Ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance y nominada a cuatro Óscars (mejor película, actriz, actor secundario y guión adaptado), esta película ha pasado sin pena ni gloria por los cines españoles, pero ha sido una de las grandes sorpresas del 2010.

 

****
Título original: Winter’s bone.
País: EEUU.
Duración: 100 min.
Género: Drama.
Interpretación: Jennifer Lawrence, John Hawkes, Kevin Breznahan, Dale Dickey, Garret Dillahunt, Sheryl Tate Taylor.
Guión: Debra Granik y Anne Rosellini; basado en la novela de Daniel Woodrell. Producción: Anne Rosellini y Alix Madigan-Yorkin.
Música: Dickon Hinchliffe.
Fotografía: Michael McDonough.
Montaje: Affonso Gonçalves.
Diseño de producción: Mark White.
Vestuario: Rebecca Hofherr.
Distribuidora: Golem.
Estreno en EEUU: 11 Junio 2010.
Estreno en España: 11 Febrero 2011.

“Winter’s bone” fue en el 2010 la sorpresa agradable del cine independiente que encandila a la crítica (la abala sobretodo la buenísima acogida en el Festival de Sundance, en el que ganó) y se colóen los óscars como de tapadillo como otros años pasó con “Precious” (Lee Daniels, 2009) o en menor medida con “En la habitación” (Todd Field, 2001), aunque realmente a las que más me recuerda ya sea por temática o factura es a películas como “Río helado” (Courtney Hunt, 2008), “Lone star” (John Sayles, 1996) o “El otro lado de la vida” (Billy Bob Thornton, 1996).

Lo más importante antes de verla es saber precisamente que tiene ese sello, el de película independiente, entendiendo por esto que está hecha por un estudio pequeño, con recursos escasos (se rodó apenas en veinticuatro días y con presupuestos bajísimo), con actores poco conocidos y un planteamiento completamente ajeno al de los grandes estudios.

Esencialmente su principal mérito sobre todos los demás es que aunque argumentalmente no da para mucho seconvierte en un relato excepcional en el que el tono de cine negro y la descripción de ambientes es casi tan importante o más que lo que ocurre en pantalla.

Si la veis lo entenderéis, contar cuenta poco, realmente los hechos se centran en apenas unos días y más que una historia con su presentación, nudo y desenlace la película se centra en un suceso y sus consecuencias, lo que permite a la directora penetrar en un ambiente, en un estilo de vida, exponer un drama personal y utilizar un conflicto entre personajes para hacer una ajustada descripción de los mismos.

Ni es una película al uso, ni es recomendable para quien no le guste explorar formas de expresión fílmica distintas a las habituales. De hecho arranca lenta, muy lenta y pasados unos minutos uno se pregunta de qué va porque tarda en quedar claro y exige ir juntando pistas para entender lo que sucede y sus implicaciones. La cámara de Debra Granik capta la vida cotidiana de una familia desestructurada en los montes de Missouri, en la llamada “América profunda”, esa en la que el paisaje es tan gris como el ánimo de sus habitantes, esa en la que desde el duelo de banjos de “Deliverance” (John Boorman, 1972) nunca falta un tipo tocando, esa de los bares llenos de vaqueros rudos e inquietantes que te amenazan con sus miradas nada más entrar por la puerta mientras suena música country.

La descripción en sí de lugares y gentes es casi tan importante como el propio argumento porque es la que nos permite dar explicación a lo que ocurre, conocer los porqués e intuir lo que ocurrirá más allá de los títulos de crédito al acabar de verla.

La factura visual de la película está a medio camino entre el realismo que pretendieron los creadores de “El proyecto Bruja de Blair” (hablo sólo de estilo visual, ojo) y la ambientación y tono dramático de “Río helado” (Frozen river). Por cierto, ésta última la aconsejo vivamente, es tan buena como “Winter’s bone” y pasó en España lamentablemente desapercibida. Se entiende gracias al estilo con el que está filmada, que el contexto es tan hostil como los personajes que rodean a la protagonista y eso provoca en nosotros una cierta inquietud que nos zarandea en las escenas más tensas del desarrollo, que las tiene y son impactantes por cortantes, frías y en cierto modo deshumanizadas.

El relato se centra en Ree Dolly (brillantísima y prometedora Jennifer Lawrence que tuvo gracias a su actuación una nominación a mejor actriz), una chica de diecisiete años que debe cuidar de dos hermanos pequeños y una madre trastornada ante la desaparición de su padre (Jesup) y no sólo eso, sino que debe lidiar con la amenaza de perder su casa, su medio de subsistir, a su familia, de perderlo todo….Su única opción indagar dónde está Jesup y hacer frente a ello con toda la entereza de la que sea capaz. Su única ayuda, su tío “Teardrop”, un tipo esquivo y tan enfangado como su padre en asuntos turbios sobre los que es mejor no hablar.

Uno de los aspectos más conseguidos y alabados por la crítica es el tamiz de cine negro que adquiere la película con la protagonista convertida en un particular detective rastreando allí donde no debe hacerlo. Aunque no se parece en nada por momentos me recordó al Jack Nicholson de “Chinatown” por aquello de que también Ree debe pagar físicamente un peaje por inmiscuirse en busca de la verdad (tremenda la escena en cuestión y no digo nada por no chafársela a nadie).

El caso es que el guión (de Debra Granik y Anne Rossellini a partir de una novela de Daniel Woodrell, también nominado en los óscars) aprovecha perfectamente las características del lugar donde suceden los hechos y de sus gentes para crear los resortes argumentales que hacen avanzar la historia. Se respira soledad, desamparo, el frío del entorno (no sólo el físico sino también el frío emotivo), penetramos en una sociedad hostil si no acatas sus normas, con una jerarquía patriarcal y machista (uno de los personajes le pregunta a Ree “¿No tienes un hombre que haga esto por ti?”), se palpa la rudeza montañesa. Los protagonistas son conscientes de que las normas sociales son complicadas y más en una zona donde se han mantenido a base de traspasar la frontera de lo legal. Teardrop lo deja claro en un momento en que defiende a su sobrina: “Lo que Jesup hizo iba en contra de nuestras costumbres, pero ella no es mi hermano. Es una chica que nunca dirá nada a nadie”. Las alternativas son acatar lo que hay o atenerse a las consecuencias.

Lo que más me gusta sin duda es que vamos urdiendo la trama nosotros mismos con información que nos va llegando con cuenta gotas con cada escena, a veces con lo que vemos, a veces con diálogos y otras con silencios y miradas. Los actores están magníficos como no puede ser de otra forma para que funcione una película de este tipo y son más las veces que sabemos qué ocurre bajo lo aparente por lo que no dicen que por lo que expresan en diálogos.

Es una película repleta de escenas fantásticas con un transfondo que hay que saber ver y ambientes y rostros muy descriptivos que hay que interpretar. No te dan el argumento mascado, pero tienes en pantalla todo lo que necesitas para atar los cabos sueltos. Particularmente me gusta encontrarme de vez en cuando con una de estas perlas extrañas en el panorama cinematográfico actual, que te exigen un esfuerzo, pero que al mismo tiempo te están alagando por considerarte un espectador inteligente, capaz de comprender lo que no te dan mascado. Al principio no sabes de qué va y andas perdido, recién llegado al lugar, pero poco a poco intuyes, comprendes y participas del relato y del drama (es una historia intensa aunque no haya lagrimeos ni un tratamiento compasivo o efectista). Probablemente lo más espectacular sea la entereza con la que los personajes y en concreto Ree van soportando los reveses.

Ree es un personaje fabuloso, una mujer de una pieza pese a su edad y su entorno y como diríamos coloquialmente “los tiene bien puestos”, es seguramente uno de los grandes aciertos de la película y de su directora porque la actriz que la interpreta tiene un aspecto que para nada corresponde con esa determinación de la que hace gala. Lo cierto es que Jennifer Lawrence está descomunal en su actuación.

En definitiva una película distinta pero fascinante y que tiene la enorme virtud de reescribir géneros, de moldearlos en una forma diferente, todo ello contando con la complicidad del espectador y mediante un estilo propio, distintivo y peculiar ajeno a modas y a grandes presupuestos. Un ejemplo más de que en cine no está todo dicho ni explorado.