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Comedia costumbrista de humor «blanco», simpático y un puntín irónico sin otro propósito que hacer pasar un rato desenfadado a toda la familia y ¡ojo! que esto que en tiempos era habitual en el cine español empieza a ser rara avis. Pienso no sólo que este tipo de comedia hace mucha falta sino que es digna, cumple con lo que te esperas y te permite precisamente eso, verla con desenfado y una sonrisa permanente e incluso con cierta complicidad, que también tiene sus guiños cargados de intención. Lo que sí apuntaría en el debe del Santiago Segura director es que creo que lo puede hacer mejor, pero va en camino y logrará tarde o temprano un buen pelotazo, no al estilo irreverente de Torrente, sino con una comedia con la que ganará premios. De momento muy bueno eso de retratar el presente (no puede estar más de actualidad eso de que el padre  y marido asuma también labores en casa y con los hijos dándose de bruces con la realidad), que es algo que termina siendo el mejor ingrediente para que una película sea interesante pasados los años. Sigue así amiguete, cualquier día lo vas a petar y no sólo en la taquilla, que ya lo haces.