De vez en cuando me entran las ganas de revisitar a los clásicos, así que aproveché que tenía pendiente de leer «El fantasma del Titanic» de Arthur C. Clarke, para darme el gustazo de disfrutar con una historia agridulce con sabor a clásico.

El fantasma del Titanic
Arthur C. Clarke
Título original: The Ghost from the Grand Banks
Traducción: Carlos Gardini.
Ilustración de cubierta: Maciej Garbacz
Diseño de cubierta: Alejandro Terán
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-9889-069-3.
256 págs
19,95 euros

Al acercarse el centenario del hundimiento del Titanic, varios planes se ponen en marcha para reflotar el pecio y obtener grandes beneficios del colosal espectáculo. De un lado se encuentra el proyecto de la empresa británica Parkinson, respaldado por las ideas del genial inventor Roy Emerson. Del otro, el intento de la corporación japonesa Nippon-Turner, que cuenta con el famoso ingeniero oceanográfico Jason Bradley, experto en rescates marinos.

Ambos proyectos se basan en la perdurable fascinación del Titanic, pero disponen de un tiempo limitado para conseguir su objetivo. Según se aproxima la fecha fatídica, deberán lidiar con todo tipo de imprevistos, pues no importa lo que prevean, el mar siempre les propondrá un desafío inesperado.

Pero la cuestión más acuciante para todos no será si se puede rescatar el Titanic (pues queda sobradamente demostrado que es factible), sino si debe hacerse, y qué sacrificios son aceptables para ello.

La verdad es que me da algo de vergüenza reconocer que aún tenía El fantasma del Titanic en la lista de espera, pero es que hay veces que se te cuelan libros y al final acabas castigando a libros tan emotivos como este por otros más actuales que no tienen ni la mitad de calidad que la pluma de Arthur C. Clarke. Por otra parte esto me ha servido para darme el gustazo de sorprender a mis neuronas con un libro que gasta mucha más emotividad que la película de marras del Cameron…

El fantasma del Titanic se aproxima a un posible rescate del Titanic con motivo del centenario de su naufragio y lo hace con una ilusionante perspectiva, y es que la tecnología que Clarke imagina para comienzos del siglo no está aún a nuestro alcance (el libro se escribió en 1990). No obstante estamos ante un libro de ci-fi, así que aunque hayamos dejado atrás del 2012 y nadie haya intentado reflotarlo la influencia que el Titanic ha ejercido sobre la humanidad es innegable (por más que, personalmente, no soporte el pestiño de la película de James Cameron) por lo que la decisión de Alamut de publicar este libro con motivo del centenario es un acierto, no sólo por el propio barco, sino por lo interesante de una historia en la que se nos narra un futuro mejor y más brillante que, si bien ha estado plagado de tragedias, que Clarke tan sólo nos esboza, parece mucho más humano y “brillante” que el nuestro.

Es interesante ver cómo Arthur C. Clarke se posiciona en temas como el agujero de la capa de ozono, la contaminación, etc, y lo hace en contra de lo que la mayoría pensamos (que nos estamos cargando el planeta) y a favor de las tesis que hablan de que la Tierra también tiene mucho que ver en estos cambios. Lo bueno es que es agradable leer algo positivo sobre este tema, aunque yo sea realmente escéptico.

En cuanto al tema argumental del libro se nos presentan a distintos personajes que, de una u otra manera, tienen mucho que ver con el intento de rescate del Titanic, una tragedia que marcó a generaciones y que aún hoy sigue despertando un enorme interés (de verdad que no entiendo cómo os pudo gustar el bodrio ese de película). Eso sí, a Clarke se le nota cierto gusto por amargarnos la lectura, y es que si no fuese bastante con la tragedia del hundimiento del Titanic nos regala un par de tragedias más que nos dejan un regusto amargo en la boca (lo que demuestra también que consigue crear unos personajes muy interesantes en mucho menos de 300 páginas).

Pero lo verdaderamente interesante sobre el libro es cómo se representa al Titanic como una metáfora de la ambición de la propia humanidad y de sus arrogancia, un objeto (pelín grande) que despierta pasiones (como ya se verá en el epílogo del libro) y al que, como a los más grandes tesoros de la humanidad, Clarke rodea de una maldición.

En definitiva, es una más que agradable lectura que resucita un “fantasma” para emocionarnos con una historia con un sabor clásico con la marca de fábrica de uno de los mejores y más importantes escritores de ciencia-ficción del mundo (y he conseguido hacer la reseña sin mencionar 2001, Cita con Rama, etc… ¿qué? ¡ouch!).

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