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Entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado la productora Universal Pictures trasladó a la gran pantalla historias protagonizadas por personajes clásicos de la literatura gótica y romántica, adaptados al medio para convertirlos en criaturas terroríficas y, en ocasiones, malvadas. Estamos hablando, por supuesto, de Drácula, Frankenstein, el Hombre Invisible, el Hombre Lobo, la Momia y el Fantasma de la Ópera, a los que hoy los conocemos popularmente como los ‘Monstruos de Universal‘.
El primero de los monstruos de la Universal en pasar al celuloide fue el Fantasma de la Ópera. En 1925 llegó la primera versión cinematográfica de la famosa novela de Gaston Leroux, publicada originalmente en 1910. Dirigida por Rupert Julian (aunque dejó la película inacabada y la terminó el realizador Edward Sedgwick, a quien se atribuye la persecución final) y protagonizada por el mítico Lon Chaney, junto a Arthur Edmund Carewe, Chester Conklin, Mary Philbin, Norman Kerry y Snitz Edwards, «El Fantasma de la Ópera» («The Phantom of the Opera«) nos contaba como, en los sótanos de la Ópera de París, vive oculto Erik, un hombre misterioso de rostro desfigurado que es el responsable de los mayores éxitos de la Ópera de Garnier. Éste melómano acecha por el laberíntico edificio a la hermosa soprano Christine Daeé, a la que desea catapultar hasta la cima de la fama, pero cuando se entera de que la cantante está enamorada del apuesto vizconde Raoul, se vuelve loco de celos.
«El Fantasma de la Ópera» es un clásico del séptimo arte, del cine mudo y en blanco y negro, también del subgénero del terror gótico, y un claro referente de las películas norteamericanas influenciadas por el expresionismo alemán. La versión de 1925 de «El Fantasma de la Ópera» es solamente la primera de muchas que llegaron después, pero posiblemente es la mejor. Puestos a destacar otras adaptaciones, «El Fantasma de la Ópera» (1962) de Terence Fisher, «Il Fantasma dell’Opera» (1998), de Dario Argento, «El Fantasma del Paraíso» (1974), de Brian De Palma, y «El Fantasma de la Ópera» (2004), de Joel Schumacher.
Por papeles como éste, Lon Chaney se ganó justamente el apodo de «El hombre de las mil caras«. Maestro del maquillaje, habilidad que aprendió durante su etapa teatral, Lon Chaney fue un especialista en interpretar personajes monstruosos, grotescos, de caracterización extrema. Él mismo se encargó de crear el rostro deforme de El Fantasma de la Ópera.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja