Nueva saga de fantasía que ha pasado un poco desapercibida y que, sin embargo, tiene los mimbres suficientes como para que merezca la pena hablar sobre ella y recomendarla. “Los Señores de las Runas” de David Farland es la primera entrega de la saga del mismo nombre, y no pinta nada mal. 

"Los Señores de las Runas" (David Farland, La Factoría de Ideas)Los Señores de las Runas 
David Farland   
La Factoría de Ideas / Solaris Fantasía
ISBN: 9788498004250 
512 páginas 
Rústica con solapas 
25.75 €

En un mundo de hechiceros y guardianes de la Tierra, de reyes y caballeros ecuánimes, donde brilla el filo de las espadas y abunda la crueldad, de hombres y mujeres que obedecen a sus señores y mueren por ellos, el joven príncipe Gaborn Val Orden de Mystarria, señor de las runas dotado de la percepción y fuerza recibidas de sus vasallos, viaja para pedir la mano de Iome de Sylvarresta junto con su escudero, cuando descubren a una pareja de asesinos que piensan atacar al padre de la princesa.

Corren a avisar al rey y descubren que no solo la familia real está en peligro. Todos los humanos lo están, y para salvarlos, Gaborn deberá aprender a usar sus recién adquiridos poderes.

Lo primero que debería decir sobre este libro es que me encanta la originalidad con la que se trata el tema de la magia y de la nobleza en esta saga. No distingo entre ambos porque aquí los nobles adquieren dones físicos de sus vasallos, de forma que los nobles pueden recibir resistencia, metabolismo, inteligencia, vista, oído, etc, de sus vasallos (o enemigos derrotados) de manera que incrementen sus propios “poderes”. Eso sí, este original sistema de diferenciación entre castas tiene sus contramedidas, envejecer más rápido, exceso de velocidad, etc, y muestra debilidades, puesto que los nobles deben proteger a sus donantes so pena de perder sus poderes en los momentos más inoportunos. Lo que hace que asesinar a los consagrados (aquellos que dan sus poderes a otros) sea una táctica habitual en estos lares.

En cuanto a la magia en sí, es una magia de los elementos, lo que me encanta porque delimita algo más lo que pueden hacer unos y otros, de momento tan sólo se ha visto la magia del fuego, la de la tierra y un poco la del agua, pero me parece muy original e interesante. Habrá que ver qué más descubrimos sobre la magia elemental en el siguiente libro.

Naturalmente existe una historia de la que podríamos hablar, de cómo Farland nos muestra a Raj Ahten, un gran enemigo, pero deja ya caer que este es el conflicto menor, que tiene otra “cosilla” por ahí preparada y que, además, la lucha entre los elementos es la base de toda la historia… Vamos, que tiene ideas para que la saga dure bastante más y, después del bueno gusto que me ha dejado Los Señores de las Runas, tengo bastantes ganas de leer La Hermandad del Lobo (título ya publicado por La Factoría). Hay algún aspectillo que pulir en cuanto a la narración, pero hacia el final del libro el autor ya se ha hecho con los personajes y he disfrutado mucho con la lectura, sobre todo el ritmo ágil y por la épica presente en el libro. Sobre la parte romántica tampoco es que me vaya a extender mucho, está más o menos bien llevada y le sienta bien al argumento.

Así que, bueno, dentro de poco leeré La Hermandad del Lobo y espero que esta buena opinión se mantenga. No es que estemos ante una grandísima saga de fantasía al nivel de las más grandes, pero sí ante un libro muy entretenido, que se deja leer y que juega con los argumentos típicos de la fantasía y los retuerce a su favor.