Hay libros que se leen con la cabeza, otros con el corazón. Y después están los que se leen con ambos a la vez, como este maravilloso «¡Yo quiero un tebeo! Los tebeos desde la posguerra a la Transición«, publicado por Diábolo Ediciones y escrito por Pedro Delgado Cavilla, cuya pasión contagiosa por la historieta española traspasa cada página como un torrente imparable de nostalgia, sabiduría popular y amor profundo por ese universo de papel que marcó generaciones enteras.

¡Yo quiero un tebeo! Los tebeos desde la posguerra a la Transición¡Yo quiero un tebeo! es un apasionante viaje por la historia del tebeo español, desde la posguerra hasta la Transición. Pedro Delgado Cavilla firma esta obra divertida y lúcida que desentraña con humor la esencia de nuestros tebeos más míticos. Desde Carpanta hasta Florita, pasando por El Guerrero del Antifaz o El Cachorro, el autor nos invita a mirar con nuevos ojos esas viñetas que nos marcaron a varias generaciones. Cada página conecta los héroes de papel con la vida cotidiana de un país en transformación. El hambre, la censura, los sueños y los miedos del franquismo se cuelan entre los globos de texto. Con estilo ágil y mirada crítica, el autor analiza cómo el tebeo fue espejo y refugio de la sociedad española. Un libro lleno de nostalgia, pero también de análisis riguroso y chispa irónica. Descubre cómo nuestros héroes en tinta también luchaban sus propias batallas. Todos fuimos niños que dijeron: ¡yo quiero un tebeo!

De Pedro Delgado Cavilla hemos reseñado varios libros, como «¿Qué diablos vemos? El demonio en el cine» y «Venimos en son de paz. España paranormal«, lecturas interesantes repletas de sabiduría popular. Pero «¡Yo quiero un tebeo! Los tebeos desde la posguerra a la Transición» se lleva la palma. Me ha entusiasmado. Desde aquí mi felicitación al autor, que ha realizado un libro que te coge y no te deja hasta su última palabra. De esos libros que más que leerse, se paladean, se disfrutan sobremanera. Y esto es así, por la manera en que «¡Yo quiero un tebeo!» está enfocado: relatar mil y un anécdotas con y alrededor de los tebeos de siempre, los clásicos que amamos.

Desde el prólogo, el autor nos advierte: «no es un libro con pretensiones enciclopédicas«. Y eso es precisamente lo que lo hace tan especial. No hay frialdad académica aquí, ni listas interminables de fechas y datos. Lo que encontramos es algo mucho más valioso: un relato emocionado de vivencias lectoras, de tardes de infancia con un tebeo en las manos, de kioscos y salones, de personajes entrañables que ya forman parte de nuestro imaginario colectivo. Un testimonio personal que se convierte, por arte de magia, en el testimonio de todos los que alguna vez soñamos con aventuras a todo color en las páginas de un cuadernillo grapado.

El libro se estructura en 14 capítulos que son como pequeñas ventanas a distintas facetas del tebeo español, desde sus orígenes más remotos hasta esa eclosión de creatividad que, pese a estar enmarcada en tiempos difíciles, nos regaló obras inolvidables. El viaje arranca con «En Patufet» y «TBO«, verdaderos pioneros de la historieta nacional, y continúa con joyas como «Flechas y Pelayos«, testigos de la dura realidad de la posguerra. El autor no escatima contexto, pero tampoco se regodea en lo sombrío. Su mirada es clara, honesta, pero siempre afectuosa. La historia política se entrelaza con la cultural, y en ese cruce es donde se entiende el valor verdadero del tebeo como refugio, como válvula de escape, como impulso para imaginar otro mundo.

Uno de los grandes aciertos del libro es su estructura atemporal y caleidoscópica. Cada capítulo se sostiene por sí solo y a la vez forma parte de un mosaico mayor —como bien dice el propio autor: «los sueños son un retazo de un enorme mosaico«. Así, pasamos de los tebeos apaisados como el mítico «Roberto Alcázar y Pedrín» —gloriosamente desgranado en el segundo capítulo— a los épicos «El Guerrero del Antifaz» o «Capitán Trueno«, sin olvidar al siempre socarrón «Jabato«, demostrando que la épica tenía muchos acentos distintos en aquellos años.

El autor también dedica páginas emocionantes a los tebeos de corte costumbrista, con personajes como Carpanta, las familias numerosas del tebeo como la de los Cebolleta o incluso de la tele como los Telerín, y esos eternos mayordomos y criadas que reflejaban, con ironía o ternura, la sociedad del momento. Es admirable cómo se rescatan no solo los nombres grandes, sino también esos personajes y detalles que podrían parecer menores, pero que eran fundamentales en el día a día del lector.

Y no todo es blanco y negro o nostalgia idealizada. En uno de los capítulos más valientes y necesarios, el autor nos habla de los personajes negros en el tebeo español, una presencia constante, aunque a menudo desde una visión estereotipada. Aquí, el tono no decae, pero se vuelve más reflexivo. Es un recordatorio de cómo los tebeos también reflejaban —y contribuían— a una cierta mentalidad colectiva, y cómo el tiempo y la mirada crítica también tienen su lugar en esta celebración. Babalí del TBO, Babalú de Schmidt, Kokolo de Ibáñez, acompañan a otros como Carbonilla del filme de dibujos animados «Alegres Vacaciones» o Al-Kanfor Polilla del semanario «Maravillas».

Mención aparte merece el capítulo dedicado al Gran Vázquez, ese genio indomable cuya vida fue tan legendaria como sus viñetas. El retrato que hace el autor es puro cariño y admiración, una reivindicación justa de un creador que, pese a las dificultades, dejó una huella imborrable en el humor gráfico español. No nos olvidemos del capítulo dedicado a los personajes costumbristas, de Pinín a Josechu el Vasco. Hasta menciona al Supermaño de Calvo, en las páginas del Heraldo de Aragón en la actualidad.

Sí, «Mortadelo y Filemón» tienen su hueco en el capítulo dedicado a los agentes secretos. Pero no sólo a ellos, inspirados en las criaturas de la literatura, cine y televisión. Hay hueco para reseñar las «Hazañas Bélicas«, «El soldadito Pepe» y los tebeos de Toray.

El broche de oro lo pone un capítulo deliciosamente inesperado: los superhéroes ibéricos. Porque sí, antes de que Marvel y DC colonizaran nuestro imaginario, ya había aquí héroes de capa y máscara, justicieros autóctonos que patrullaban nuestras calles y nuestras fantasías. Y luego llegó Superlópez, al cual el autor dedica unas páginas

«¡Yo quiero un tebeo!» es, en definitiva, un festín para el lector apasionado, una celebración entusiasta de una era que quizás no volverá, pero que vive en el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de crecer rodeados de tebeos. Su lectura es como abrir una vieja caja de tesoros olvidados: cada página trae consigo una sonrisa, una sorpresa, una emoción. Y también una llamada: la de no dejar que todo esto caiga en el olvido. Diábolo Ediciones ha preparado una edición en cartoné con papel de alta calidad, con un contenido gráfico de quitarse el sombrero, como es habitual en los títulos de su catálogo.

Este no es un libro solo para coleccionistas o expertos. Es un libro para todo aquel que haya reído con Mortadelo, que haya soñado con salvar al mundo con Trueno, que haya compartido meriendas con Carpanta o que simplemente se haya emocionado al pasar la última página de un cuadernillo, deseando que llegara el siguiente. Un libro que, más que leerse, se vive. Y, como los grandes tebeos… se queda con nosotros para siempre.

¡Yo quiero un tebeo! Los tebeos desde la posguerra a la Transición
Autor: Pedro Delgado Cavilla
Colección: Comics y Novelas Graficas
ISBN: 978-84-19790-90-3
Formato: 17x24cm. Cartoné. Color
Páginas: 248
Precio: 27,95 euros