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Estoy seguro que no soy el único que le ve a Santiago Segura muchísimas posibilidades como director y guionista. Le avalan éxito tras éxito en taquilla (conecta bien con lo que quiere ver el público) y su capacidad para cambiar de registro (el humor gamberro y  chabacano de Torrente nada tiene que ver con esta película y la anterior que son familiares y todos los públicos). El gran defecto que le veo es que le gusta demasiado repetirse (seguramente diría «hay que comer amiguete» y en eso le doy la razón). El caso es que estoy convencido que está capacitado para mucho más, lo he dicho siempre y lo seguiré manteniendo hasta que haga un peliculón o hasta que el tiempo y sus películas me quiten la razón, aunque prefiero que no sea así. La continuación de la acertada y divertida «Padre no hay más que uno» no sobra para quien quiera pasar un rato desenfadado echando cuatro risas o para una familia que quiera ver una película entretenida sin prescindir de ninguno de sus componentes, pero acierta sólo a ratos y es un poco más de lo mismo. Cuestión de gustos, a mí me gana más cuando la comicidad surge natural de diálogos y equívocos, que cuando exagera situaciones acercándose al cartoon pero con personajes reales. Al final se le perdona todo porque seamos sinceros ¿cuántas películas y cuántos directores se esfuerzan y logran en estos momentos tan difíciles hacernos, como mínimo, sonreír?