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En el Libro Guinness de los Récord aún consta que «La Isla de las Cabezas Cortadas» de Renny Harlin es el mayor fracaso cinematográfico de todos los tiempos, aunque las cifras digan que otras producciones tuvieron más pérdidas o peores consecuencias para sus productores, como «La puerta del cielo» de Michael Cimino. Protagonizada por la actriz Geena Davis, que llegó al papel de la pirata Morgan Adams gracias al éxito cosechado con «Thelma & Louise«, el catastrófico fracaso de la película arrastró con ella, en su caída, a todas las mujeres de los papeles protagonistas de películas de acción que durante muchos años asustaron a los ejecutivos de los estudios de Hollywood y no apostaron por ellas. De hecho jamás lo habían hecho, y lo que sucedió con «La Isla de las Cabezas Cortadas» les permitió reafirmarse en sus convicciones de hombres heterosexuales blancos: las mujeres solo suponían menos de un tercio de los personajes en las películas.

Pero apenas cuatro años antes, en 1991, «Thelma & Louise» de Ridley Scott enseñó a toda una generación un par de lecciones importantes sobre el mundo que aún hoy siguen vigentes. Por un lado, que el cine también podía proponer historias con personajes protagonistas femeninos fuertes, interesantes, con conflictos reales, y funcionar en las taquillas de todo el mundo (recaudó 40 millones de euros solo en los EE.UU. y había costado 13 millones). Por otro, en forma de metáfora, que debemos tomar las riendas de nuestras vidas y tomar decisiones para alcanzar nuestros objetivos, sean cuales sean los obstáculos que se nos pongan por delante. Y una última muesca para los aciertos de la película: a «Thelma & Louise» le debemos el descubrimiento de uno de los mayores mito eróticos masculinos de la historia de cine, el irresistible Brad Pitt.

Protgonizada por Geena Davis, Susan Sarandon, Brad Pitt, Christopher MacDonald, Harvey Keitel y Michael Madsen, entre otros, «Thelma & Louise» nos contó la aventura de dos amigas, Thelma Dickinson y Louise Sawyer, un ama de casa casada con un cretino detestable y cansada de su vida doméstica y una camarera con poca paciencia, cuyo viaje de fin de semana se convierte en una huida de la justicia, a bordo de un emblemático Ford Thunderbird de color turquesa y a través del desierto, después de asesinar a un violador en un bar de carretera. Tras años siendo despreciadas, ignoradas y humilladas por los hombres y el heteropatriarcado, ha llegado el momento de saldar cuentas. Pero, como es habitual en el cine norteamericano, intentar huir a México nunca sale bien y se suele saldar con un final trágico.

La historia cuenta que el icónico beso que ambas protagonistas comparten en la escena final de la película, antes de lanzarse con el coche por el acantilado, no estaba previsto en el guion, sino que fue una sugerencia de Susan Sarandon. «Le dije a Ridley y a Geena: ‘Realmente me gustaría besarte’, así que eso es lo que hicimos«.

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