Viajemos a una Edad Media de fantasía de la mano de Joann Sfar, que nos propone con «El Cantar de Renardo» una revisitación, sarcástica y deliciosa, del célebre poema satírico medieval que cumple ahora mil años. Fulmengio Pimentel la publica en una edición realmente bonita.
Renardo es el protagonista de numerosas fábulas antropomórficas en toda Europa, pero es tan popular en Francia que ha convertido su nombre propio en el nombre común que reciben los zorros. El irreverente Joann Sfar recupera para la ocasión el tono de sátira social del poema original y lo pervierte introduciendo personajes de las tradiciones cristiana —el diablo—, judía —el gólem— y artúrica —Merlín— junto a algunas personalidades de su olimpo particular, como la primera poeta en lengua francesa, Marie de France, o el legendario cantautor Georges Brassens. Ambientando la historia en tiempos del papado de Aviñón, Sfar se ocupa en retratar la hipocresía que rodea siempre al poder y en denunciar su eterna búsqueda de chivos expiatorios. De paso, entrega uno de los títulos más sobresalientes y arrebatadores de su extensa bibliografía.
Con «El Cantar de Renardo«, el autor francés Joann Sfar firma una de sus obras más ambiciosas y desafiantes de los últimos años. Publicada en España por Fulgencio Pimentel en una cuidada edición que reúne las dos partes aparecidas en Francia, esta novela gráfica constituye una fábula medieval delirante, una comedia fantástica repleta de magia, sátira y reflexiones contemporáneas que sorprende tanto por su desparpajo narrativo como por la profundidad emocional que alcanza en su segundo tramo.
Joann Sfar un prolífico dibujante y guionista de cómic francés. Le encanta dibujar monstruos y criaturas fantásticas, en mundos que bien podían encajar en cualquier juego de rol clásico. Su trazo puede compararse al de Sempé, Quentin Blake o Ronale, de quienes es admirador. Entre sus libros figuran una adaptación del clásico «El principito«, «Merlín«, junto a José Luis Munuera, las peripecias de un vampiro y la famosa saga de culto de fantasía y humor «La mazmorra«, coescrita y dibujada con Lewis Trondheim. Además, ha hecho carrera en el mundo del cine. Ha dirigido «Gainsbourg, vida de un héroe«, ganadora de un premio César como mejor primera película. También ha trabajado en el mundo de la animación, y ha adaptado con éxito alguno de sus títulos. Ha recibido el reconocimiento tanto de los lectores como de la crítica.
Inspirándose en dos pilares de la literatura medieval —el socarrón Roman de Renart y la épica Chanson de Roland—, Joann Sfar nos presenta una historia desbordante de imaginación en la que lo grotesco y lo sublime se entrelazan en una danza alocada. El protagonista, Renardo (Renart en el francés original), es un zorro pícaro y embaucador, un bandido de alma sensible que no deja de meterse en líos. Su inseparable compañero es Ysengrin, un lobo leal, algo ingenuo, y fuente de no pocos desastres.
En el primer tomo, «El señor de los engaños», —el más cómico y ligero de los dos—, ambos se ven perseguidos por el rey, la Iglesia y el pueblo por igual. Su huida los lleva, literalmente, al infierno, donde se verán inmersos en una guerra familiar entre el mago Merlín y sus singulares progenitores: la Muerte y el Diablo. A partir de aquí, la historia se convierte en una sucesión de episodios mágicos, absurdos y épicos, con espadazos, demonios parlanchines, digresiones filosóficas y criaturas de pesadilla que parecen salidas de una sesión de juego de rol en ácido. El resultado es una mezcla explosiva entre sátira medieval, aventura fantástica y comentario cultural postmoderno.
Este primer volumen puede desconcertar por su estructura caótica y un arranque demasiado verboso, pero una vez superado ese escollo, la narración se dispara con un ritmo frenético y un humor corrosivo que recuerda los mejores momentos del Joann Sfar («El gato del rabino«, publicada por Norma Editorial, «Vampir» y «Pequeño vampir«, por Fulgencio Pimentel). Es en esa segunda mitad del primer tomo donde Sfar encuentra el equilibrio entre parodia y aventura, entre lo lúdico y lo culto.
El dibujo, como siempre en Sfar, es tan expresivo como descuidado en apariencia: un trazo suelto, tembloroso, casi infantil, que contrasta con la complejidad de las escenas y el barroquismo de algunos encuadres. Las vibrantes y exquisitas coloraciones de Brigitte Findakly, colaboradora habitual del autor, aportan coherencia cromática a un universo visual caótico y encantador.
Pero lo que realmente da densidad a «El Cantar de Renardo» es su segunda parte: «La magia sin milagro». Aquí, la obra da un giro inesperado hacia terrenos más sombríos y cargados de resonancias contemporáneas. Merlín, convertido en estatua de piedra tras los eventos del primer tomo, es transportado por Renardo y el joven aprendiz Takka, mientras el mundo que los rodea se va oscureciendo. La sátira medieval deja paso a una narración que aborda temas como la violencia institucional, el antisemitismo y la marginalidad, sin perder del todo su tono juguetón.
En este segundo acto, Joann Sfar se sirve de la ambientación fantástica para hablar de nuestro presente. La escuela de magia, abandonada y húmeda, es una metáfora del desencanto, del fin de las ilusiones. Renardo sigue siendo el pícaro de siempre, pero sus tretas ya no bastan para esquivar un mundo que se ha vuelto más cruel, más opaco. Takka, por su parte, vive una serie de experiencias que lo enfrentan con el deseo, el rechazo y el peligro de ser “el otro” en un entorno hostil.
Destaca en este tramo el tratamiento explícito del antisemitismo, que aparece no como simple anacronismo sino como espejo del presente. Joann Sfar —que ha explorado ampliamente su herencia judía en obras como la mencionada «El gato del rabino«— no duda en confrontar al lector con la humillación y la exclusión que sufre Takka, sin necesidad de didactismos. La fantasía medieval se convierte así en vehículo para una crítica social punzante, sin perder nunca la dimensión poética ni la capacidad de asombro.
A nivel visual, esta segunda parte conserva el trazo suelto del autor, pero lo pone al servicio de atmósferas más cargadas y melancólicas. Las acuarelas de Brigitte Findakly se tornan más otoñales, los rostros más cansados, las arquitecturas más frágiles. La belleza visual convive con una tristeza subyacente que recorre cada página.
«El Cantar de Renardo» no es una lectura convencional. Su estructura fragmentaria, sus digresiones eruditas, su mezcla de géneros y tonos pueden descolocar a quienes busquen una narración cerrada o un arco argumental clásico. Pero quienes acepten entrar en su juego —a medio camino entre la sátira, el cuento de hadas y la filosofía popular— encontrarán una obra profunda, valiente y singular, que hace reír y pensar a partes iguales.
La edición de «El Cantar de Renardo» de Fulgencio Pimentel, una editorial que cuida su catálogo hasta el mínimo detalle, es una delicia, con una traducción y rotulación precisas. Aparece en un formato casi cuadrado, en tapa dura, con un papel interior mate de gran calidad. La minimalista ilustración de portada, con un naranja brillante y un verde suave, las guardas y portadillas… Todo es excelente. Quiero destacar el aroma que desprende esta obra. Para los que leemos en papel, es todo un regalo para el olfato.
Joann Sfar demuestra aquí, más que nunca, su capacidad para mezclar alta cultura y cultura pop, historia y fantasía, tragedia y comedia. Y lo hace con una libertad creativa que rara vez se ve en el cómic contemporáneo. «El Cantar de Renardo» es, en definitiva, un festín literario y gráfico: tan inclasificable como apasionante.
El cantar de Renardo
Autores: Joann Sfar y Brigitte Findakly
Traducción: Joana Carro
Fecha de publicación: Junio de 2025
ISBN: 978-84-19737-34-2
Formato: 22⨉24 cm. Cartoné. Color
Páginas: 120
Precio: 24,00 euros











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal