Las historias de piratas han seducido al lector desde siempre, con aventuras repletas de marineros indómitos y corsarios sangrientos, de saqueos y rapiña, de combates navales y rebeliones a bordo, de esclavos encadenados en las entrañas del barco y nobles prisioneros y damiselas de alta alcurnia encerrados en el camarote del capitán, de trágicos naufragios y tormentas desatadas, de velas hinchadas por el viento y la espuma del mar salpicando la camisa desabrochada del timonel. Son la esencia de la aventura, salvaje y romántica.
Las Bahamas, 1718. Después de una intensa batalla, el capitán pirata Sylla se apodera de un barco inglés y, contra todas las expectativas, en lugar de asesinar a toda la tripulación los invita a unirse a él… pues la banda pirata de Sylla tiene principios: libertad, democracia y fraternidad. Y así empieza la historia de dos mundos con puntos de vista opuestos sobre la vida y la libertad.
No hay símbolos más representativo de uno de los periodos más exóticos y emocionantes de la historia de la Humanidad que los piratas, que hoy se recuerdan con romanticismo y nostalgia como ejemplos de la vida en libertad y de la anarquía frente al orden establecido. Y es que ¿quién no adora a estos antihéroes románticos? Criminales, delincuentes, saqueadores de los mares, ladrones de tesoros,… pero también aventureros osados, encantadores truhanes, amantes del riesgo y soldados de fortuna al servicio de su Majestad. Hoy son mitos y leyendas, aunque algunos de ellos fueron realmente personajes históricos que existieron en realidad, que casi siempre terminaron con sus cuerpos balanceándose en el extremo de una cuerda, y a menudo cuesta definir donde termina la realidad y donde empieza la fantasía: Barbanegra, Jack Sparrow, Francis Drake, sir Walter Raleigh, Long John Silver o Calicó Jack.
«La República de la Calavera» nos lleva hasta los últimos estertores de la piratería. Vincent Brugeas y Ronan Toulhoat empiezan primero en el Caribe, a principios del siglo XVIII, aunque más adelante la historia nos trasladará hasta las costas de África. Hacía muchos años que la ruta entre América y España se había convertido en un terreno propicio para la caza del oro, la plata y los tesoros del Nuevo Mundo. Tanto los piratas con la bandera negra como los corsarios al servicio de las naciones enfrentadas a la monarquía española, sobretodo franceses, ingleses y holandeses, se dedicaron a asaltar los barcos españoles y portugueses que regresaban cargados de riquezas al Viejo Contiente.
En 1715, el monopolio español y portugués del comercio con el Nuevo Mundo empezó a romperse con el tratado de Utrech, y las otras naciones europeas que querían poner sus manos sobre las riquezas de América se asentaron por fin en el Caribe. A partir de entonces los piratas, filibusteros y bucaneros, ya no eran una herramienta para hostigar a los españoles, sino el enemigo. Los que antes habían servido a ingleses, franceses o holandeses eran ahora delincuentes que amenazaban a sus antiguos protectores. Y éstos no dudaron en darles caza y colgarlos de la horca.
«La República de la Calavera» nos presenta a la tripulación del Neptuno, dirigida por el capitán Sylla, un líder bravo con gran poder de convicción, y del Fortuna, un bergantín arrebatado a los ingleses que se entrega al capitán Olivier de Vannes, con fama de tener mal fario y que bautiza con el irónico nombre de Fortuna. Ambas naves son piratas que navegan por las aguas del Caribe, en busca de barcos mercantes con bodegas bien repletas a los que asaltar. La historia escrita por el historiador y guionista francés Vincent Brugeas se centrará en el segundo de los barcos y en el periplo de Olivier de Vannes, cuya primera presa, un barco abandonado a la deriva en mitad del océano, desvelará un cargamento sorprendente: esclavos negros que consiguieron escapar de su encierro, acompañados por una fascinante y bellísima reina de ébano a la que adoran como si fuese una diosa. Gracias a una joven traductora llamada Abyeda conseguirán comunicarse con la reina Maryam y sus fieros guerreros, a los que incorporaran a su tripulación.
La historia de Vincent Brugeas, excelente, cuenta con el dibujo de Ronan Toulhoat para tomar forma. Su trabajo es fantástico, con la reproducción detallada de los barcos de la época, un trabajo minucioso de contexto, así como un sobresaliente control del ritmo y del orden en las escenas de acción. Personalmente me ha gustado su entintado, con potencia en las sombras y el uso del negro, con mucho pincel. Ambos artistas, escritor y dibujante, ya habían colaborado con anterioridad a este «La República de la Calavera» (en la serie ucrónica sobre la Segunda Guerra Mundial «Block 109«, «Conan el Cimmerio: El coloso negro» o las dos entregas de «Ira Dei«, por ejemplo), pero los dos también tienen una prolífica carrera por separado para el mercado francobelga, de los cuales pocos han llegado a nuestro país. De Ronan Toulhoat destacaría «Elric: El Lobo Blanco» y «Sherlock Holmes Society«, y de Vincent Brugeas, «Nottingham«, todos ellos publicados también por Yermo Ediciones.
«La República de la Calavera» incluye una introducción escrita por los dos autores que es toda una declaración de intenciones, comparando los piratas como hombres honrados a los que la sociedad de la época había llevado al límite con los tiempos en los que estamos viviendo, donde las desigualdades entre ricos y pobres, entre el Primer y el Tercer Mundo, ponen a hombres y mujeres al borde de una revuelta justa y necesaria. Y como contraste, el tomo ofrece un artículo final, a modo de epílogo, escrito por Fadi El Hage que pone un poco de contexto histórico a la obra, y busca referencias históricas reales a algunos de los personajes ficticios de Vincent Brugeas. La edición de Yermo Ediciones se cierra con una galería de ilustraciones y bocetos.
En resumen, «La República de la Calavera» nos ofrece mucho de lo que uno espera encontrar en una historia de piratas: épicas aventuras de piratas de corazón noble y espíritu libre, batallas navales entre los barcos con la bandera negra de la calavera cruzada por huesos en blanco ondeando en lo alto del palo mayor y los navíos cargados de tesoros que cruzan el Atlántico, los puertos francos en las islas del Caribe donde se retoman fuerzas,… No hay, por el contrario, ni esos lúgubres antros de Isla Tortuga donde el ron corre de vaso en vaso mientras las canciones groseras amenizan la velada, ni romances entre piratas de sonrisa seductora y señoritas de alta alcurnia que caen rendidas a los pies de estos pícaros delincuentes de los mares del sur, ni la búsqueda de tesoros enterrados en islas desiertas o, peor, pobladas por indígenas hostiles, ni viejos capitanes con pata de palo que traman traiciones y motines,… Sea como sea, rehuir los tópicos no es un defecto y este cómic trabaja muy bien con los elementos que ha escogido para contar su historia.
La República de la Calavera
Guion: Vincent Brugeas
Dibujo: Ronan Toulhoat
Edición original: «La republique du crâne»
Formato: 21,6×30,0cm. Cartoné. Color
ISBN: 978-84-19610-70-6
Páginas: 240
Páginas: 39,95 euros











Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…