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No soporto a Luc Besson, un director egocéntrico y sobrevalorado que solo ha hecho dos buenas películas en toda su carrera: «El gran azul» y «León«. La segunda de ellas, que en una de esas extrañas jugadas de los distribuidores de nuestro país se tituló aquí «El Profesional (León)«, se convertiría en un clásico de culto al instante y no puedo negar que me sedujo desde el primer visionado. Escrita y dirigida por el enfant terrible francés Luc Besson, en uno de sus primeros proyectos, cuándo aún tenía talento y energías, el reparto de «León» contaba con actores de gran renombre nacional (Francia) e internacional como Jean Reno, Gary Oldman, Danny Aiello o una jovencísima y prometedora Natalie Portman que debutaba aquí, para contarnos como la vida de un asesino profesional, solitario e implacable, una inconmovible máquina de matar, se pone a prueba inesperadamente cuando conoce a la joven Mathilde, cuyos padres y hermano han sido asesinados. Harán un pacto: ella se encargará de las tareas domésticas y le enseñará a leer y él, a cambio, le enseñará a disparar para poder vengarse de quienes mataron a su hermano.
«León» es una nueva versión de la eterna historía de la niña y el monstruo, del alma ingenua, virginal y pura que depura el corazón podrido de la bestia, aunque cuando León acoge a Mathilde ella lo que busca es la venganza contra los que mataron a su familia, mientras que el asesino busca en ella la redención y el perdón de sus pecados.
Violenta y provocadora (ese peliagudo tratamiento de la pedofilia provocó algun corte en el metraje final…), sangrienta y cruel, rodada con angulos y encuadres algo forzados, «León» significó la cima de la filmografia irregular Luc Besson. Ya nunca volvió a hacer algo tan bueno con una cámara, pero al triplicar en taquilla su presupuesto se le abrió la puerta de Hollywood para convertirlo en el director francés más norteamericano, el Michael Bay de Paris.

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