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Ganador de tres Óscar y cinco Globos de Oro, Oliver Stone alcanzó el Olimpo de Hollywood con su majestuosa visión de la guerra de Vietnam en «Platoon«, y se ganó el respeto de los profesionales del mundo del cine con su serio análisis del magnicidio de Dallas en «JFK«, por su película sobre los veteranos de la guerra de Vietnam «Nacido el 4 de Julio«, por su denuncia al mundo de las finanzas de «Wall Street» o por el biopic de Jim Morrison en «The Doors«, pero desde finales de los años noventa su carrera empezó un descenso en barrena, en parte propiciado por sus ideas políticas de izquierdas que no comulgaban con los conservadores poderes de Hollywood, y por encadenar varias producciones que pasaron sin pena ni gloria por la cartelera.

Durante su momento más álgido, en el año 1994, Stone dió un volantazo a su carrera, cambió de registro y sorprendió con su irreverente «Asesinos natos» («Natural Born Killers«), una locura que es tanto una sátira de los medios de comunicación y del sensacionalismo de algunos sectores de la prensa como una crítica a la cultura de la violencia que en los EE.UU. está elevada sobre un pedestal, y que se convirtió en uno de los títulos más polémicos de la década. Se estrenó con una calificación R a causa de la violencia de la cinta, y pese a los recortes que hizo Stone para rebajar la calificación.

A partir de una idea de Quentin Tarantino, el enfant-terrible a punto de explotar, que Olvier Stone reescribió casi por completo (Tarantino siempre renegó del resultado y aseguró que la historia ya no era la suya), y protagonizada por unos revolucionados Woody Harrelson y Juliette Lewis, la provocadora «Asesinos natos» nos cuenta como Micky y Mallory, una pareja poco convencional de jóvenes amantes, sienten que han nacido para matar y deciden dar rienda suelta a aquello que mejor saben hacer, convirtiéndose en dos despiadados criminales que tienen atemorizada a la población. El presentador de un programa sensacionalista decide aprovechar la fascinación que su personalidad ejerce sobre el público para convertir a los dos asesinos en héroes televisivos.
Su estética, que a mediados de los años noventa dejó a más de uno sin palabras, funciona casi mejor hoy, más de viente años después. Su guión es ‘tarantiniano’ aunque su autor reniegue de él, y Mick y Mallory son reflejos de otras parejas de delincuentes de las películas de Tarantino como Christian Slater y Patricia Arquette en «Amor a quemarropa» y Tim Roth y Amanda Plummer en «Pulp Fiction«. Su mensaje, crítico con el sensacionalismo y el espectáculo televisivo, sigue vigente. Su ritmo, pura anfetamina en vena de su montador Brian Berdan, engancha como el primer día. Su director, una estrella de Hollywood entonces, ahora es un nombre ignorado por las generaciones más jóvenes. Revisionar hoy «Asesinos natos» es, lamentablemente, descubrir que poco ha cambiado desde 1994 hasta hoy y que Oliver Stone fue un visionario de lo que se nos venía encima.

La película fue galardonada con el Gran Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia de 1994, donde también se premió a Juliette Lewis en la categoría de mejor actriz.

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