¿Se les están acabando a Panini Cómics los cómics que hay que tener de Marvel? Algunos lo dirán cuando se acerquen a este «Veneno vs. Matanza» y otros en cambio lo aplaudirán. Yo solo digo que aquí están Peter Milligan y Clayton Crain, y solo por ellos se justifica su inclusión en esta cole.
Una historia de amor, odio y paternidad como nunca habías leído. Veneno, la criatura formada por Eddie Brock y el parásito traído por Spiderman del planeta de las Guerras Secretas, ha regresado, y también su vástago maldito, el asesino en serie conocido como Matanza. ¿Crees que puede haber algo peor que estos dos simbiontes? Eso es porque todavía no has visto de lo que es capaz un tercero.
«Veneno vs. Matanza» sugiere un enfrentamiento sin tregua entre los dos simbiontes más populares de Marvel Comics, una batalla salvaje de principio a fin, aunque en realidad hay algo más que todo eso, ya que Peter Milligan tenía otros planes. Lo que encontramos aquí es, sobre todo, el relato del nacimiento de Toxina, un nuevo simbionte cuya llegada altera el frágil equilibrio entre Veneno y Matanza y abre la puerta a una historia sobre herencia, instinto y responsabilidad.
La premisa tiene bastante gancho. Matanza está a punto de engendrar una nueva criatura y tanto él como Veneno reaccionan de forma radicalmente distinta ante ese acontecimiento. Uno quiere eliminarla antes de que se convierta en una amenaza, mientras que el otro cree que merece una oportunidad. A partir de esa idea surge un conflicto que, al menos sobre el papel, resulta más interesante de lo que suele ser habitual en los cómics protagonizados por simbiontes. Hay algo casi familiar en la relación entre estos personajes, como si detrás de toda la violencia se escondiera una discusión sobre qué hacer con una nueva generación que todavía no ha decidido quién quiere ser.
El problema es que la ejecución no siempre está a la altura de las posibilidades del planteamiento. Peter Milligan introduce conceptos interesantes, pero rara vez se detiene lo suficiente en ellos. La historia avanza con rapidez y da la impresión de que algunas ideas están esbozadas más que desarrolladas. Toxina termina convirtiéndose en el personaje más atractivo del relato precisamente porque representa una incógnita constante, alguien atrapado entre impulsos contradictorios y obligado a encontrar su propio camino. Sin embargo, cuando parece que el cómic va a profundizar en ese conflicto, vuelve a lanzarse a otra secuencia de acción.
Tampoco ayuda que varios personajes secundarios resulten poco relevantes. Spiderman aparece porque una historia de simbiontes casi parece exigir su presencia, pero su participación no deja una huella especialmente memorable. Más llamativo es el caso de la Gata Negra, cuya inclusión parece responder más a necesidades visuales que narrativas. Su papel en la trama es limitado y nunca llega a convertirse en una pieza fundamental de la historia.
Buena parte de la personalidad del cómic recae sobre el apartado gráfico de Clayton Crain, y aquí es donde la obra genera las opiniones más divididas. Su estilo digital tenía una apariencia muy particular para la época y sigue siendo imposible de confundir con el de cualquier otro artista. Cuando dibuja a los simbiontes está claramente en su terreno. Veneno, Matanza y Toxina aparecen como criaturas viscosas, deformes y amenazadoras, capaces de ocupar la página con una presencia casi física. Las escenas de combate transmiten fuerza y brutalidad, y hay viñetas que parecen auténticas ilustraciones de terror superheroico.
Sin embargo, la situación cambia cuando el protagonismo pasa a los personajes humanos. Las proporciones exageradas, las expresiones faciales extrañas y cierta tendencia al exceso visual hacen que algunas páginas hayan envejecido de forma irregular. El resultado es una obra que alterna imágenes espectaculares con otras que pueden sacar al lector de la historia. Es un cómic que funciona mejor cuando abraza plenamente su faceta monstruosa que cuando intenta representar la realidad cotidiana.
Aun con sus defectos, «Veneno vs. Matanza» conserva un interés evidente dentro de la mitología de los simbiontes. No porque ofrezca el mejor duelo entre sus protagonistas ni porque contenga el guion más sólido de Marvel, sino porque introduce a un personaje que acabaría encontrando su propio espacio dentro de este universo. Vista hoy, la obra funciona como una curiosa cápsula temporal de principios de los 2000, una época en la que la espectacularidad visual y las ideas llamativas tenían tanto peso como la propia narrativa.
La edición de Panini Cómics de «Veneno vs. Matanza» dentro de la colección Marvel Must-Have es impecable. Aunque en esta ocasión no haya extras como portadas variantes o bocetos, sí nos encontramos con las habituales secciones como «Cronología», «Tras las cámaras», «Lecturas complementarias y «Los autores», junto con el texto introductorio de la casa.
No estamos ante un clásico imprescindible ni ante una de las mejores historias de Veneno, pero sí ante una lectura entretenida que encuentra su mayor valor en aquello que no anuncia su portada. Quien busque exclusivamente una guerra entre Veneno y Matanza puede salir algo decepcionado. Quien se acerque con curiosidad por descubrir el origen de Toxina encontrará una propuesta imperfecta, pero con suficientes elementos interesantes como para justificar la visita.
Veneno vs. Matanza
Autores: Clayton Crain, Peter Milligan
Fecha de publicación: Abril de 2026
Edición original: Venom vs Carnage 1-4
ISBN: 9791370134402
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 112
Precio: 16,00 euros












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