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Aunque se suele señalar a «El Señor de los Anillos» de J.R.R. Tolkien como la primera novela de fantasía épica moderna, la realidad es que otros autores llevaban años explorando este género mucho antes que el maestro inglés. Quizás no había Tierra Media, ni elfos, enanos, orcos o dragones que Tolkien convirtió en elementos indispensables de la literatura fantástica moderna, pero eran obras que encajaban perfectamente en el concepto de «fantasía». De hecho fue J.R.R. Tolkien quién popularizó y dió el empujón definitivo al género fantástico, pero no hay que olvidar que antes ya anduvieron por este sendero autores como Erik Rucker Éddison, James Blanch Cabell, Mary Shelley, Edward Bellamy, H. Rider Haggard o Lord Dunsany.

Ahí está, por ejemplo, el primero de la lista, el escritor británico Erik Rucker Éddison (1892-1945) y su obra más destacada, «La Serpiente de Uróboros» («The Worm Ouroboros«), de 1922. Era su opera prima, publicada en una corta tirada para bibliófilos, pero que en poco tiempo se convirtió en una obra de culto y aún hoy se la señala como una referencia y un antecedente de J.R.R. Tolkien.

La novela nos traslada a un mundo imaginario, Mercurio, donde dos grandes potencias, Brujolandia y Demonlandia, se preparan para una guerra de reino contra reino, guerrero contra brujo y honor contra traición. Y como en cualquier novela de fantasía épica que sea merecedora de su nombre en «La Serpiente de Uróboros» hay magia y brujería, reyes, héroes y guerreros (Juss y Spitfire y Goldry Bluszco), goblins traidores (el señor Gro), un poderoso y malvado villano (el rey brujo Gorice XII) y, enmarcando todo ello, un conflicto primordial entre las fuerzas del bien y del mal, una batalla eterna simbolizada por Uróboros, la serpiente que se muerde la cola, cuyo final siempre está en el principio, y cuyo principio siempre está en el final (Jörmundgander en la mitología nórdica).

Como en el caso de la obra de Tolkien, la novela de del aristócrata inglés Erik Rucker Éddison es hija de su tiempo, una consecuencia del período entre las dos grandes contiendas bélicas mundiales que azotó Europa con violencia y dejó a los artistas con profundas heridas, tan físicas como espirituales, y una gran falta de confianza en el ser humano.

Pese a todo lo dicho, «La Serpiente de Uróboros» y «El Señor de los Anillos» tienen poco en común, aparte de su ambición narrativa, de su afiliación al género de la fantasía y de su envergadura épica. Y que ninguno de sus autores pensaba que estaba escribiendo algo trascendente, que iría más allá de la palabra impresa.

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