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Hubo una época en la que no había hombre más duro en las pantallas de cine que Chuck Norris. Fue el ‘Action Hero‘ de los años ochenta por antonomasia, más que Stallone o Schwarzenegger, y el rey del VHS y de los videoclubs. En su filmografía lo hemos visto pelear contra el mismísimo Bruce Lee (en «El furor del dragón«), rescatar soldados prisioneros en Vietnam («Desaparecido en combate«), salvar a su país de unos terroristas malvados («Invasión U.S.A.«), hacer de Indiana Jones de serie B («El templo del oro«)… Casi siempre interpretando a un tipo duro que resolvía los problemas a la antigua, con sus propias manos, a puños y patadas. Pero es que el Chuck Norris real no difiere demasiado del Chuck Norris del celuloide: ex-militar de las Fuerzas Aereas estadounidenses, maestro en las artes marciales en Corea del Sur, campeón mundial de Karate Do en 1978, primer occidental en alcanzar el octavo grado en cinturón negro Gran Maestro de taekwondo, cinturón negro en Tang Soo Do, creador del arte marcial llamado Chun Kuk Do,… No hay que olvidar tampoco los chistes sobre Chuck Norris, los llamados ‘Chuck Norris Facts‘, que ironizan sobre su papel de tipo duro. Por ejemplo, «Chuck Norris no cree en Dios. Es Dios quien cree en Chuck Norris» o «Las lágrimas de Chuck Norris curan el cáncer. Por desgracia, Chuck Norris nunca llora«.
En 1986 Chuck Norris protagonizó una de sus películas más típicas, la de un miembro de un comando especial enfrentado a terroristas musulmanes. Era «Delta Force«, dirigida por el peculiar director israelí Menahem Golan (aquel que, junto a su primo Yoram Globus, fundó y dirigió la productora Cannon Films desde 1979 hasta 1989) y protagonizada por Chuck Norris, George Kennedy, Hanna Schygulla, Lee Marvin (última película del veterano intérprete de «Doce del Patíbulo«, que fallecería poco tiempo después), Martin Balsam, Shelley Winters y Susan Strasberg, en la que nos contaba como un comando terrorista libanés conocido con el nombre de Revolución del Nuevo Mundo secuestra un avión de pasajeros lleno de ciudadanos estadounidenses que sale de Roma con destino a Nueva York, y ordena aterrizar en Beirut. Los miembros de un comando especial de fuerzas de élite, los Delta Force, serán los encargados de intentar liberar a los rehenes.
La película se basa en varios hechos reales para dar forma a la historia (el secuestro del vuelo 847 de la TWA de 1985, la operación Eagle Claw de rescate de los rehenes de la embajada americana en Teherán en 1980, la operación Entebbe de rescate de rehenes en un avión en Uganda en 1976,…), y también toma referencias de películas como «Aeropuerto» y sus secuelas, pero en el fondo solamente importa la acción y la cantidad de terroristas que puede matar Chuck Norris. En esta ocasión, a tiros.
No vamos a engañar a nadie, y menos aún cuando sabemos el tipo de películas que salían de la factoría de salchichas que era Cannon Films: «Delta Force» es un producto mediocre, carente de toda imaginación, con interpretaciones nulas, que rezuma patriotismo estadounidense y cuenta con un mensaje favorable a la política intervencionista de los EE.UU. en conflictos más allá de sus fronteras que en los años ochenta era plenamente aceptado pero que hoy causa vergüenza ajena. Pese a ello es una película de acción efectiva y en su momento funcionó bastante bien: tuvo casi medio millón de espectadores en España. De hecho «Delta Force» contó con una secuela, protagonizada de nuevo por Chuck Norris y dirigida por su hermano menor Aaron Norris.
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Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal