Me alegró mucho ver tanta gente joven en el cine viendo una comedia española como Ocho apellidos catalanes, pero creo que han estirado la idea porque económicamente funciona sin cuidar demasiado el guión. Por momentos me pareció aburrida y con poca gracia y era justo lo único que le pedía a la película, que fuera entretenida. No le pedía mucho más.

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País: España.
Género: Comedia costumbrista romántica.
Reparto: Dani Rovira (Rafa), Karra Elejalde (Koldo), Carmen Machi (Merche), Clara Lago (Amaia), Rosa María Sardá (Roser), Berto Romero (Pau), Belén Cuesta (Judit), Alfonso Sánchez (Curro), Alberto López (Joaquín)
Guión: Borja Cobeaga, Diego San José
Música: Roque Baños
Montaje: Ángel Hernández Zoido
Estreno en España: 20 Noviembre 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
Recomendada para los que se partieron con la primera y para quienes quieran estar al día con uno de los títulos con más tirón popular del cine español actual.
Me parece una gran noticia ver que un cine está repleto de chavalería con una comedia española, aunque no tanto que aplaudieran al final como si hubiera sido lo más. Digamos que me parece positivo que al cine español le vaya bien, pero que el fenómeno social no acabo de entenderlo. Comprendo que entretenga y que pueda gustar, pero ¿tanto como para aplaudir?
Ya la primera parte fue un éxito inesperado. Y lo sigue siendo, pues de hecho se estrenó en televisión hace unos días y se convirtió en la película española con más audiencia. Que me entretuvo y me lo pasé bien viéndola, pues sí; pero no creo que sea una película sobresaliente, simplemente conecta bien con lo que la gente quiere ver y de ahí su tirón.
Como hiciera con otra comedia suya que en su día también tuvo muy buena cogida del público “El otro lado de la cama”, Emilio Martínez Lázaro ha aprovechado la fórmula y ha estrenado esta segunda parte alargando el filón cómico con la excusa de una boda en Cataluña (y ojo porque puede haber tercera parte y está “a huevo” que se llame “Ocho apellidos gallegos”). A mí, más que las escenas con “chistes” o “golpes” basados en la situación catalana, que gracia me han hecho bastante poca, lo que sí me ha gustado es que haya sido una excusa para incluir en nómina a dos catalanes ilustres que me encantan, Rosa María Sarda y Berto Romero, aunque para mi gusto daban bastante más juego.
El principal problema que le veo a “Ocho apellidos catalanes” es que el guión estira sin mucho acierto la coñita del choque entre comunidades, pero sobretodo que la historia está plagada de personajes estereotipados que funcionarían mejor en un formato televisivo de gags que en una película. A parte, la trama en sí, el argumento, me parece pobre, previsible y con menos gracia, como si de pronto se les hubieran agotado las ideas y hubieran salido del paso con cuatro ocurrencias.
Salvan la función en gran medida los actores con más tablas y metraje a sus espaldas. Rosa María Sarda, Carmen Machi y Karra Elejalde, que a pesar de representar estereotipos muy marcados (cosa que a mí siempre me chirría un poco) están geniales y hacen que el interés aumente cuando entran en escena y aún cuando lo que tienen que decir no sea demasiado gracioso. En cambio el resto, en esta ocasión, no me convencen y creo que tampoco tienen mucha opción realmente porque la situación a la que se enfrentan es bastante ridícula y cuesta créerselos. ¿Alguien se cree realmente que Amaia quiera casarse con Pau? ¿No está bastante claro y desde el minuto uno que Pau con quien pega es con Judit? Quizás por eso sus interpretaciones me resultan forzadas y también los son muchos diálogos que creo que ni siquiera a ellos les hacen gracia. Veo a los actores un poco «desconectados». Duele decir esto sabiendo que firma el guión Borja Cobeaga, al que considero uno de los grandes de los últimos años, pero pienso que esta vez no ha estado inspirado.
Lo peor que te puede pasar con una comedia que además dura poco es que se te haga larga y te aburra. Pues eso es lo que me ocurrió y prometo que iba predispuesto incluso a lo contrario, con lo que la decepción es aún mayor. Reír, reír, en contadas ocasiones; sonreír alguna vez más, lo malo no es eso porque yo no mido una comedia en función de si me rió mucho o poco, lo malo es que de pronto desconecto, que los chistes me parecen forzados y terminan cansándome y que no logro que me invada esa magia que se produce cuando un argumento está bien escrito y bien resuelto, que hace que los personajes te conmuevante interesan y se van contigo a casa después del visionado.
Hecho mucho la culpa del resultado a acumular tanta situación forzada y salida de madre y tanto estereotipo a un argumento que en realidad tiene poca “chicha” y me hubiera gustado más si durara media hora menos y fuera el capítulo de una serie.
No todo es negativo claro, sus tres o cuatro gags graciosos la película los tiene (Karra aplaudiendo ante el tablao, la conversación bajo el paso de la Virgen, el primer encuentro con Roser o la escena final) y me gusta que sea tan luminosa y soleada en casi todo momento, pero por desgracia queda muy por debajo de lo que esperaba de ella.
A los que sí les guste, sobretodo si son muy jóvenes, decirles que comedias de este tipo tiene muchas el cine español, sobretodo en los últimos veinte años, que sólo consiste en rebuscar un poco para encontrarlas y que seguramente disfrutarán y reirán mucho más que con esta cuando las descubran. Dejo algunos títulos: “Amo tu cama rica” (Emilio Martínez-Lázaro, 1991), “Alegre ma non troppo”(Fernando Colomo, 1994), “Los peores años de nuestra vida” (Emilio Martínez-Lázaro, 1994), “El efecto mariposa” (Fernando Colomo, 1995), “Cha Cha Cha” (Antonio del Real 1998), “Lluvia en los zapatos” (María Ripoll, 1998), “Nada en la nevera” (Alvaro Fernández Armero, 1998), “El otro lado de la cama” (Emilio Martínez-Lázaro, 2002), “Días de fútbol” (David Serrano, 2003), “El penalti más largo del mundo” (Roberto Santiago, 2005), “Los dos lados de la cama” (Emilio Martínez-Lázaro, 2005), “Rivales” (Fernando Colomo, 2008),“Pagafantas” (Borja Cobeaga, 2009), “Bon appetit” (David Pinillos, 2010), «No controles» (Borja Cobeaga, 2010), “Que se mueran los feos” (Nacho G. Vetilla, 2010) “Primos” (Daniel Sánchez Arévalo, 2011), «3 bodas de más» (Javier Ruiz Caldera, 2013) o «Perdiendo el norte» (Nacho García velilla, 2015) y hay más.