Panini Cómics lanza un nuevo tomo de su línea Marvel Héroes, «Los 4 Fantásticos: El sueño ha muerto«. Contiene el final de la etapa de Steve Englehart, una de las más extrañas, polémicas y melodramáticas del equipo, situada a finales de los años ochenta, cuando trató de empujar a la Primera Familia Marvel hacia terrenos bastante diferentes a los habituales.
Concluye la controvertida etapa de Steve Englehart en la serie de La Primera Familia. Los 4 Fantásticos se enfrentan a Gravitón, Kang y Los Cuatro Terribles y muchos más, hasta una sorprendente aventura en el reino de los sueños, donde los mayores enemigos del equipo… ¡son ellos mismos! Además, el Doctor Muerte trata de liberar el alma de su madre de las garras de Mefisto, con el Doctor Extraño a su lado.
Los Cuatro Fantásticos siempre han sido una colección peculiar dentro de Marvel. Más que un grupo de superhéroes al uso, funcionan como una familia disfuncional que intenta salvar el mundo mientras lidia con romances imposibles, egos gigantescos y discusiones domésticas casi tan explosivas como cualquier batalla cósmica. El nuevo título de Marvel Héroes «Los 4 Fantásticos: El sueño ha muerto» recupera precisamente una de las etapas más extrañas, polémicas y melodramáticas del equipo, situada a finales de los años ochenta, cuando Steve Englehart trató de empujar a la Primera Familia Marvel hacia terrenos bastante diferentes a los habituales. El resultado es un tomo bastante extraño, caótico y tremendamente entretenido, incluso cuando tropieza con algunas ideas que hoy envejecen de manera irregular.
La edición recopila «Fantastic Four #321-333«, el «Annual #22» y además añade la novela gráfica «Doctor Extraño y Doctor Muerte: Triunfo y Tormento», un clásico absoluto firmado por Roger Stern y Mike Mignola, que no sé si pinta mucho aquí, pero es lo mejor del tomo (en la EPIC americano venía también). Solo por cantidad de material ya estamos ante uno de esos volúmenes pensados para gastar un buen rato entre páginas llenas de héroes, villanos y subtramas imposibles. Y sí, se nota muchísimo que pertenece a otra época del cómic superheroico: diálogos exagerados, personajes que convierten cada conversación en un drama sentimental y una sensación constante de que cualquier problema personal puede acabar derivando en una invasión interdimensional.
Lo interesante de esta etapa es que los Cuatro Fantásticos no están exactamente en su versión más reconocible. Reed Richards y Sue Storm pasan parte de la historia apartados del grupo, dejando a Ben Grimm como líder improvisado junto a Johnny Storm, Crystal (que en este tramo final de etapa solo la vemos en una historia hacia el final) y Sharon Ventura, la nueva Ms. Marvel. Esto altera por completo la dinámica clásica del equipo y obliga a los personajes a moverse en un terreno algo diferente a lo visto en etapas más clásicas del grupo. Steve Englehart parecía decidido a demostrar que la serie podía sobrevivir sin depender siempre de la fórmula tradicional, y aunque el experimento no siempre funciona, al menos tiene personalidad.
La gran protagonista del tomo termina siendo Sharon Ventura. Su transformación en una especie de versión femenina de La Cosa genera buena parte de los conflictos internos del grupo. Sharon acepta su nuevo aspecto pétreo con una naturalidad que incluso desconcierta a Ben Grimm, y esa idea resulta bastante interesante porque invierte el drama clásico del personaje original. Mientras Ben ha pasado décadas lamentando su condición, Sharon parece encontrar en ella una forma de reafirmarse. El problema es que Englehart lleva constantemente al personaje al exceso melodramático. Hay momentos en los que funciona muy bien, sobre todo cuando se explora su frustración o su relación sentimental con Ben, pero otras veces parece que cada discusión termina convertida en una telenovela superheroica.
Y quizá ahí esté precisamente el encanto de esta etapa. «El sueño ha muerto» abraza por completo el tono de culebrón cósmico. Johnny Storm manteniendo una relación con Alicia Masters —el gran amor de Ben Grimm— sigue siendo uno de esos giros que todavía hoy generan división entre los lectores. A veces parece una provocación directa al fandom clásico de la serie, y otras funciona como una forma de demostrar que los personajes realmente pueden cambiar y cometer errores incómodos. Lo cierto es que el cómic nunca busca la comodidad. Todo el rato da la sensación de que los personajes están al borde de romperse entre sí.
Por supuesto, también hay espacio para la parte más puramente superheroica. Y aquí el tomo va sobrado. Desfilan Gravitón (heredado de Vengadores Costa Oeste), Kang, Ultrón, el Hombre Topo, el Doctor Muerte, los Cuatro Terribles y hasta cruces con Inferno y Atlantis Attacks en el anual guionizado por Roy Thomas. Es una sucesión constante de amenazas imposibles que refleja muy bien cómo funcionaba Marvel en los años ochenta: cada colección parecía conectada con otras veinte al mismo tiempo. Leído hoy puede resultar algo agotador, especialmente para quien prefiera historias más contenidas, pero también tiene un encanto muy particular. Da la sensación de estar leyendo un universo superheroico realmente vivo, donde cualquier personaje podía aparecer de repente para complicar todavía más la situación.
Narrativamente el tomo es irregular, eso sí. Hay arcos argumentales que parecen arrancar con fuerza y luego se diluyen de manera extraña, seguramente por los problemas editoriales que rodearon esta etapa. De hecho, buena parte de los lectores consideran esta recta final de su paso por la serie una obra marcada por las tensiones con Marvel. Y se nota. Algunas decisiones parecen respuestas directas a imposiciones editoriales, especialmente todo lo relacionado con el regreso progresivo al statu quo clásico del grupo. Las historias finales funcionan a modo de What If o lo que habría pasado si Steve Englehart no hubiese sufrido injerencias editoriales. Vemos puyas constantes y situaciones rocambolescas, culminando con la aparición del propio escritor junto a su familia (Morrison, chúpate esa).
Aun así, incluso en sus momentos más caóticos, la lectura tiene algo fascinante. Englehart intenta constantemente introducir ideas nuevas, aunque no siempre las remate bien. Hay conceptos delirantes —como los dobles malignos de los personajes o las manipulaciones oníricas de Aron el Vigilante— que bordean el absurdo total, pero precisamente por eso terminan resultando memorables. Este no es un cómic tímido. Cada número intenta meter más personajes, más drama y más amenazas que el anterior.
En el apartado gráfico también se aprecia esa sensación de transición propia de finales de los ochenta. Por aquí pasan artistas como Ron Lim, Keith Pollard, Rich Buckler o un joven Mark Bagley, dejando un volumen visualmente variado. Hay páginas cargadísimas de personajes, energía kirbyana y expresiones exageradas que encajan perfectamente con el tono operístico de la serie. No todos los estilos funcionan igual de bien, pero el conjunto mantiene siempre una identidad muy superheroica y clásica. Además, resulta curioso ver a algunos autores antes de convertirse en nombres gigantes de la industria. Cabe destacar las portadas de estilo clasicote, algunas realizadas por Ron Frenz.
Y luego está «Triunfo y Tormento«, que prácticamente juega en otra liga. La novela gráfica de Doctor Extraño y Doctor Muerte es una maravilla absoluta que eleva el nivel del tomo entero. Mike Mignola despliega aquí un apartado visual espectacular, oscuro y gótico, anticipando muchas de las ideas visuales que después explotaría en Hellboy. La historia, centrada en el intento de Victor Von Muerte por rescatar el alma de su madre del infierno de Mefisto, mezcla aventura sobrenatural con una mirada sorprendentemente humana hacia el personaje. Aunque apenas tenga relación con los Cuatro Fantásticos, termina siendo uno de los grandes atractivos de la edición.
El tomo se presenta dentro de la línea Marvel Héroes: tapa dura y un papel peculiar. Continúa del tomo anterior, «Todo queda en familia«. No veíamos estas historias desde los tiempos de Forum. La continuación en la que embarca Simonson, está publicada en Panini Cómics, hace ya mucho tiempo. Supongo que sacarán una nueva edición. Una introducción de Pedro Monje nos pone sobre la pista de todo lo que rodeó a la construcción de estas historias, que no fue moco de pavo. El tomo se completa con algún material extra (portadas y gráficos sobre la Torre de las 4 Libertades) que hacen que, posiblemente, esta sea la edición definitiva de esta etapa tan raruna.
«Los 4 Fantásticos: El sueño ha muerto» no es una etapa perfecta ni mucho menos. Tiene diálogos envejecidos, decisiones cuestionables y un tono excesivamente melodramático incluso para estándares superheroicos. Pero precisamente por eso resulta tan interesante revisitarla hoy. Representa una época en la que Marvel todavía permitía que sus series fueran imprevisibles, extrañas y hasta incómodas. Es un cómic desordenado, enorme y a veces ridículo, pero también tremendamente honesto en su intento de romper la rutina de la franquicia. Puede que no sea la versión definitiva de los Cuatro Fantásticos, pero desde luego sí es una de las más peculiares y humanas.
Los 4 Fantásticos: El sueño ha muerto
Autores: Keith Pollard, Peter Sanderson, Rick Buckler, Mike Mignola, Roy Thomas, Steve Englehart, Ron Lim, Tom Morgan, Gregory Wright, Hilary Barta, Mark Bagley, Mark Gruenwald, Roger Stern
Fecha de publicación: Marzo de 2026
Edición original: Fantastic Four 321-333, Annual 22 y Marvel Graphic Novel: Doctor Strange and Doctor Doom – Triumph and Torment
ISBN: 9791370135416
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 464
Precio: 49,95 euros











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal