Recuerdo que mi abuelo me decía: “la guerra fue mala, lo que vino después fue peor, y no lo digo sólo por el hambre, que también”. Murió con 94 años, habiendo nacido en 1924. Vientos de ira nos traslada a esos años de la posguerra.
Vientos de Ira
Mayte Magdalena
Año edición: 2026
Nº de páginas: 672
ISBN: 9788410140448
Precio: 23,90 Euros
En una España desgarrada tras la Guerra Civil, el mundo tal y como había sido hasta entonces se desvanece.
Mientras Paola lucha por sacar adelante a sus hijos en un Madrid arrasado por el miedo y la represión, Manuel cruza los Pirineos en busca de libertad, pero el exilio le depara hambre y humillación. En su huida conocerá a Sonsoles y a Pablo, quienes, perseguidos por amar sin permiso, sueñan con un futuro que parece imposible. Sus vidas, marcadas por la pérdida, se entrelazan en esta magnífica novela de pasión, sacrificio y esperanza.
Vientos de ira nos sumerge en la fuerza arrolladora de hombres y mujeres que se negaron a rendirse. Es la historia de los anónimos, de quienes amaron, resistieron y sobrevivieron cuando todo estaba en contra. Una novela intensa y profundamente humana que emociona y conmueve en cada página.
Cuando una guerra termina hasta los derrotados respiran, en la “guerra del abuelo” no fue así. Lo peor estaba por llegar para los que se fueron y, en especial, para los que se quedaron. A la natural rapiña y pillaje del bando vencedor, vino a sumarse una inquina y una ruindad sin límites que duró décadas; hoy casi secular.
La autora, Mayte Magdalena, nos sitúa en su novela, Vientos de Ira, en un país devastado por la guerra. Donde el miedo ensombrece el alma de los vencidos, incluso de los “no alineados”. Las delaciones, falsas o ciertas, estaban a la orden del día. Ya fuera por envidia, venganza o, simplemente, como mecanismo de defensa del propio denunciante. “Estar rojo”, como dice uno de los personajes infantiles del libro, es un pecado capital que en cualquier momento puede y debe ser depurado. No solo cuentan los actos propios, también lo ajenos. Ser pariente o amigo de rojos, era suficiente motivo para ser detenido, sufrir abusos, humillaciones y torturas o invitado a dar un “paseíllo” por cualquier cuneta oscura y no tan apartada.
La capital iba volviendo a una crispada normalidad cargada de represalias. Con esa tradición de clientelismo que ya había impuesto siglos atrás el Tribunal de la Inquisición, los odios viscerales que unos vecinos sentían por otros llevaban a las delaciones constantes. Y quienes no lo hacían movidos por el odio, lo hacían para evitar, a su vez, que los denunciados fueran ellos. Había que demostrar ser el más adicto al régimen, gritar los vivas a Franco con mayor fuerza, pero, sobre todo, había que borrar cualquier mancha que en el pasado más reciente pudiera tener ni siquiera un tono políticamente rojizo.
Tras la casa de Paola, cerca de arroyuelo, entre las dunas de cascotes y tierra, algunas noches se oían disparos y motores; sin embargo, nadie comentaba absolutamente nada sobre aquellas incursiones de la parca. Había cientos de encarcelados, muchos de ellos condenados a muerte, pero también eran un secreto a voces los llamados “paseíllos”, grupos de hombres y mujeres sacados de sus casas, de las camas, arrancados de sus familias, que desaparecían sin dejar rastro. Había que dejar bien limpios los cimientos sobre los que construir la nueva nación.
Pág. 138
Entre tanta ruina y miseria, malviven seres capaces de hacer cualquier cosa para que su familia sobreviva al horror circundante. Es el caso de Paola y Sonsoles, las protagonistas indiscutibles de Vientos de Ira, su fuerza, esperanza y deseos de sacar adelante a los suyos será el leitmotiv de todos sus actos. Mujeres capaces de “matar o morir” y, a la vez, generosas, empáticas y de una determinación sorprendente. En un mundo donde las causas justas y los altos ideales han dejado de tener sentido. Ahora, lucharán por un mendrugo de pan que dar a sus hijos.
En general, Vientos de Ira, me ha gustado, me he entretenido bastante con él. De esos libros que lees, disfrutas pero luego olvidas al poco tiempo. Su argumento es algo melodramático, entendible por su contexto. Perfecto para regalar a tu madre o a tu suegra. Lo mejor sus personajes femeninos, como ya he dicho, sin desdeñar a los infantiles y masculinos. En cuanto a su edición, correcta en extensión, calidad y tamaño de letra. Lo que ya no me ha gustado tanto es el diseño de la cubierta, para mi gusto demasiado convencional, de esas que pueblan los escaparates de las cadenas sin alma de las grandes librerías o los kioscos de las estaciones de tren o autobús. Además, si uno se fija bien, en la “foto” inferior de la cubierta y contracubierta, a mi juicio, los automóviles que aparecen no corresponden con los que hubiera habido en el Madrid de inicios de los años 40. Soy algo quisquilloso.
El Fregadero












Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…