Dolmen Editorial publica el tercer tomo de la colección de páginas dominicales del Tarzan de Burne Hogarth, y esta vez el hombre-mono afronta el comienzo de la década de los cuarenta con nuevas aventuras en ambientes hostiles lejos de su hogar, la jungla.

El África misteriosa donde vive Tarzan acaba por convertirse en autopista a la aventura de todo tipo y nivel una especie de cruce de caminos místicos e históricos, casi un mundo apartado del tiempo, donde alternan civilizaciones perdidas y razas ocultas. Burne Hogarth descubre y saca partido a la viñeta grande y espectacular, mientras las andanzas del hombre-mono desembocan inevitablemente en lo fantástico.

La colección Sin Fronteras de Dolmen Editorial ofrece un gran número de publicaciones de tiras de prensa y lo hace con el objetivo de ser la que ha conseguido la mejor calidad de impresión de estas joyas del noveno arte que siempre tendrían que estar a disposición del lector. Por tamaño y calidad de papel, los libros de «Flash Gordon» y «El Príncipe Valiente» se llevan la palma, pero el «Tarzan» de Hogarth no anda muy lejos. Podemos disfrutar de un tamaño de 32x25cm, inferior a los otros, pero perfecto para disfrutar del arte de este detallista ilustrador. Se respeta el color original de estas planchas dominicales, con todo lo que ello conlleva, como desplazamientos de color o colores que dificultan leer el texto. Con todo, en este tercer libro ha mejorado mucho el tema de impresión.
Tarzan fue creado por Edgar Rice Borroughs para la revista pulp «The All-Story» en octubre de 1912. Eran relatos que se prolongaban para crear series, que finalmente eran recopiladas en formato libro, de los que salieron veinticuatro volúmenes. Gozó de tal popularidad que, en 1918, se rodó la película «Tarzan of the Apes«, protagonizada por Elmo Lincoln y dirigida por Scott Sidney, hoy ilustres desconocidos, pero que se adelantaron en unos años al ya clásico Tarzan interpretado por Johnny Weismuller junto a la mona Chita y su compañera Jane. Enumerar los tarzanes del cine nos llevaría varias páginas y lo que nos compete es hablar de las tiras de prensa, que gozaron de una larga trayectoria arropada por el fiel público de la época y el lector coleccionista de después.
El genial artista (en todas las facetas) Harold R. Foster adaptó la primera novela de Tarzan a las tiras de prensa en el semanario británico «Tit-Bits» en 1928. Ya en 1929 se llevó a la prensa de Estados Unidos. Cuarenta años duró Tarzan en las rotativas, hasta julio de 1972, y pasó por las manos de varios autores, cogiendo el relevo de Foster Rex Maxon en 1929.
Burne Hogarth (1911-1996) labró su popularidad trabajando con este personaje cuando sustituyó a Foster de las páginas dominicales sindicadas en 1937. Allí permaneció hasta 1950, con un pequeño paréntesis durante el año 1946 (en el cual se encargó de un personaje de efímera existencia llamado Drago), que le sirvió para coger fuerzas y ocuparse además de la tira diaria de 1947 a 1948. Burne comenzó a trabajar como ilustrador para Associated Editors Syndicate en 1926. Fue unos años más tarde cuando colaboró con King Feature Syndicate realizando una serie de piratas titulada «Pieces of Eight«.
En cuanto a su estilo, se le han observado influencias del barroco y del manierismo del siglo XVI, donde primaban los escorzos, la exageración de movimientos y la anamorfosis. Como bien apunta Rafael Marín en el prólogo de este tercer tomo, Foster comentaba con sorna que lo que más le sorprendía de su sustituto era su capacidad para dibujar músculos por encima de la piel.
Si bien deslumbra visualmente este hombre-mono de Hogarth, nos encontramos con viñetas plasmadas con gran belleza y otras en las que no convence el acabado. Donde el artista da el do de pecho es en las escenas de tumultos, que de esas hay unas cuantas en estas historias. Lo que prima es la espectacularidad de las mismas, con los continuos finales impactantes, que seguramente harían engancharse al lector de la época esperando ansiosamente la continuación. Son aventuras inverosímiles, colocando a Tarzan en medio de situaciones que no resultan convincentes, más que nada por la vulnerabilidad que demuestra el personaje con esa vestimenta tan ligera y su actitud un tanto pasota. Aquí vemos ejércitos armados encabezados por tiranos, desiertos inabarcables, bellas féminas de gran personalidad, gigantes y mastodontes portados en galeras. El show debía seguir domingo a domingo y todo era válido.
Son historietas muy entretenidas, solo que, a diferencia de «El Príncipe Valiente«, a veces el texto que acompaña a la imagen (no hay bocadillos de diálogos) resulta redundante y hace que la lectura no sea tan fluida.
Otros críticos han tildado a esta obra de aburrida y con dibujos deformes. Mi opinión es que, aunque este clásico no haya llegado a nuestra época tan en forma como muchos otros, aún así es digno de atesorar debido a su espectacularidad y a su importancia en la historia del cómic.

Tarzan (1941-1943)
Guión: Edgar Rice Burroughs
Dibujo: Burne Hogarth
ISBN: 978-84-17956-33-2
Formato: 25x32cm. Tapa dura. Color.
Páginas: 112
Precio: 29,90 euros