Hay cómics que se leen y cómics que se contemplan. «Tex. El valle del terror«, publicado en España por Laramie Ediciones, pertenece sin duda a la segunda categoría. Es una auténtica maravilla para nuestra vista, toda una epopeya visual. Aquí Magnus echó el resto. Bienvenidos al primer número de una colección que se promete morrocotuda.

Tex. El valle del terrorEn el valle del río Yuba, la sombría secta asiática de los Vengadores masacra a los dueños de los yacimientos de oro locales. Tex y Carson investigan y descubren los entresijos de una sofisticada trama de engaños y violencia.(Magnus) dedicó años de su vida a la realización del texone “El valle del Terror”. Este trabajo, exquisitamente meticuloso, vería la luz en mayo de 1996, convirtiéndose en el canto del cisne del autor, que había fallecido unos meses antes.

Hay que aplaudir que Laramie haya conseguido la licencia de este mítico personaje y comience la colección con un título de los que hacen época. «Tex. El valle del terror» no es solo una aventura del ranger más famoso del fumetto italiano, sino una obra monumental que funciona como testamento artístico de uno de los dibujantes más grandes del siglo XX. Estamos ante un volumen de 224 páginas en tapa blanda con solapas y gran tamaño que impone desde la portada y que, una vez abierto, deja claro que aquí hay algo más que un western: hay obsesión, respeto y una búsqueda casi enfermiza de la perfección.

Para entender la dimensión del proyecto conviene detenerse un momento en quién es Tex. Tex Willer nació en 1948 de la mano del guionista Gian Luigi Bonelli y el dibujante Aurelio Galleppini. Desde entonces se convirtió en un fenómeno editorial en Italia, encarnando al ranger justiciero, íntegro y resolutivo que cabalga por el Lejano Oeste junto a Kit Carson. En España su trayectoria ha sido intermitente pero persistente, con ediciones desde los años cincuenta en diferentes formatos y editoriales, convirtiéndose en un clásico de quiosco para varias generaciones. Tex es sinónimo de aventura popular, de narrativa directa y de ese blanco y negro rotundo que huele a pólvora y a polvo del desierto.

En «El valle del terror«, el guion corre a cargo de Claudio Nizzi, un nombre habitual en la casa Bonelli. La historia arranca en el valle del río Yuba, donde una misteriosa secta asiática conocida como los Vengadores está asesinando a los propietarios de explotaciones auríferas. Tex y Kit Carson se ven envueltos en una trama de intrigas, venganzas y tensiones familiares que mezcla el western clásico con un leve aroma esotérico. Nizzi construye un relato sólido, eficaz y perfectamente funcional, pero aquí —y conviene decirlo sin rodeos— el auténtico huracán es el apartado gráfico.

La razón por la que esta obra sigue siendo reverenciada décadas después es porque estamos ante un trabajo impresionante. Son 224 páginas de puro espectáculo visual donde Magnus, seudónimo de Roberto Raviola, realiza el trabajo de su vida. Partiendo de un guion firme, el autor boloñés exacerba su estilo de líneas limpias y contundentes en los personajes y lo combina con un detallismo casi barroco en escenarios y paisajes. Su entintado evoca a los grandes maestros de la ilustración en blanco y negro de finales del XIX y principios del XX, sustituyendo los tramados mecánicos por rayados y punteados manuales. Leer «El valle del terror» es como asomarse al virtuosismo de ilustradores como Joseph Clement Coll o Gustave Doré. Magnus invirtió cerca de siete años en completar la obra y no llegó a verla impresa: falleció en febrero de 1996, cuatro meses antes de su publicación. Ese virtuosismo no era gratuito, sino el reflejo de una obsesión y de un respeto casi religioso hacia Tex, a quien consideraba la culminación del fumetto revolucionario y la expresión más pura de la libertad del arte popular.

Como se cuenta en el blog «La canción de Tristán» el encargo llegó en 1989 de manos del editor Sergio Bonelli, que le dio un plazo de tres años. Magnus se retiró a su casa en Castel del Rio, en la provincia de Bolonia, y se entregó en exclusiva al proyecto. El plazo se incumplió, las presiones aumentaron y los problemas económicos hicieron mella. Aun así, continuó puliendo cada viñeta con una meticulosidad casi enfermiza. Tras su muerte, sería Giovanni Romanini, colaborador cercano que le ayudaba con el acabado de los caballos, quien remataría las últimas páginas para que el libro pudiera ver la luz.

Conviene recordar que Magnus no era un recién llegado. Nacido en Bolonia en 1939, se había hecho popular en el mundo del fumetti con series como «Alan Ford», creada junto a Luciano Secchi (Max Bunker), donde mezclaba humor y espionaje con un trazo inconfundible. También transitó el fumetto nero, el erotismo con series como «Necron» (de la que hemos dado buena cuenta en ViaNews) y la experimentación gráfica, siempre con una personalidad arrolladora. Pero con Tex quiso medirse con el mito, estar a la altura de un personaje que admiraba profundamente.

El resultado es un cómic que desborda amor por el detalle: bosques donde cada hoja parece tener volumen, rocas que casi se pueden tocar, juegos de luces y sombras que modelan el espacio sin entorpecer la lectura. Y, en medio de todo ese despliegue técnico, la narración fluye con claridad cristalina. Quizá haya lectores que prefieran el color, pero en blanco y negro esta obra alcanza una potencia casi hipnótica. Además, en las páginas finales tenemos un Cuaderno de Bocetos de Magnus que es pura gloria.

«Tex. El valle del terror» no es solo una gran aventura del Oeste. Es el testamento artístico de un autor que se dejó la piel —literalmente— en cada página. Un libro que demuestra que las obras maestras necesitan tiempo, fe y una buena dosis de locura creativa. Y que confirma que, cuando el talento se une a la devoción, el cómic puede rozar lo sublime.

Tex. El valle del terror
Autores: Claudio Nizzi y Magnus
Fecha de publicación: Enero de 2026
ISBN: 979-1399115628
Formato: 21×29.7cm. Blanco y negro
Páginas: 232
Precio: 29 euros‎