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Entre «El guateque» y «El jovencito Frankenstein» se tendría que dirimir la elección de la película más divertida de la historia del cine, y aunque la primera parte con cierta ventaja, la segunda le sigue bien cerca. Hay motivos más que sobrados para poner una u otra en lo más alto, y yo soy incapaz de elegir una de las dos.
En el año 1974 el director Mel Brooks se encargó de descubrirnos lo divertido que podía llegar a ser el cine de terror con una película que es la parodia definitiva del «Frankenstein» de John Whale y de la novela gótica «Frankenstein o el moderno Prometeo» de la escritora británica Mary Shelley. De hecho «El jovencito Frankenstein» es más conocida por algunos espectadores que la película original estrenada en 1931 o la novela de Shelley. Muchos fans son capaces de recitar de memoria algunos de los gags más célebres de la película de Brooks, sobretodo en los que participa el inolvidable Igor.

Rodada en blanco y negro, «El jovencito Frankenstein» («Young Frankenstein«) está protagonizada por Gene Wilder, Peter Boyle, Marty Feldman, Cloris Leachman, Teri Garr, Madeline Kahn, Richard Haydn, Kenneth Mars y Gene Hackman (irreconocible en su cameo como ermitaño ciego), entre otros, y nos cuenta como el joven doctor Frederick Frankenstein (o Fronkonsteen según a quien le preguntes), un neurocirujano norteamericano, trata de escapar del estigma legado por su abuelo, un científico loco quien creó años atrás una horrible criatura que causó el caos. Pero, cuando hereda el castillo de Frankenstein en Transilvania y descubre un extraño manual científico en el que se explica paso a paso cómo devolverle la vida a un cadáver, comienza a crear su propio monstruo, cuyo único propósito consiste en ser amado.

«El jovencito Frankenstein» es una película disparatada, ingeniosa y muy divertida que nos ofrece tantos motivos para reir que la lista podría ser infinita, incluyendo personajes y gags desternillantes: desde la inconfundible mirada de Marty Feldman para el asistente jorobado Igor hasta esa novia de Frankenstein que le niega a su prometido cualquier contacto físico, pasando por el ama de llaves y amante del difunto doctor, ese monstruo inocente y bobalicón interpretado por Peter Boyle o, sobretodo, la elegancia disparatada de Gene Wilder como el protagonista de la función. También el atrezzo, aprovechado en gran parte del original creado por Kenneth Strickfaden para la película de James Whale, los decorados de Bob de Vestel, los títulos de crédito de aspecto clásico, la música de John Morris, la fotografía en blanco y negro de Gerald Hirschfeld, el guion de Brooks y Wilder, parodiando personajes, situaciones y ambientes de las películas de terror de los años treinta de la Universal,… todo encaja como un guante para que Mel Brooks nos ofrezca su mejor trabajo y una de las películas más divertidas de la historia del cine, y un clásico de la comedia del terror, que incluso se llevo un par de nominaciones a los Oscars (mejor guión adaptado y mejor sonido).

En el año 2003 «Young Frankenstein» fue elegida para su conservación en el National Film Registry de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, un honor reservado para las mejores películas (norteamericanas) de la historia del cine.

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