La mayoría de los arqueólogos coinciden en señalar que, entre las asignaturas pendientes de los buscadores de mitos más relevantes, se encuentra la ubicación de la tumba de Alejandro Magno de Macedonia, que falleció en Babilonia a los 32 años de edad pero que nunca se supo donde enterraron sus restos para el descanso eterno. El escritor italiano Valerio Massimo Manfredi se atreve a elucubrar una teoría sobre el lugar de la tumba. 

 

image1La historia de la tumba de Alejandro Magno es la de una gran aventura. Su relato verdadero es difícil de desentrañar de las numerosas leyendas, datos incógnitos y la multitud de contradicciones que lo circundan.
Tras la expansión del cristianismo el sepulcro de Alejandro, ubicado en la ciudad que lleva su nombre y convertido en centro de peregrinación durante siete siglos, cayó en el olvido. Tanto por catástrofes naturales como por conflictos bélicos, se borró el rastro de la situación de los restos del mítico conquistador macedonio. El interés por hallarlos apareció con el renacimiento de la fascinación por el mundo Antiguo y la arqueología que surgió durante la campaña egipcia de Napoleón. Desde arqueólogos renombrados hasta aventureros y cazatesoros, han sido muchos los que se han obsesionado con hallar el paradero de la tumba del héroe más grande de todos los tiempos.
En su célebre trilogía «Alexandros», Valerio Massimo Manfredi retrató al hombre y narró la vida del rey de Macedonia que cambió por completo la faz del mundo conocido. En La tumba de Alejandro, el autor fusiona sus conocimientos como arqueólogo con su talento para la novela, para arrastrar al lector al corazón del enigma.

El escritor italiano Valerio Massimo Manfredi (Piumazzo di Castelfranco Emilia, Módena, 1943) se dio a conocer al gran público con su trilogía «Alexandros», un bestseller de lectura fácil y amena donde narraba la vida y las hazañas del héroe más grande y más poderoso de la Antigüedad, Alejandro Magno. Los tres volúmenes de la serie («El hijo del sueño», «Las arenas de Amón» y «El confín del mundo», del año 1998) finalizaban con la prematura muerte de Alejandro III de Macedonia en Babilonia y sus funerales en la ciudad de Alejandría, en las costas egipcias del Mediterráneo.
Doce años después Manfredi regresa al personaje histórico para desentrañar uno de los grandes enigmas de la arqueología: la ubicación de la tumba y de los restos de Alejandro Magno. Inicialmente ubicada en la ciudad que lleva su nombre, y venerada con fervor popular durante siete siglos, desapareció misteriosamente en el siglo IV. Siglos después, cuando la ciudad fue dominada por los musulmanes y durante un par de siglos la tradición popular situó la sepultura en diversos lugares de Alejandría, pero ninguno confirmado y definitivo. El mito ya estaba establecido, y el paradero de los restos del gran guerrero se convirtió en objeto de la búsqueda entusiasta de arqueólogos, estudiosos,… y también aventureros, aficionados, visionarios, fanáticos, saqueadores de tumbas y buscadores de tesoros.
La ubicación de los restos de Alejandro Magno es uno de los grandes retos de la arqueología, un descubrimiento que emularía al de la tumba de Tutankamón, hallada por el británico Howard Carter en 1922 y convertido en paradigma del descubrimiento arqueológico. Algunos arqueólogos son muy reticentes a enumerar los retos de su profesión, molestos ante la imagen frívola y superflua que de ellos creó las películas de Indiana Jones, pero otros no dudan en señalar algunos: la Atlántida, El Dorado, el Santo Grial utilizado por Jesucristo en la Última Cena, la tumba de Gengis Khan, el pecio del HMS Sussex de la Royal Navy británica hundidos en el estrecho de Gibraltar en 1694, la tumba de Cleopatra, el Arca de la Alianza que custodió las Tablas de la Ley,… y el sepulcro de Alejandro Magno. En arqueología, lo que se sabe son lagunas en medio de océanos de ignorancia.

El autor de este «La tumba de Alejandro» es Valerio Massimo Manfredi, un artista multidisciplinar: escritor, historiador, arqueólogo, profesor universitario y periodista. Y aunque se define a sí mismo como «un topógrafo de la Antigüedad» han sido sus numerosas novelas históricas las que le han dado prestigio mundial, publicadas en cincuenta y cinco países y en treinta y seis idiomas distintos. La lista es numerosa («Los Idus de Marzo», «El ejercito perdido», «El imperio de los dragones», «La isla de los muertos», «El tirano», «Imperio», «El caballero invisible», «La última legión», «La conjura de las reinas», «Quimaira», «Akrópolis», «El confín del mundo. Aléxandros III», «Las arenas de Amón. Aléxandros II», «El faraón del desierto», «El hijo del sueño. Aléxandros I», «La torre de la soledad», «El talismán de Troya», «Las islas afortunadas», «El oráculo», «Talos de Esparta» y «Paladión»), donde destacan los más de seis millones de ejemplares vendidos de la trilogía de «Alexandros» e incluso puede presumir de un par de adaptaciones cinematográficas de su obra (la última, «La Última Legión»).

En «La tumba de Alejandro» Manfredi nos ofrece su teoría sobre la ubicación de la tumba de uno uno de los más grandes militares de la historia, gran estadista y conquistador del Imperio Persa, de Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto y Mesopotamia, y que llegó con sus ejércitos hasta los confines del mundo occidental, a las orillas del río Indo. Un inmenso imperio conquistado a sangre y fuego, y reforzado por los lazos del matrimonio con las hijas de los reyes de las tierras conquistadas. A su muerte, en Junio del año 323 a.C., quedaron inacabados sus planes de conquista de Arabia, la península Itálica y la península Ibérica. Y, ¿que sucedió con sus restos? ¿dónde fue a parar el cuerpo de Alejandro Magno tras su muerte? ¿dónde está el sarcófago que lo contenía en el trayecto desde Babilonia hasta Alejandría? ¿y la tumba del rey? Valerio Massimo Manfredi tiene respuestas para todo, y nos ofrece una reconstrucción minuciosa de uno de los misterios más fascinantes de la Antigüedad, una interesante investigación histórica en la que el autor recorre la aventura de una tumba, y el mito que se formó en torno a ella con la agilidad y el ritmo de cualquiera de sus novelas.
Respecto al cuerpo, mientras el historiador griego del siglo I a. C. Diodoro de Sicilia relataba que el cadáver del mítico macedonio fue colocado en un ataúd de oro, y que el cuerpo fue conservado en miel para su traslado hasta Alejandría pero que nunca llegó a su destino, o el historiador griego Arriano contaba que el lugar de enterramiento de Alejandro debía haber sido Vergina, en Macedonia, donde descansaban los restos de todos sus antepasados, Manfredi plantea en «La tumba de Alejandro» otras hipótesis diferentes, como que la momia de Alejandro fue destruida con la llegada del cristianismo a Alejandría, durante el turbulento ascenso de la nueva religión monoteísta y cuando se asesinó a Hipatia. Probablemente arrojada a los perros por un pagano. Y sobre el sarcófago coincide con la teoría de Estrabón, que escribió que Ptolomeo XII hizo fundir el ataúd original de oro y recolocó a Alejandro en uno de alabastro, que se utilizó a su vez para construir a la tumba.
¿Y la tumba? Hay quien afirma que la tumba de Alejandro se encontraba en el oasis de Siwa, donde el oráculo le confirmó a Alejandro Magno que era un ser divino y el legítimo faraón de Egipto. Otros plantean que Ptolomeo dejó su cuerpo en una tumba de Menfis e incluso hay quien asegura que el cuerpo de Alejandro fue llevado a Venecia y que se encuentra en la basílica de San Marcos. Tras el repaso a los datos, fuentes antiguas y las referencias históricas, se atreve a teorificar una posible ubicación del sepulcro en el cementerio latino de Alejandría. Una estructura de bloques monolíticos gigantes de alabastro, que salió a la luz a comienzos del siglo XX, se correspondería con la de una tumba macedónica similar a la de Filipo II, padre de Alejandro, en la antigua necrópolis macedonia de Vergina descubierta por Manolis Andronikos en 1977. Manfredi cree que se trata de la estructura central de una tumba macedónica.»¿Para quién sino para Alejandro iba a ser la única tumba macedónica que hemos encontrado en Alejandría?», apunta Manfredi. Con el ascenso del cristianismo, las catástrofes naturales y los conflictos bélicos en un territorio en constante disputa entre naciones del Mediterraneo, el sepulcro y los restos se desvanecieron. se borró el rastro de los restos del mítico conquistador macedonio y el sepulcro del rey quedó cubierto por el polvo del olvido.
Cribadas las leyendas y los rumores, Manfredi ha seguido su propia senda hacia la verdad. Hacia su verdad, puesto que no hay una garantía ni una seguridad absoluta sobre la certeza de sus conclusiones. «En un ensayo como este hay que ofrecer una hipótesis bien fundada, no tenemos razón para dudar, aunque no es seguro al 100 %. En favor de la teoría está el que no se haya podido encontrar nunca ningún otro resto compatible con lo que podría ser la tumba de Alejandro» argumenta Manfredi.
Manfredi recorre las causas y las enigmáticas circunstancias que rodearon la muerte de Alejandro, la historia de la tumba, su desaparición y también los múltiples intentos de localizarla y aprovecha el relato para dar una visión del contexto histórico de la época y una detallada descripción de la ciudad de Alejandría pre-ptolomáica, así como la fiebre de la egiptología que se inició durante el siglo XIX o las brillantes personalidades que emprendieron la búsqueda de la tumba mítica. Todo narrado con pasión, pero con objetividad. No necesita mucho más pues, como él mismo afirma, la arqueología es la más fascinante novela que pueda existir.

La tumba de Alejandro.
Autor: Valerio Massimo Manfredi
Editorial: Grijalbo
Traducción: José Ramón Monreal Salvador
Colección: Novela Histórica
ISBN: 978-84-253-4544-9
Formato: 15x23cm. Tapa dura con sobrecubierta.
Páginas: 224
Precio: 18,90 euros