Llega de la mano de Editorial Melusina el primer tomo, de tres, titulado «Los profesionales del mal: Moluscotombe y cesárea prohibida«, una acumulación de ideas absurdas y descacharrantes que demuestran que el universo de Pierre la Police, el autor parisino, es de todo menos convencional.
Los protagonistas del primer volumen son los hermanos gemelos mutantes e investigadores de los fenómenos paranormales Cris y Feliciano Temístocles y el inenarrable Fongor. Cuando un tsunami devasta las islas Molucas, una horda de bichos prehistóricos gigantes emerge para matar a los lugareños. Con la ayuda de Fongor, los gemelos se ponen rápidamente manos a la obra para investigar quién está detrás de este desastre. Sin embargo, se distraen constantemente con los viajes de Feliciano a la época de los dinosaurios, el deseo de Cris de someterse a una operación de alargamiento de pene y la pasión de Fongor por los helados de sabores peculiares.
Hay cómics que cuentan una historia y hay cómics que parecen haber sido creados después de una noche de insomnio, tres cafés demasiado cargados y una enciclopedia abierta por páginas al azar. «Los profesionales del mal: Moluscotombe y cesárea prohibida«, del artista plástico y autor de cómic Pierre la Police, pertenece claramente a la segunda categoría. Este volumen recupera las primeras aventuras de Fongor Fonzym y los hermanos Temístocles, un trío imposible que investiga fenómenos extraños mientras el mundo a su alrededor se convierte en un festival de absurdo cuidadosamente calculado.
La premisa, si es que realmente importa, gira en torno a una serie de acontecimientos sobrenaturales: una ola gigantesca, un misterioso cuadrilátero metálico flotando en el cielo y criaturas asesinas que emergen del mar. Pero resumir el argumento de este cómic es casi una trampa, porque la gracia no está en saber qué ocurre sino en no tener ni idea de qué demonios va a pasar en la siguiente viñeta. Cada página parece diseñada para romper cualquier expectativa narrativa, con un ritmo imprevisible que mezcla ciencia ficción delirante, humor surrealista y un gusto muy particular por los detalles absurdos.
En el centro de este caos están sus protagonistas. Fongor es una especie de criatura inclasificable que podría describirse como uno de los mutantes del Planeta de los Simios. Su cabeza está cubierta por una pigmentación extraña y el resto tampoco es algo que se vea a todas horas. Es un personaje tan ridículo como fascinante, uno de esos diseños que parecen nacidos directamente de un cuaderno lleno de ideas imposibles y que, sin embargo, funcionan a la perfección dentro de este universo.
Luego están los hermanos Temístocles, Cris y Feliciano, probablemente uno de los dúos más extraños que han pasado por una historieta. Son unos gemelos con un rostro mezcla entre Dean Martin y Elvis Presley, regordetes, letales y sorprendentemente resistentes: pueden soportar terremotos sin despeinarse. Ejemplo: Cris cada vez que bebe orujo, le sienta fatal y se convierte en una especie de Hulk amarillo. Feliciano habla con espíritus y viaja a la prehistoria. Todo esto se presenta con una naturalidad desarmante, como si fuera lo más lógico del mundo, y ahí reside buena parte del humor del cómic. No se trata de chistes tradicionales, sino de una acumulación constante de ideas absurdas que acaban generando una lógica propia.
El origen de estas historias también ayuda a entender su tono. Publicadas originalmente como un serial semanal en la revista «Les Inrockuptibles» durante los años noventa, las aventuras de Fongor y los hermanos Temístocles fueron conquistando lectores mucho más allá del público habitual del cómic. El formato episódico se nota en su ritmo: cada página funciona casi como un pequeño experimento narrativo, una cadena de situaciones inesperadas donde cualquier cosa puede ocurrir. Hay algo de espíritu pulp, algo de parodia de la ciencia ficción clásica y también un eco muy claro del surrealismo más juguetón.
Visualmente, el cómic refuerza esa sensación de caos controlado. El dibujo tiene un aire deliberadamente ingenuo, casi infantil en apariencia, pero lleno de pequeños detalles que amplifican el humor. Los fondos esconden elementos ridículos, las expresiones de los personajes parecen congeladas en una mezcla de sorpresa y desconcierto, y las situaciones se encadenan con una lógica tan absurda que termina resultando hipnótica. Es uno de esos casos en los que el estilo gráfico no busca impresionar por virtuosismo, sino por personalidad.
Leer «Los profesionales del mal: Moluscotombe y cesárea prohibida» es aceptar que la lógica tradicional queda suspendida durante unas páginas. Aquí lo importante no es la coherencia, sino el placer de descubrir qué nueva locura aparecerá en la siguiente viñeta: un buffet con helado de pelícano, patatas con sabor a «conducir un coche» o instrucciones educadas que piden no correr junto a la comida. Ese tipo de detalles, aparentemente insignificantes, son los que terminan provocando la risa.
«Los profesionales del mal: Moluscotombe y cesárea prohibida» nos viene en una manejable edición en tapa blanda con solapas a tamaño A5 con una calidad de papel excelsa. Traduce del francés Carlos Gual. Como hizo con la alucinante «Necrón«, Editorial Melusina compone su catálogo con hsitorietas de gran calidad.
En un panorama donde muchas historias buscan ser cada vez más épicas o más oscuras, este cómic apuesta por algo mucho más raro: el nonsense absoluto. Y lo mejor es que funciona. Puede que al principio desconcierte, pero una vez que entras en su lógica delirante, el viaje se convierte en una experiencia tan extraña como divertida. Porque al final, el mayor encanto de estas aventuras es precisamente ese vértigo constante de no saber nunca qué demonios va a pasar después. ¡Necesito ver los siguientes tomos!
Los profesionales del mal: Moluscotombe y cesárea prohibida
Autor: Pierre la Police
Fecha de publicación: Febrero de 2026
ISBN: 978-8410414150
Formato: 21×15cm. Rústica
Páginas: 168
Precio: 19,90 euros











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja