sentimientos y sus habilidades como mujer y guerrero, sobre el conflicto abierto entre el deber y el deseo, sobre su educación y la cultura nómada en la que ha crecido, sobre los errores cometidos como defensora de su tribu, sobre sus aliados y sobre sus amigos. Dudas, dudas y más dudas. Tanto entre los personajes principales como los secundarios. El autor insiste en profundizar tanto en ellos y sus imperfecciones que casi se olvida que se está gestando una rebelión contra el califa en las entrañas de la legendaria e inmensa ciudad de Dhamsawaat encabezada por un misterioso ‘Robin Hood’ oriental llamado el Príncipe Halcón, o que una serie de asesinatos de origen sobrenatural está asolando el corazón del reino de la Luna Creciente y amenaza con arrastrar el mundo entero a las tinieblas.
 
Ahmed se encuentra ahora mismo trabajando en la segunda entrega de la trilogía, cuyo título es “The Thousand and One” (“Las mil y una”) y que saldrá a principios del próximo año 2016 tras haber acumulado un notable retraso a causa de una enfermedad del autor, pero pensamos que tendra mucho que mejorar si quiere recuperarnos para la causa puesto que su insulso “El Trono de la Luna Creciente” ha construido un entorno sugerente, una ambientación sólida y prometedora, pero las aventuras y los personajes que nos ha ofrecido para embutirlo han resultado carentes de gancho, lejos de esta promesa de fantasía repleta de acción y aventura que nos ofrecía la premiada novela debut de Saladin Ahmed.
 
El Trono de la Luna Creciente.
Autor: Saladin Ahmed
Traducción: Manuel de los Reyes
Publicación: Abril de 2015
ISBN: 9788415831198
Páginas: 400
Precio: 18,90 euros