Acertar no siempre es lo mejor que le puede suceder a un artista. En un mundo donde el producto como objeto de consumo prevalece por encima de la obra como creación artística, acertar suele coincidir con vender el alma al diablo, admitir que el trabajo del creador se puede comercializar y, por lo tanto, modificar, corregir, ajustar, reproducir o transformar en función de los caprichos del mercado.

planeta_darthvader_amigosCuando Jeffrey Brown publicó su «Darth Vader e hijo«, e incluso cuando salió a la venta su segundo trabajo «Darth Vader y su princesita«, ambos publicados en castellano por Planeta Cómic, me pareció que el autor norteamericano había acertado con su propuesta, que había encontrado una idea muy original, e incluso que había algún chiste con gracia. El problema, como casi todo, es cuando uno quiere extender una idea afortunada hasta el infinito y ésta se degrada, se estropea, e incluso produce hastío. La maldita manía de exprimir la gallina de los huevos de oro, de convertir una idea afortunada en un producto de consumo masivo, ha echado por los suelos el prestigio de un artista o ha degradado obras maestras a la categoría de una hamburguesa Big Mac.

Es bueno recordar aquí otro autor, el maestro Bill Watterson, que dejó de dibujar «Calvin y Hobbes» un 31 de diciembre de 1995. Se despidió del pequeño Calvin y su inseparable tigre Hobbes sin remordimientos, debido a las profundas convicciones anti-comerciales y a su negativa en convertir su obra en producto de merchandising. En el año 1995 la fama amenazaba con devorar el personaje y a su creador, un publicista hastiado de su trabajo que encontró en el dibujo su válvula de escape, y Watterson decidió dejar el lápiz sobre la mesa para siempre. Aún hoy somos muchos quienes echamos de menos a se travieso pequeño de seis años de imaginación desbordada que hacía encuestas de popularidad a su padre, llevaba a la desesperación a su maestra Señorita Carcoma, se enfrentaba con tozudez a sus antagonistas (la canguro Rosalyn y el bruto Moe) y provocaba el vómito a su compañera de clase Susie Derkins con sus asquerosos bocadillos de sesos y mocos, y su gato de peluche Hobbes.
En su despedida Bill Watterson afirmó que la voz del artista debe estar siempre por encima de los beneficios económicos.

Hace unos meses reseñamos en esta misma página dos cómics muy originales publicados en castellano por Planeta Cómic, «Darth Vader e hijo» y «Darth Vader y su princesita«, que nos enseñaba la dificultad de conciliar la vida profesional y la vida personal en una galaxia muy, muy lejana y que no es nada fácil lidiar con las responsabilidades de un Lord Oscuro del Sith y del Lado Oscuro de la Fuerza mientras dos revoltosos gemelos requieren tu atención. Con sentido del humor, algún gag afortunado, un estilo de dibujo con aspecto de cuento infantil, pero sobretodo con una propuesta muy original, el trabajo de Jeffrey Brown nos sedujo y, en su momento, lo recomendamos con énfasis.
Poco tiempo después nos llegó «Buenas noches, Darth Vader«, donde las aptitudes paternales de Darth Vader volvían a ponerse a prueba, sobre todo cuando llegaba la hora de ir a dormir y los dos mellizos se hacían los remolones. Lamentablemente con este trabajo ya empezábamos a pensar que Jeffrey Brown había agotado la fórmula, que estaba estirando el chicle más allá de lo aconsejable, y que su humor suave y políticamente correcto, para todos los públicos, nos sabía a poco.

Galardonado como mejor obra de humor por los prestigiosos Premios Eisner del año 2013 por su primer trabajo de esta serie, Jeffrey Brown era conocido antes de zambulirse en el universo de «Star Wars» por sus cómics autobiográficos y sus novelas gráficas de humor. Pero llegó su ‘acierto’ y el autor de Chicago decidió insistir una y otra vez en una fórmula que le daba reconocimiento y, seguramente, unos ingresos demasiado jugosos a los que renunciar. Así pues, «Darth Vader y amigos» (mismo autor, misma premisa, misma editorial) consiste una vez más en una secuencia de escenas independientes donde relata, con poco texto e ilustraciones coloristas y simples, las relaciones de amistad, compañerismo y fidelidad entre personajes de la saga «Star Wars», desde los personajes más conocidos de la saga, como Yoda, R2-D2, Han Solo, Chewbacca, Luke Skywalker o Leia Organa, y algunos menos conocidos, hasta Jabba the Hut y su bufón de la corte Salacious B. Crumb, e incluso entre las criaturas que habitan en los compactadores de basura de la Estrella de la Muerte. Y entre las viñetas dedicadas a la amistad Brown vuelve a hablarnos de los problemas cotidianos de Darth Vader si hubiese tenido que ejercer de padre con Luke Skywalker y Leia Organa, esas divertidas escenas paternales con su peculiar sentido del humor que nos sedujeron en sus volúmenes precedentes y que le dieron el éxito.

Sí, «Darth Vader y amigos» («Darth Vader and Friends») sigue siendo tierno y de lectura muy rápida, tiene algunos gags brillantes, pero la idea está agotada. No, no tiene la misma gracia que sus «Darth Vader e hijo» ni «Darth Vader y su princesita» porqué el lector no se encuentra ninguna sorpresa cuando abre el libro. Una decepción, puesto que esperaba algo diferente, una reinvención, un esfuerzo por renovarse. Y es que con «Darth Vader y amigos» en realidad nos está ofreciendo el mismo producto que «Darth Vader e hijo», «Darth Vader y su princesita» y «Buenas noches, Darth Vader», un cuento infantil, con sus encantadoras ilustraciones coloreadas y redondeadas y sus textos suaves y sin malicia, dirigido a los hijos pequeños de los padres aficionados a la saga cinematográfica creada por George Lucas, puesto que muchas de las escenas contienen guiños y referencias a las películas de «Star Wars«. A seis de ellas, de hecho pues «Star Wars VII: El despertar de la Fuerza» no hace acto de presencia.

Darth Vader y amigos.
Autor: Jeffrey Brown (http://jeffreybrowncomics.blogspot.com.es/)
Título original: Vader and Friends
Colección: Cómics Star Wars
Traducción: Ignacio Bentz
ISBN: 9788416401734
Formato: 16,8×16,8cm. Cartoné. Color.
Páginas: 72
Precio: 9,95 euros