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Un asteroide, un virus contagioso, una guerra nuclear, una invasión de extraterrestres hostiles, el cambio climático,… El cine, las series de televisión, el cómic, la literatura o incluso los videojuegos nos han llevado hasta el apocalipsis, y más allá, y nos han puesto cara a cara con el lado más oscuro del ser humano. Muchas historias nos han hablado del fin del mundo, sobre el cómo y sobre el después de, haciendo sus propias conjeturas acerca de las causas y las consecuencias.

«Waterworld«, por ejemplo, es una película ambientada en un mundo post-apocalíptico, en el que los casquetes polares se han fundido y todo el planeta ha quedado cubierto de agua, aunque no nos cuentan la causa. Debemos suponer que el calentamiento global, ese mismo que nos azota actualmente. Es una distopía, un futuro ficticio en el que las cosas no han salido como la humanidad hubiese deseado. De hecho la distopía es el término opuesto a utopía, y por lo tanto el futuro que nos suele presentar una historia distópica es oscuro, y los seres humanos están al borde de la desaparición por motivos diversos. Si somos honestos y miramos donde estamos hoy y hacia donde vamos, un futuro distópico parece mucho más probable que uno utópico.

«Waterworld«, dirigida por Kevin Reynolds e interpretada por Kevin Costner, Dennis Hopper, Jeanne Tripplehorn, Tina Majorino y Leonardo Cimino, entre otros, nos contó en 1995 que el planeta Tierra ya no era fiel a su nombre, y estaba todo cubierto de agua tras derretirse los casquetes polares. La escasa civilización superviviente malvive en el nuevo ecosistema acuático como puede, en islas artificiales, plataformas flotantes y barcos. La principal ocupación de estos humanos supervivientes es la búsqueda de agua dulce, el bien más preciado. Un viajero errante y solitario llega un día a uno de estos asentamientos flotantes para comerciar pero cuando sus habitantes descubren que es un híbrido aberrante, mitad pez y mitad humano, lo condenan a muerte. En su huída acompaña a una mujer y una niña con un mapa tatuado en la espalda que buscan la legendaria «Tierra Seca«.

Este clásico noventero ambientado en un mundo del futuro tragado por las aguas fue un blockbuster monumental, con un presupuesto tan elevado que en su momento convirtió a «Waterworld» en la película más cara de la historia del cine. Esta apuesta casi arruina la carrera de todos los implicados, como el actor y productor Kevin Costner que venía de triunfar en los Oscars con «Bailando con Lobos» o el director Kevin Reynolds, al que se acusó como principal responsable del fracaso, aunque alguna culpa tuvo el huracán en la costa de Hawaii que arrasó con los sets de rodaje. En realidad la película costó 175 millones de dólares e ingresó 250, de manera que, aunque fue vapuleada por los críticos, de fracaso tuvo poco.

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