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El actor, productor, director y guionista Kevin Costner subió hasta lo más alto y paladeó las mieles del éxito para caer luego en un pozo oscuro y sin fondo. El antaño rey de Hollywood, un Kevin Costner ganador de un Óscar como director por «Bailando con lobos«, galán de blockbusters románticos como «El guardaespaldas» y de aventuras como «Robin Hood«, lleva todo el siglo XXI intentando recuperar el lugar que alcanzó en Hollywood durante los años noventa, un prestigió que perdió a raíz de su multimillonario fracaso con «Waterworld«, hundió definitivamente con «Mensajero del futuro«, y que ya no consiguió reconducir. Pese a eso es justo volver la vista atrás y reconocer que durante muchos años supo elegir bien sus proyectos: «Los Intocables de Elliot Ness«, «El guardaespaldas«, «JFK«, «No hay salida«,… y «Campo de sueños«.
En «Campo de sueños» («Field of dreams«) del director Phil Alden Robinson, una adaptación de la novela «Shoeless Joe» de W.P. Kinsella, el actor Kevin Costner interpretaba a Ray Kinsella, un joven agricultor de Iowa. Un día escucha una extraña voz que le impulsa a construir un campo de béisbol en su maizal: «Si lo construyes, él vendrá». Por él desfilarán grandes jugadores de todos los tiempos, especialmente ‘Shoesless’ Joe Jackson, un famoso jugador de los ‘Black Sox’ de Chicago que en 1919 fue acusado de amañar partidos y dejarse perder la final del campeonato.
Protagonizada por Kevin Costner, Amy Madigan, James Earl Jones, Ray Liotta y Burt Lancaster, la última interpretación del inolvidable actor que falleció en 1994, la película fue nominada a tres premios Oscar en 1989 (mejor película, mejor guion adaptado y mejor banda sonora) pero se fue a casa con las manos vacías en una ceremonia en la que «Paseando a Miss Daisy» se llevó la mayoría de galardones. De hecho la película no es una obra maestra del cine sinó que, simplemente, supo jugar bien sus bazas: por un lado evoca el espíritu sentimental e inocente del cine de Frank Capra y, por otro, coquetear con el cine fantástico e introducir elementos sobrenaturales. Era algo que estaba de moda en esa época, y a «Hecho en el cielo«, «Always» o «Ghost» nos remitimos. En resumen, «Campo de sueños» era y es una película algo boba y muy americana, tanto por apelar a sentimientos muy enraizados en el público norteamericano como la fe y la familia como por utilizar para ello su deporte nacional, el béisbol.
Cuentan que el campo de béisbol construido especialmente para la película entre los maizales de Iowa, en una granja cercana a la ciudad de Dyersville, sigue aún ahí, aunque nadie ha visto a un fantasma jugando en él.
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Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…