Si alguna vez te preguntaste cómo sonaría un fado cantado entre jabalíes asados, romanos despistados y galos incorregibles, «Astérix en Lusitania» es la respuesta que no sabías que necesitabas. La nueva aventura de Salvat lleva a nuestros héroes hasta la antigua Portugal en un viaje lleno de humor, melancolía y guiños a la sociedad actual, todo envuelto en el inconfundible aroma del garum y el bacalao. Una mezcla irresistible de nostalgia y frescura que merece ser saboreada con calma. Y si quieres saber por qué este álbum está dando tanto que hablar, aquí tienes una reseña que lo explora con todo el jugo que merece.
¡Este año Astérix y Obélix se van a Portugal! Próximamente reencontraremos a nuestros irreductibles galos en el extremo suroeste del Imperio romano, en un país famoso por la riqueza de sus monumentos, sus especialidades culinarias y, sobre todo, ¡por la generosidad de sus habitantes! Una nueva aventura de los galos más queridos del mundo conocido y por conocer.
Dos años después de «El Lirio Blanco«, Astérix y Obélix se embarcan en una nueva aventura titulada «Astérix en Lusitania«. Se trata del nuevo álbum que nos trae Salvat dentro de su propia colección, que hace el número 41. Con una tirada de cinco millones de ejemplares traducida a 120 idiomas y dialectos vamos a ser testigos de otro de esos viajes descacharrantes como los que nos ofrecían Goscinny y Uderzo en aquellos tiempos de gloria. Se trata de un viaje a Portugal de la mano de Fabcaro y Didier Conrad, que ya no juegan a imitar, sino a continuar, y esa diferencia se siente en cada página de este interesante álbum.
Lo primero que seduce de la aventura es su propio planteamiento. Portugal, o mejor dicho, la Lusitania romana, aparecía desde hace años como ese destino que por pura lógica debía llegar algún día. Está ahí al lado, lleno de iconos reconocibles, de personalidad cultural, de sabores que piden a gritos convertirse en gags recurrentes. Fabcaro lo vio claro: si los galos habían viajado por media Europa, ¿cómo podía ser que nunca hubieran probado el bacalao ni escuchado un fado? La excusa narrativa –un complot en el mercado del garum que amenaza a un pequeño productor artesanal– es el típico lío que Astérix resuelve sin despeinarse, pero encaja con un aire de sátira muy actual: la lucha entre el artesano honrado y el capitalismo depredador de un villano que bien podría ser CEO de una empresa tecnológica.
El viaje mantiene el espíritu del Astérix «clásico», ese formato de road movie mediterránea cargada de encuentros, equívocos y chistes lingüísticos. Aquí la identidad lusitana se retrata con cariño y humor: un pueblo melancólico hasta para hablar del tiempo, un país donde los soldados romanos se desesperan con tanta saudade y donde el vino verde fluye con la misma naturalidad que los suspiros trágicos. Fabcaro capta ese tono y lo convierte en comedia sin ridiculizar, justo en la tradición de Goscinny: jugar con los clichés sin caer en el dedo acusador.
La mano de Didier Conrad merece mención aparte. Su trazo ya no es un disfraz de Albert Uderzo: es una conversación con él. Mantiene la expresividad, el dinamismo, los exagerados gestos galos, pero introduce su propio ritmo y pequeños detalles que delatan la evolución de la serie. Muchos lectores veteranos notarán pequeñas variaciones en los rostros o los fondos, minúsculas libertades que quizá no estaban en la plancha original de Uderzo. Pero eso, lejos de molestar, recuerda que la serie sigue viva y respirando. Además, Conrad se luce con los paisajes atlánticos, con las callejuelas romanas de Olisipo y con la expresividad de Oxala, uno de los personajes nuevos que más simpatía generan. Y no hay que quitar ojo a Ideafix, la pequeña mascota de Obélix, presente en multitud de viñetas.
El humor, por su parte, alterna el absurdo marca Fabcaro con la sátira social que ya es parte del ADN de la colección. Hay turistas franceses insoportables, jubilados que se mudan al sur buscando «una vida mejor», guiños a reformas sociales, pullas a los excesos del mundo empresarial e incluso bromas sobre IA y cultura digital disfrazadas de latinismos imposibles. Lo mejor es que nada parece metido con calzador: todo fluye en esa mezcla de anacronismos que siempre definió a Astérix. A veces el chiste se esconde en un segundo plano, otras en un juego de palabras que hará reír más a los adultos que a los niños, pero esa multitud de capas es justo lo que siempre hizo grande a la serie.
Y sí, hay un cameo de Ricky Gervais que no viene a cuento, pero que añade ese punto de locura inesperada que el propio álbum reivindica: un recordatorio de que Astérix siempre tuvo espacio para el humor libre y absurdo.
El álbum también deja espacio para el cariño hacia los personajes de siempre. Obélix enamorado vuelve a ser torpe y adorable. Astérix, más estratega que nunca, se mueve con esa mezcla de prudencia y mala leche controlada que lo define. Panorámix aparece lo justo para recordar por qué su sabiduría sostiene a toda la aldea. E Ideafix, como siempre, roba cada viñeta en la que asoma el hocico. Los portugueses no se quedan atrás en carisma, con Venagaes que acude a la aldea gala a pedir ayuda, Aversivés esperando a ser rescatado, y todos los villanos, es especial los traidores por naturaleza que se alían con los romanos. El clímax, con César entrando en escena y el inevitable banquete final, es puro disfrute. Hay jabalí, hay vino, hay chistes y hay una sensación muy clara: el espíritu original sigue ahí, aunque ahora tararee un fado entre plato y plato.
«Astérix en Lusitania» no pretende reinventar la serie ni romper moldes. Pero sí consigue algo igual de valioso: devolvernos el placer del viaje, ese sabor entre nostálgico y fresco que uno siente al reencontrarse con viejos amigos. Si la serie sigue viva después de seis décadas es precisamente por esto: porque siempre encuentra algo que decir del mundo actual mientras los galos siguen viviendo, inquebrantables, en el año 50 a.C. Una lectura deliciosa, con acento portugués y olor a jabalí recién asado.
Asterix en Lusitania
Guión: Fabcaro
Dibujo: Didier Conrad
Fecha de publicación: Octubre de 2025
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 52
Precio: 10,90 euros











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