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No es habitual encontrar una película que termine con la victoria del villano. Haberlas, haylas, por supuesto; y casi siempre ofrecen un final impactante que deja al espectador aturdido y con un regusto agridulce. Nos han malacostumbrado a la idea de que los malos siempre pierden y el héroe siempre alcanza el triunfo, pero en «Se7en«, «Sospechosos habituales«, «No es país para viejos«, «Chinatown«, «La semilla del diablo«, «Arlington Road«, «Vengadores: Infinity War» o «El Imperio contraataca» la cosa no termina nada bien. Las dos últimas, sin embargo, contaron con entregas posteriores que revertían ese desenlace.

«Arlington Road. Temerás a tu vecino«, dirigida por Mark Pellington, y protagonizada por Jeff Bridges, Tim Robbins, Joan Cusack, Hope Davis y Robert Gossett, va un paso más allá: los villanos no solo ganan, sino que manipulan los acontecimientos para que el protagonista sea culpado de sus crímenes. Efectivamente, el desdichado Michael Faraday, profesor universitario viudo y padre de un niño, conoce a sus nuevos vecinos, Oliver y Cheryl Lang, una pareja amable con la que pronto entabla amistad. Sin embargo, una serie de indicios le llevan a sospechar que, a su lado, más que un tranquilo matrimonio, se ocultan unos terroristas que pueden, además, poner en peligro su aparentemente equilibrada vida familiar.

Pese a lo convencional de su planteamiento, «Arlington Road» se convierte en algo totalmente distinto gracias al desenlace escrito por el guionista Ehren Kruger. Sin este final, uno de los más sorprendentes y desoladores del cine contemporáneo, el film habría quedado probablemente olvidado, diluido entre tantos otros productos similares en los que una familia americana se ve amenazada y, tras una serie de escenas de tensión, el padre acaba con el villano de turno. En este caso, sin embargo, no hay redención posible ni final feliz alguno. El malvado gana y prevalece.

La película conectó, además, con la creciente inquietud en los EE.UU. de los años noventa, antes de que el foco mediático se desplazara hacia Oriente Medio, en torno a las milicias de extrema derecha, alimentada por episodios como el asedio de Waco o el atentado de Oklahoma City, que marcaron profundamente la conciencia colectiva del país.

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