Llega un nuevo tomo trimestral de la serie mensual del Capi recién aparecida en los USA, «Capitán América #2: Nuestras guerras secretas«, con una historia que actualiza el origen del Capi y lo lleva por varios conflictos, para que veamos que este personaje está al loro de lo que pasa en el mundo. O eso es lo que quiere mostrarnos Chip Zdarsky, con la mejor intención, supongo.
¡Una nación condenada! El enfrentamiento entre el Doctor Muerte y el Capitán América sitúa en la balanza el destino de Latveria. Mientras Steve Rogers descubre la verdadera naturaleza de su misión, Dave Colton, el nuevo Capitán América, se muestra cada vez más violento e impredecible. ¿Qué Capitán se mantendrá en pie?
Tras el primer número de Panini Cómics que a muchos les pareció bastante bastante sólido, donde Chip Zdarsky planteaba una visión muy contemporánea del Capitán América sin renunciar al espíritu clásico del personaje, este segundo tomo confirma muchas de sus virtudes… aunque también deja ver algunas grietas. «Nuestras guerras secretas» funcionaba a su manera precisamente porque estaba relativamente aislado de la continuidad más pesada de Marvel y porque centraba toda su fuerza en el choque entre Steve Rogers y el nuevo Capitán América, Dave Colton. Aquella mezcla de thriller político, reflexión sobre el patriotismo y trauma bélico tenía personalidad propia. Este segundo volumen mantiene buena parte de esa identidad, pero en algunos momentos empieza a sentirse demasiado condicionado por el universo Marvel que lo rodea.
La idea central sigue siendo, de largo, lo mejor de la colección: el contraste entre dos Capitanes América que representan épocas completamente distintas. Steve Rogers continúa siendo el idealista incorruptible, un hombre que todavía cree que el heroísmo consiste en proteger personas incluso cuando el sistema falla. Dave Colton, en cambio, encarna las secuelas de las guerras modernas, un soldado moldeado por conflictos interminables, operaciones encubiertas y decisiones políticas moralmente ambiguas. Chip Zdarsky aprovecha esa dualidad para construir un relato que puede encerrar cierto interés, en comparación con otros títulos más superheroicos y menos estables.
Lo bueno es que el guionista evita simplificar el conflicto. Dave no es simplemente «El Capitán América violento» ni un antihéroe diseñado para escandalizar. De hecho, parte de la fuerza del cómic está en que muchas de sus frustraciones tienen sentido. Hay momentos donde resulta difícil no entender su rabia cuando descubre hasta qué punto el gobierno ha manipulado determinadas operaciones militares o cómo los soldados terminan siendo piezas reemplazables dentro de estrategias políticas mucho más grandes. Zdarsky plantea preguntas incómodas sobre patriotismo, obediencia y responsabilidad sin convertir la serie en un panfleto. Aunque suene a muy visto todo, en las viñetas puede funcionar.
Eso sí, a veces la narrativa insiste demasiado en subrayar esa oposición entre Steve y Dave. El simbolismo funciona muy bien al principio, pero en ciertos pasajes parece que el cómic recalca constantemente la idea de «el buen hombre frente al soldado roto». Sigue siendo efectivo, aunque pierde algo de sutileza conforme avanza el tomo. Aun así, el enfrentamiento ideológico entre ambos personajes sostiene prácticamente toda la lectura.
Visualmente, Valerio Schiti continúa siendo una barbaridad. Su trabajo da a la colección gran parte de su identidad. Las escenas de acción tienen impacto físico real, algo especialmente importante en una serie donde los combates entre supersoldados deben sentirse brutales y desesperados. Además, Frank Martin aporta unos colores apagados y ligeramente fríos que encajan perfectamente con el tono de la serie.
El problema llega con el sexto episodio. Aquí la serie empieza a sentirse mucho más atrapada por la maquinaria editorial de Marvel. El salto temporal y las referencias constantes a grandes eventos recientes hacen que la lectura pierda parte de la frescura que tenía el inicio de la etapa. De repente hay mucha exposición, conversaciones cargadas de contexto y una sensación general de estar leyendo un puente hacia futuras historias más que un capítulo con entidad propia. No es desastroso, ni mucho menos, pero sí rompe parte del ritmo que Zdarsky había construido en los números anteriores.
Tampoco ayuda demasiado la ausencia puntual de Schiti. Delio Diaz y Frank Alpizar cumplen de forma competente, y el cómic sigue teniendo buen nivel visual, pero el cambio se nota muchísimo en una serie tan dependiente de la expresividad y la fuerza cinematográfica que Valerio Schiti había aportado desde el principio. Algunas escenas se sienten más planas y menos intensas, justo en un número que además depende mucho del diálogo y la exposición.
«Capitán América #2: Nuestras guerras secretas» incluye un porrón de portadas variantes en su interior y el Spot On a cargo de Bruno Orive. La edición en tapa blanda está muy bien llevada y resulta económica, un aliciente que hace olvidarnos de las grapas, formato habitual de la serie regular del Capi.
A pesar de esos problemas, «Capitán América #2: Nuestras guerras secretas» sigue dejando claro que Chip Zdarsky entiende perfectamente al personaje, pero a su manera, que puede que no sea del gusto de todos. Su Steve Rogers no es una reliquia ingenua ni un símbolo vacío, sino alguien que intenta mantenerse fiel a ciertos principios en un mundo cada vez más cínico. Y eso es precisamente lo que hace que funcione la serie para gran parte del fandom. A mí no me termina de llenar.
Capitán América #2: Nuestras guerras secretas
Autores: Chip Zdarsky, Delio Diaz, Frank Alpizar y Valerio Schiti
Fecha de publicación: Abril de 2026
Edición original: Captain America 4-6
ISBN: 977293851900800019
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 72
Precio: 8,95 euros











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja