«Necrón» regresa a las librerías de la mano de la editorial tinerfeña Melusina, que ahora publica los tomos 3 al 5, y lo hace protagonizando historias más impactantes a todos los niveles: gore, sexo y aventura superlativos. la cruel científica Frieda Boher no para quieta, con tal de llevar sus malvados planes hasta el último rincón del planeta, siempre acompañada de esa especie de monstruo de Frankenstein superdotado y hambriento que es Necrón.

NecrónLa científica Frieda Boher es una necrófila. Esta lasciva emuladora del buen doctor Frankenstein crea un amante perfecto a partir de trozos de cadáveres «de primera calidad». Así, bajo su virtuoso bisturí nace el gigante Necrón, quien resulta ser un caníbal dotado de un sentimentalismo patético. De los orgasmos sísmicos a las carnicerías homéricas, la creadora de monstruos y su criatura fálica, depravadas descendientes de Mary Shelley, revisitan los escenarios y los temas de la literatura romántica. Magnus nació en Bolonia en 1939, Roberto Raviola, alias Magnus, realizó sus primeras historietas en 1958. Pero fue en 1964, tras asistir a la Academia de Bellas Artes y probar suerte en varios empleos, cuando Magnus comenzó realmente su carrera al conocer al guionista Luciano Secchi, alias Max Bunker. En 1981, la editorial Edifumetto le pidió que dibujara un nuevo personaje basado en textos de Mirka Martini, alias Ilaria Volpe. Concebido inicialmente como un cómic de porno-horror basado en los contenidos habituales de Edifumetto, Necrón pronto se transformó en una obra maestra irreductible que comprende siete volúmenes en total.

Con «Necrón«, Magnus y su cómplice en la barbarie, Ilaria Volpe, siguen desmontando con brillantez el concepto de “buen gusto” viñeta tras viñeta. Si los dos primeros tomos nos introducían a Frieda Boher —científica necrofílica de sonrisa afilada y libido voraz— y a su criatura de ultratumba, el híper-membrado Necrón, los volúmenes 3, 4 y 5 empujan el delirio todavía más lejos. Lo que comienza como un homenaje descocado al Frankenstein de Mary Shelley acaba mutando en una parodia impúdica del folletín gótico, embadurnada de sangre, lubricante y sentido del humor amoral. La criatura come carne humana, Frieda prefiere la muerta, y juntos forman una pareja que convierte el mundo en su pista de circo macabro.

Los volúmenes anteriores, como ya comentamos en nuestra anterior reseña, establecían el tono con precisión quirúrgica: necrofilia, sadismo, obediencia mediante latigazos, y una sexualidad tan desatada como grotesca. Ahora, en los tomos 3 a 5, asistimos a la internacionalización del caos. De Noruega a África, la doctora y su “frankenpollón” se embarcan en una ruta depravada que haría sonrojar al mismísimo «Holocausto Caníbal» de Ruggero Deodato. Porque si algo queda claro es que Magnus bebe tanto de los fumetti neri como del cine gore italiano más extremo, ese que entre los años setenta y ochenta ofrecía desmembramientos como quien sirve pasta: con generosidad y sin remordimientos.

El tercer tomo, con las aventuras de sugerente título «Nobleza depravada» y «Masacre en el coche cama«, abre con una postal decadente: Frieda y Necrón sobrevuelan el Atlántico en hidroavión hasta que una tormenta los obliga a aterrizar en la campiña normanda. Allí conocen a la condesa Géraldine Frontenac, amazona rica y desequilibrada, y a su caballo, Mistral, quien será el verdadero objeto de deseo de Necrón. El monstruo, tras ver su horrenda imagen reflejada en el agua —y en un momento de patetismo que haría llorar a un zombie—, decide que lo único que puede consolar su miseria existencial es… zamparse al pobre corcel. La escena del festín, un desfile de tripas, crujidos y gemidos, evoca directamente los excesos del mondo-movie italiano, con el añadido de que aquí el caballo es una especie de “novio interrumpido” más que un simple animal.

La cosa no mejora cuando Frieda es confundida con una baronesa y es invitada a una orgía aristocrática donde la máscara de la civilización cae a machetazos. NecrónMientras tanto, Necrón, arropado por las damas del castillo como si fuera un boy scout pervertido, recuerda con pesar a su destripado “chevalval”. Esta historieta tiene un aire a ese cine erótico que Jean Rollin perpetraba allá por los setenta, con «Fascination» como punta de lanza en su (no muy destacable) filmografía. El cierre del tomo, «Masacre en el coche cama«, traslada la carnicería a un tren en movimiento. Necrón, encerrado en una maleta, escapa empalmado como un periscopio y siembra el caos entre compartimentos, toallas y senadores sobornables. La mezcla de erotismo primario y humor negro funciona como un reloj de cuco perverso: grotesca, sí, pero también irresistible. Cuánto me recuerda esta historia a «Pánico en el Transiberiano«, un clásico del cine de serie B fantaterrorífico.

El cuarto tomo continúa con esta dinámica en «La ballena de acero«, donde nuestros antihéroes se ocultan en un pajar de Flandes, mientras el pueblo llora a Hans, un apuesto joven recién fallecido. Lo que para los locales es una tragedia, para Frieda y Necrón es un bufé frío. El cadáver es desenterrado, degustado y luego olvidado, porque pronto se embarcan en una aventura marítima en el “Vautour”, un navío robado con pistola en mano. En esta nueva etapa, la colección abraza por completo su estética de tebeo pulp italiano, con piratas mecánicos, cetáceos metálicos y ciudades submarinas. En la historia «Los hombres pez«, descubrimos una civilización acuática comandada por Shark, un sabio con dientes de tiburón que se cree el más malo del lugar. Pobrecillo: Frieda y Necrón lo vapulean como si fuera un figurante. Los chistes visuales se suceden, como ese Necrón oculto bajo un gallinero, su falo colgando como péndulo sobre el asombrado campesino, o las escenas en las que los hombres-pez tratan de educarlo sexualmente, lo que lleva a una concatenación de gags tan políticamente incorrectos que uno no sabe si reír o lavarse los ojos con lejía.

Magnus, en pleno dominio de su estilo, saca partido del blanco y negro como si fuera una prolongación del expresionismo alemán, aplicando sombras teatrales y anatomías imposibles. La edición de Melusina se basa directamente en la de Cornélius, con su limpieza y buen gusto tipográfico, genera un contraste deliciosamente irónico con el contenido abominable que albergan sus páginas.

NecrónY llegamos al quinto tomo, compuesto por «El rey de los Caníbales» y «Cadáveres vivientes«, donde los límites del viejo continente ya no bastan. Europa se les queda pequeña a nuestros monstruos, así que el cómic se lanza de cabeza en una fantasía colonial retorcida: África, tierra de diamantes, dictadores y nuevas víctimas. Frieda pone rumbo al Oubounda-Ourandi (nombre ficticio de resonancias zulu-absurdas) donde el general Lumimba Dada, un híbrido de Idi Amin y Bokassa, se erige como nuevo antagonista. Este líder megalómano, amante tanto de las mujeres como del canibalismo gourmet, se enfrenta a la doctora y su fiel perrito monstruoso. La sátira política se une al delirio habitual, y aunque aquí el ritmo baja un poco (más exposición, menos degüellos), el desfile de excesos continúa: minas radiactivas, mujeres cocinadas, esclavos con traje militar y una vez más, un Necrón cuya arma definitiva no es su fuerza bruta sino su erección perpetua. Y para poner la guinda al pastel… ¡Muertos vivientes! Comandados por una desnuda y decidida Frieda.

Si algo hay que agradecer a Magnus, es su habilidad para convertir lo infilmable en lectura adictiva. En la tradición de los fumetti neri, pero llevados al paroxismo por la influencia del cine giallo y los horrores tropicales de Cannibal Ferox, Necrón dinamita todos los tabúes sin perder nunca el tono lúdico. Las acciones horribles no traumatizan porque son teatrales, caricaturescas, casi operísticas. Lo monstruoso no es castigado: es celebrado.

Frieda Boher y Necrón no son héroes, ni siquiera villanos. Son una parodia hiperhormonal de todo lo que la cultura popular ha reprimido. Y si en los primeros tomos uno se acercaba a ellos con cautela, a estas alturas ya no queda otra que rendirse al gozo de esta ópera negra lubricada en sangre y humor.

Lectores sensibles, abstenerse. Pero si alguna vez te reíste con «Re-Animator» o te tapaste los ojos con «La Montaña del Dios Caníbal«, esta serie está hecha para ti. Con cada nuevo tomo, Necrón se consolida como uno de los grandes tesoros malditos del cómic europeo. La serie está compuesta por siete tomos, así que solo restan dos para terminar una colección que es oro puro. Y ojalá Melusina se anime a publicar ese tomo cero que incluye bocetos y curiosidades nunca vistas sobre esta serie.

Necrón #3, 4 y 5
Autores: Magnus e Ilaria Volpe

ISBN: 9788418403989
Formato: 15x23cm. Rústica. Blanco y negro
Páginas: 224
Precio: 17,90 euros c/u