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Los años ochenta para Disney fueron un infierno. Y es que mientras esta década fue mágica y prodigiosa para el cine, la compañía del ratón Mickey no sabía encontrar su lugar. Tras la muerte de los hermanos Walt y Roy Disney, que habían llevado las riendas de la casa durante décadas, la productora no tenía un rumbo claro y estrenaron películas sumamente extrañas, que no iban dirigidas a su habitual público familiar. Tampoco acertaban con las películas de animación, que era su negocio. No hay más que ver algunos de los títulos que estrenaron durante aquellos años: “Tod y Toby” (1981), “Tarón y el caldero mágico” (1985), “Basil, El Ratón Superdetective” (1986) y “Oliver y Su Pandilla” (1988). Solo al final, en 1989, cuando parecía que se iban de cabeza al pozo, dieron con la tecla: “La Sirenita“.

Pero, ¡ojo!, hemos mencionado una película que merece que rescatemos y reivindiquemos: “Tarón y el caldero mágico“. Un cuento clásico de princesas, héroes y magia, pero con un tono tan oscuro y terrorífico, tan poco ‘disneyniana‘, que fue un gran fracaso. De hecho fue la primera película de animación de Disney que tuvo una calificación PG (‘Parental Guide‘, pues puede no ser adecuada para niños) debido a su contenido. Y eso es la que convierte esta película, la vigesimoquinta película animada de Walt Disney Animation Studios, en algo totalmente diferente, inesperado y maravilloso.

Tarón y el caldero mágico” (“The Black Cauldron“), dirigida por Ted Berman y Richard Rich a partir de la saga literaria de “Las Crónicas de Prydain” del escritor Lloyd Alexander, cuenta la historia de Tarón, un valeroso joven de la mítica tierra de Prydain que debe impedir que el malvado Rey del Mal se apodere del Caldero Mágico, que es capaz de convocar un ejército de invencibles guerreros sobrenaturales. En su lucha contra el mal, Tarón contará con la ayuda de su maestro Dallben, la Princesa Elena, el juglar Fausto Flama, una extraña criatura llamada Gurgi, una cerdita llamada Hen Wen que tiene dotes de clarividente y un trío de brujas excéntricas llamadas Olguina, Ondina y Orvina.

Debido a su fracaso en taquilla (costó 44 millones de dólares y solamente recaudó 21 en los EE.UU.), y las malas críticas, la película no fue lanzada en formato casero VHS, a diferencia de las demás películas de animación. ¡Tardó más de diez años en llegar al formato doméstico! Y cuándo los espectadores del siglo XXI han descubierto “Tarón y el caldero mágico” se han dado cuenta que no está tan mal como nos contaron, y que atreverse a pasear por el lado oscuro, prescindir de las canciones, contar con un villano terrorífico, mostrar sangre y heridas en pantalla, jugando con elementos de “El Señor de los Anillos“, o películas de la época como “Willow” o “Legend“, es un acierto.

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