Al Pacino alcanzó su merecidísimo óscar como mejor actor con esta película del año 1992 y Chris O’Donnell le acompañaba en el que seguramente ha sido el mejor papel de su carrera.



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Título original: Scent of a woman
País: Estados Unidos
Duración: 157 min.
Género: Drama
Reparto: Al Pacino (Teniente Coronel Frank Slade), Chris O’Donnell (Charlie Simms), James Rebhorn (Señor Trask), Gabrielle Anwar (Donna), Philip Seymour Hoffman (George Willis, Jr.), Richard Venture (W.R. Slade), Bradley Whitford (Randy), Rochelle Oliver, Margaret Eginton, Tom Riis Farrell, Nicholas Sadler (Harry Havemeyer), Todd Louiso, Matt Smith, Gene Canfield, Frances Conroy, June Squibb, Ron Eldard, Sally Murphy, Michael Santoro, Alyson Feldman, Erika Feldman, Julian Stein, Max Stein, Anh Duong, Leonard Gaines, David Lansbury, Joseph Palmas, Baxter Harris, Francie Swift, Michael Simon, William Beckwith, Mansoor Najeeullah, J.T. Cromwell, Peter Carew, Paul Stocker, Mike Lisenco, Divina Cook
Guión: Bo Goldman
Distribuidora: Universal Pictures
Productora: Universal Pictures, City Light Films
Fotografía: Donald E. Thorin
Montaje: Harvey Rosenstock, Michael Tronick, William Steinkamp
Música: Thomas Newman / Children of 13
Novela original: Giovanni Arpino
Producción ejecutiva: Ronald L. Schwary

“Esencia de mujer” es la versión norteamericana de la película italiana de 1974 «Perfume de mujer» (Profumo di donna) de Dino Risi que protagonizó Vittorio Gassman y el guión se basa a su vez se basa en la novela “Il Buio E Il Miele (Oscuridad y Miel)” de Giovanni Arpino.

Argumentalmente no es una película que llame mucho la atención a priori, se centra en 1992 en Estados Unidos y trata sobre un estudiante universitario de orígenes humildes (Charlie Simms) que durante el fin de semana de acción de gracias acepta un empleo para cuidar al Teniente Coronel Frank Slade, retirado, ciego y amargado que queda solo en su casa mientras su familia se marcha por unos días.
Ya digo, no te engancha si sólo lees esto. Sin embargo hay mucho más “tomate” en el argumento porque de lo que habla es de dos perdedores revolviéndose contra un destino que parece inevitable. En el caso de Charlie, está en un lío relacionado con una broma pesada gastada a uno de sus profesores y se encuentra en un dilema sin salida airosa. En el caso de Frank ha caído en barrena en la oscuridad de su ceguera y se siente solo en un momento crítico de su vida en el que no parece haber esperanza. El encuentro de ambos es el motor argumental y también el bing bang emocional de esta película, que es ante todo un canto a la lucha ante la adversidad y una calculada fusión de comedia y drama con gran carga emotiva en una línea cercana a otros títulos de aquella época como “El club de los poetas muertos”, “Rainman” o “El indomable Will Hunting”.
Martín Brest, responsable de títulos tan entretenidos como “Superdetective en Hollywood” o “Huida a medianoche” aunque también de pestiños como “¿Conoces a Joe black?” o “Gigli”, firmó con “Esencia de mujer” su mejor película y disputó con ella los óscars más importantes de aquel 1992 contra Clint Eastwood y “Sin perdón o contra James Ivory y “Regreso a Howards End”. De las 4 nominaciones que alcanzó la película (mejor película del año, mejor director, mejor actor y mejor guión adaptado) el que se llevó el premio fue Al Pacino por una actuación intensa y de gran fuerza que gustó más que la de Clint Eastwood en su existosa “Sin perdón”.
Indudablemente la fuerza de “Esencia de mujer” reside en un desarrollo sin altibajos y eso a pesar de ser una película que se apoya esencialmente en conversaciones y diálogos (sólo un leve bajón de interés hacia la mitad cuando parece que el argumento se atasca en un callejón sin salida), en un guión que para mi gusto es magnífico porque habla de muchas cosas y no sólo de lo evidente (léase entre líneas en muchos de los diálogos) y sobretodo en esa doble actuación magnífica, la de Al Pacino por su puesto, pero también la de Chris O’Donnell (obsérvese lo bien que soporta los primeros planos incluso en las más complejas escenas dramáticas). El reparto, todo hay que decirlo, cumple a la perfección y en él pulula un jovencísimo Phillip Seymour Hoffman que lo borda haciendo de niño bien con ínfulas y cinismo sin límites.
Esencialmente recomendaría la película porque es de esas en las que parece que comienzas a verla con un estado de ánimo y terminas viéndola con otro, como si algo en tí hubiera cambiado en el transcurso del visionado (de hecho también hay un antes y un después para los propios personajes). Y es que a parte de la moraleja evidente que cada cual extraerá, el choque de personalidades que se produce entre los protagonistas, el ir descubriendo cómo son y como reaccionan resulta por sí mismo apasionante (El personaje que compone Al Pacino, con sus “Uaaa”, sus prontos, sus subidones y altibajos, su vaivén entre lo sórdido y lo elegante y su fuerte carácter se me ocurre que hubiera sido un dignísimo protagonista de serie de televisión a la altura del mejor doctor House) y confirma, y me pongo existencial, que el choque de opuestos es génesis muchas veces de un nuevo orden de las cosas, la idea de que la experiencia y la ilusión, madurez e inocencia, pragmatismo e idealismo se retroalimentan y son perfectamente complementarios y muy eficaces para salvar cualquier obstáculo.
En su día me gustó, pero debo admitir que en el segundo visionado que hecho me ha gustado bastante más, puede ser una cuestión de edad o puede que esta película sea de las que mejoran con el tiempo, como los buenos vinos y eso que parece muy normalita…..Parece normalita porque está rodada de una forma clásica, lineal, concentrada la acción en un breve lapso temporal y tiene un tono amable, pero ¡¡¡Qué difícil es pues hacer películas “normalitas” como ésta que funcionen tan bien!!!!