Cuando algún título de Dib·buks me llama la atención suelo estar convencido de que tendré una más que agradable lectura, así que al ver esa maravilla de tomo de «Solos« no me pude resistir. El trabajo de  Fabien Vehlmann y Bruno Gazzotti, ha sido muy bien recibido en Francia, con más de un millón de ejemplares vendidos, y aquí también gozará de unas buenas ventas. Por calidad no será.

 

Solos
Guionista: Fabien Vehlmann
Dibujante: Bruno Gazzotti
160 págs.
cartoné
color
19,5 x 27,5 cm
978-84-15850-30-4
21 €

Un nuevo día empieza como cada mañana en Fortville, pero… nada es como antes. Los que se han despertado esta mañana deambulan por una ciudad desierta hasta descubrir que solo quedan cinco de ellos. Cinco niños: Dodji, Leila, Celia, Iván y Terry. ¿Qué ha podido pasar? ¿Dónde están sus padres y sus amigos? Abandonados a su suerte, desamparados y sin idea de qué hacer en una ciudad ayer familiar, hoy hostil. Parece que la tormenta aguarda en esta mañana de verano y descubrirán pronto que la ciudad les reserva desagradables sorpresas.

Cuando Dibbuks anunció la publicación de Solos sentí cierta curiosidad, después investigué un poco y me gustó mucho la preview que vi en la web de la editorial y me picó la curiosidad, así que cuando me llegó la copia de prensa decidí esperar un poquito antes de comenzar su lectura, la propia edición es tan bonita (y me encanta esa portada, alienta el estilo juvenil y el regalo espontáneo) que me costó bastante resistirme hasta que, finalmente, anoche ya no pude más. Había ganas de ver esa “mezcla entre el Club de los Cinco moderno y Perdidos”… y la verdad es que me cuesta no decir que la historia avanza un poco lenta, que me encanta el dibujo, que el misterio de qué ha sucedido me intriga, pero que me falta algo más de chicha, algo más de relleno para que Solos se convierta en algo aún más apasionante.

Si bien es cierto que Fabien Vehlmann comienza bien la historia, presentando a los protagonistas, no me convencen algunas cosas de las que hace después. No llegamos a ver el “rapto”, con lo que se nos pone el misterio en bandeja de plata, pero aparte de ir dejando algunas pistas (más que pistas juega con nosotros con detalles vagos) de lo que ha podido suceder, de dónde ha ido todo el mundo, no se acaba de profundizar en ello, no es hasta el último volumen cuando da la impresión de que los protagonistas comienzan a tomarse en serio el saber qué ha sido de sus seres queridos (o cualquier otra cosa, ya que como buenos niños se distraen con cierta facilidad). Lo cierto es que acabé la lectura con la impresión de que la historia avanzaba muy lentamente.

Los dos primeros “números”, La Desaparición y El Amo de los Cuchillos, son dos historias cuya acción avanza lentamente, donde vemos a Vehlmann más preocupado en definir a los personajes y el escenario que en hacer avanzar la historia, lo que puede haber motivado la decisión de publicar los tres primeros volúmenes (de ocho aparecidos hasta la fecha) en un integral (una gran decisión por los detalles económicos). Posiblemente sea la historia de El Amo de los Cuchillos la que más me ha gustado de todo este integral, pero lo que no acabo de entender es porqué, en el tercer volumen, El Clan del Tiburón, de repente el título, la esencia de la serie salta por los aires, y es que se encuentran con un “grupito” enorme de niños. De ser unos de los pocos niños, sin respuestas, pasan a ser unos pocos más dentro de una enorme comunidad… y está bien por aquello de ver cómo intentan reconstruir la sociedad (aunque con una base muy peligrosa) y sin saber los detalles más elementales de la interacción social (o sexual), pero encuentro que esta historia debería haberse contado mucho más avanzado el libro (que ninguno de los protagonistas se extrañe de que haya tantos niños en ese Parque de Atracciones y en la ciudad tan sólo 7 niños… es preocupante).

Pero dejando de lado esos detalles chocantes (seamos justos, Perdidos tenía muuuchos más cabos sueltos) lo cierto es que la lectura se hace muy amena, el tomo vuela en las manos y enseguida te encuentras pensando en cómo continuará la historia (y en si se rellenarán adecuadamente esos “huecos argumentales”).

Además tenemos a un Bruno Gazzotti muy competente, que refleja, con estilo juvenil, un mundo donde los niños son los nuevos reyes, a la vez que también son presas. Me gusta, especialmente, que sepa reflejar las diferencias de edades y géneros, algo que otros dibujantes de otros países… pero la verdad es que pocas pegas se le pueden poner a un dibujo tan exquisito, dotado de un gran realismo y expresividad, y eso sin abandonar el estilo juvenil. Un dibujo en el que hay gran cantidad de viñetas emotivas en las que Gazzotti se nos muestra como un gran narrador, y nada perezoso, algunas páginas son muy muy detalladas.

En definitiva, si me pongo pejigoso me tengo que quejar de los agujeros argumentales que creo haber encontrado, pero si acepto jugar al juego que nos proponen Vehlmann y Gazzotti pues reconozco que he disfrutado muchísimo y que estoy deseando leer su continuación.