Amenábar dice hacer cine para el gran público pero de esta película lo interesante es la atmósfera asfixiante ambientada en la Minnesota profunda y las causas del miedo, no tanto el miedo en sí. Una cosa y la otra la apreciarán más quienes se fijen en cómo está hecha una película y menos quienes simplemente se dediquen a disfrutar argumentos y en ambos casos probablemente calificarán “Regresión” de gatillazo en la trayectoria del director por el simple hecho de que sus títulos anteriores eran magníficos.
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Título original: Regression.
Guión: Alejandro Amenábar.
Países: España y Canadá.
Duración: 106 min.
Género: Thriller, policiaco, terror.
Reparto: Ethan Hawke, Emma Watson, David Thewlis, Devon Bostick, David Dencik, Lothaire Bluteau.
Producción: Alejandro Amenábar, Fernando Bovaira y Christina Piovesan.
Música: Roque Baños.
Estreno en España: 2 Octubre 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.
 Yo no recomendaría la película a todo el mundo. Es lenta, avanza con pausa, con diálogos en los que ir escarbando y bajo una cargada atmósfera lluviosa o nocturna que invita varias veces a la pesadilla. Gustará más a quienes disfruten a parte de con un argumento con la ambientación que lo rodea.
¡¡¡CUIDADO!!! LA RESEÑA CONTIENE ALGÚN APUNTE QUE PUEDE SER CONSIDERADO SPOILER
Una película de Amenábar nunca va a ser una película más. Un director que nos sorprendió con “Tesis”, que nos removió inquietos en la butaca primero con “Abre los ojos” y después asustándonos con “Los otros”, que nos emocionó con “Mar adentro” y que nos invitó a explorar en la historia los gérmenes del pensamiento libre con “Ágora” nunca va a estrenar dejando indiferente. Una película de Amenábar se va a ver al cine porque se le presupone calidad y mucho interés y porque él mismo dice que las hace para el público.
Hete aquí que “Regresión” me parece la película menos asequible para ese “público” del que habla. Sus virtudes las va a disfrutar más el “otro” público, ese que visiona cientos de películas al año, que indaga en los clásicos y que investiga tras cada escena cómo está puesta la cámara o que ha querido expresar el director. Y eso yo digo que es porque lo que me ha parecido magnífico de esta película son  la atmósfera y la temática, dos aspectos que no te garantizan dos horas de entretenimiento y goce. La primera, lluviosa, asfixiante, nocturna y llena de sombras ideal para un relato policiaco como éste que linda con el terror y la segunda un estudio sobre el miedo y las redes invisibles que teje en todos nosotros ayudándose de prejuicios, intuiciones y conclusiones precipitadas.
Lo más normal es que si uno va a ver “la última de Amenábar” esperando el nivel de sus películas anteriores se lleve un buen chasco. Primero porque nada tiene que ver con nada de lo que ha filmado previamente, de hecho más parece un thriller americano por su ubicación en Minnesota y por los actores escogidos; segundo porque el giro argumental que intuimos se va a producir en algún momento, provoca cuando se produce un cambio de género que en sí mismo supone una cierta decepción porque trastoca parte de nuestras expectativas (según se mire esto es una virtud) y tercero porque, quién más quién menos, espera un crescendo final que compense un desarrollo que en sí es lento y pausado, pero nunca se produce.
Las críticas en general hablan de decepción, de la peor película de Amenábar, de “gatillazo” incluso; pero yo sigo viendo maestría tras la cámara, intención de sorprender, un hábil manejo de la puesta en escena y muchísimo talento. Puede que simplemente esta vez no nos haya querido contar un argumento al uso, ni le haya salido una película taquillera (aunque vaya primer fin de semana); pero el mensaje ha llegado (algunos resortes del miedo, quizás todos, los provocamos nosotros mismos); a mí la atmósfera me fascina (imposible otra vez no hacer referencia a “True detective” que parece haber creado un subgénero) y desde luego técnicamente la película es una delicia (no es una película de terror, pero en varios momentos las tomas y la música consiguen que te entre desasosiego, como en la escena del gato en el almacén).
Y lo que más me ha gustado de todo es que, ojito, nos puede engañar y manipular cualquiera, sobretodo si parece inocente, guapo y débil porque es muuuucho más sencillo rechazar a quien no lo es y ahondando sobre eso sobrevuela un peligro terrible porque la autosugestión no sólo actúa con nuestros miedos sino que la tenemos ahí en nuestro día a día.
Quizás la veas y te decepcione, pero está bien hecha y tiene tomate.