Difruté tanto con “Los Héroes“, la primera novela que me leí del escritor británico Joe Abercrombie, que pocos días después de terminar su lectura me puse manos a la obra con “La mejor venganza“. Y, como era previsible, decir que me ha entusiasmado es quedarse corto. Para mi alegría aún me quedan por delante los tres volúmenes de “La Primera Ley” y “Tierras Rojas“. 

La guerra puede ser un infierno, pero para Monza Murcatto, la Serpiente de Talins, a sueldo del duque Orso, también es una forma excelente de hacer dinero. Sus victorias la han hecho muy popular, quizá demasiado para el gusto de Orso. Traicionada y dada por muerta, la recompensa de Murcatto es un cuerpo desfigurado y una sed de venganza que no se detendrá ante nada. 

Sus aliados son el borracho menos fiable de Styria, el envenenador más traicionero de Styria, un asesino en serie obsesionado con los números y un bárbaro que quiere enderezar su vida… Entre sus enemigos están los más poderosos del país, y eso antes de que el Orso envíe al hombre más peligroso para acabar con ella…

La inevitable falta de tiempo libre que tiene un padre de familia numerosa, el exceso de trabajo por estar a cargo de un departamento con déficit de personal, cierta pereza ante la enorme extensión de sus obras, las obligaciones inprorrogábles de cualquier otra índole que distraen la atención y otros libros que iban amontonándose en mi mesilla de noche fueron retrasando mi obligada incursión en la obra de Abercrombie y en su universo literario hasta que, recientemente, mis manos se animarón por fin con “Los Héroes”. Decir que la experiencia fue una revelación se ajusta bastante a la sensación que dejó en mi cuerpo la lectura de aquellas setecientas páginas, que devoré con fruición en apenas cinco días y que me dejaron ávido de más. “La mejor venganza” me estaba esperando.

A estas alturas creo que no voy a descubrir al escritor británico Joe Abercrombie (Lancaster, Inglaterra, 1974) a nadie. Psicólogo por la Universidad de Mánchester, escritor de novelas de fantasía adulta y editor cinematográfico, su carrera ha sido meteórica, y en menos de una década se ha situado en el Olimpo del género: escribió “La voz de las espadas” entre 2002 y 2004, fue editada en 2006 por la editorial Gollancz, le siguieron los otros dos libros de la trilogía en 2006 y 2007 (“Antes de que los cuelguen” y “El último argumento de los reyes”), y en 2008 participaba en la serie World of Fantasy de la cadena británica de televisión BBC, junto con otros autores como Michael Moorcock, Terry Pratchett y China Miéville. Su nombre ya es una referencia ineludible, y me parece que unas palabras de mi compañero Vic en la reseña de “Tierras Rojas” ilustran perfectamente el lugar del escritor británico en el género: “Joe Abercrombie es a la literatura fantástica lo que Quentin Tarantino es al cine. A mi modo de ver son artistas similares, con una gran querencia por la violencia gratuita y por la contundencia de sus personajes a la hora de enfrentarse al mundo y de declamar las injusticias de éste y de cómo han enfrentado al mundo con su particular y sádica visión. Los diálogos de ambos rebosan mala baba, humor negro y mucha, mucha, verdad, tanta que puede resultar incómoda para el lector, y es que el fuerte realismo que impregna las obras de ambos autores no es algo soslayable”. ¡Genial!

En 2009 publicó esta “La mejor venganza” (“Best served cold”), ambientada en el mismo mundo que los tres volúmenes de “La primera ley”, pero como novela independiente autoconclusiva. Los galardones y los distintos reconocimientos que acumula dan una justa medida de la calidad de esta obra (por ejemplo, finalista del British Fantasy Award 2010 que ganó “One” de Conrad Williams y finalista del David Gemmell Legend Award 2010 que ganó “Empire” de Graham McNeill), así com las numerosas críticas positivas, los elogios que desbordan los límites habituales de la cortesía, o las palabras del mismísmo George R.R. Martin que lucen en la portada: “Una epopeya sangrienta e implacable… Su mejor libro.

“La mejor venganza”, de nuevo y como ya sucedía en “Los Héroes”, es un libro díficil de describir. Sorprendente, profunda, multicolor, compleja, directa y ofidea. Sorprendente por mantener la atención del lector y la tensión del relato durante cada una de las novecientas páginas, en las docenas de capítulos ubicados en siete ciudades diferentes del rincón del Círculo del Mundo que Abrercrombie ha imaginado (Talins, Westport, Sipani, Visserine, Puranti, Ospria, y de nuevo Talins), en cada frase y párrafo. Profunda por presentar a un personaje protagonista como Monza Murcatto, la serpiente de Talins, la carnicera de Caprile, líder de las Mil Espadas, una de las protagonistas de novelas de fantasía más bien trazadas de la historia del género, con tantos matices y facetas, y un grado de detalle tan grande, que abruma. Multicolor por ofrecernos un mundo con tantas facetas y distintos colores como la cristalera de una catedral, que nos lleva desde la noble Talins que gobierna el duque Orso con puño de hierro hasta la húmeda Westport donde reside la poderosa banca de Valint y Balk, pasando por la asediada Visserine del gran duque Salier que espera su turno de ser saqueada y arrasada hasta los cimientos o la fortificada Ospria del gran duque Rogont que resiste con orgullo como último bastión de la Liga de los Ocho. Compleja por trazar los hechos con un mosaico multicolor de personajes tan profundos como carismáticos, hasta el punto que uno desearía que todos y cada uno de ellos contaran con su spin-off particular. Directa por su calidad literaria abrumadora y su prosa adulta, sangrienta y sin censura, sin omitir la violencia (mucha violencia explícita), descriptiva hasta el más mínimo detalle y con un ritmo endiablado e imparable, sin apenas momentos de respiro. Y ofidea, como una serpiente que se retuerce, gira sobre si misma, te hipnotiza con su mirada, te muerde cuando menos te lo esperas mediante un ataque rápido y letal, inocula su letal dosis de veneno, que deja en el interior del cuerpo y te reconcome poco a poco, y cuando crees que todo ha terminado… ¡zas! el reptil vuelve a rematar el trabajo y te devora.

“La mejor venganza” es, como su propio título indica, la historia de una venganza. En concreto, de ocho venganzas dirigidas a todos aquellos que conspiraron para acabar con la vida de Monzcarro Murcatto y participaron en la traición que provocaron la muerte de su hermano y su caída, figurada y textual. Ocho personas que llevarán a la protagonista sedienta de sangre por las ciudades más importantes de Styria, una sociedad de ambientación renacentista en una época de caos y guerra conocida como los Años de la Sangre, reclutando aliados traicioneros y compañeros de viaje de motivos cuestionables, contratando mercenarios y asesinos a sueldo, sumando enemigos y antagonistas a cada paso, dejando tras de sí un rastro de muerte que llevará a todo el reino a un destino sorprendente e inesperado. 

image2

Nada detiene a la antaño invencible Monza, ni siquiera sus propias dudas ni los restos de conciencia que pudiesen quedar en su interior. Una venganza en ocho actos, pero ni fría ni calculada. La venganza de Murcatto es un acto visceral y brutal, en caliente y muy sangriento, sin ninguna limpieza, sin la precisión y delicadeza del cirujano, sino con la brutalidad del carnicero del matadero. Una vendetta sin escrúpulos que cortará las cabezas, cercenará los miembros, hundirá el acero frío en los estomagos y envenenará a los hombres más poderosos de Styria, de todos los nobles y de los reyes que gobiernan su mundo, para dejar al final un mundo diferente. ¿Mejor? Diferente. Como si hubiesen dejado a Nicolás Maquiavelo poner en práctica todas las propuestas de su obra en la Italia renacentista.

En el camino de Monza no hay héroes, ni ninguna referencia a los personajes habituales del género con enormes corazones repletos de bondad, guerreros de brillante armadura que defienden a los débiles y los oprimidos a costa de su propia vida, magos de brillantes y luminosos hechizos que luchan por mantener la oscuridad recluída y encerrada en un rincón. No, en las obras de Abercrombie todos los personajes son personas oscuras repletas de manchas en un mundo oscuro, sean viejos o jóvenes, hombres o mujeres, valientes o cobardes, temerarios o prudentes, ingenuos o curtidos, muertos o supervivientes. Las matanzas, las batallas y cada una de las muertes nos descubren el alma verdadera de quien sostiene el hacha, de quien empuña la espada que ha provocado la herida fatal, de quien se enfrenta a la muerte con la serenidad en el rostro pero el miedo en los huesos, de quien yace entre el barro y con las entrañas al aire buscando una explicación a la absurdidad de su destino cruel, de quien huye del campo de batalla en busca de su propia salvación, de quien asesina al inocente sin la menor piedad y la de quien derroca al rey coronado para sentarse en el trono y repetir los mismos errores de su predecesor. Tiranos y torturadores, asesinos en serie y borrachos traidores, sangrientos mercenarios y envenenadores.

image3

Ni el norteño Caul Escalofríos al que reencontraremos en “Los Héroes” sirviendo como perro fiel, ni el hedonista caído Nicomo Cosca, ni el pedante envenenador Castor Morveer, ni el autista ex-presidiario Amistoso, ni la misteriosa hechicera de Gurkul (única mención a la magia que podemos encontrar en todo el libro), ni la cínica y mordaz Shylo Vitari, ni el asesino Shenkt que participa en un juego mucho mayor, ni el conde Salier que valora su colección de arte por encima de su propia vida, ni el pragmático duque Orso al que Monza tiene como objetivo principal de su vendetta, ni las docenas de matones contratados para asaltar el burdel conocido como la Casa del Placer de Cardotti, ni la aprendiz de envenenadora Day, ni el engreído heredero Ario, ni una superviviente como Carlot dan Eider, ni los eternos lugartenientes de las Mil Espadas Victus, Andiche y Sesaria,… No, no hay héroes en “La mejor venganza”. De hecho toda la obra de Abercrombie es fantasía salvaje sin héroes. Todos los personajes están llenos de grises, y eso debe tener algo que ver con la formación de Joe Abercrombie, psicólogo, que ha sabido construir personajes creíbles, complejos y profundos. Justo lo que se conoce como fantasía ‘grimdark’, con historias de trama y diseño oscuro, con entornos racistas, inmersos en guerras interminables, sin héroes puros e ingenuos. Y en “La mejor venganza” todos los personajes son simple peones del juego de la guerra cruda y cruel, real y sangrienta en el que se enzarzan las naciones, de manera que el honor o el deshonor, la civilización o la barbarie, son simples palabras cubiertas de la sangre de personas muertas por asuntos, a menudo triviales, que se podrían resolver hablando.

Debo finalizar, una vez más, rindiendo pleitesía a mi indispensable Vic, que hace más de dos años ya me insistía con vehemencia que me zambullera en la obra de Abercrombie, y a sus palabras me remito: “Para los lectores que aún no conozcan a Abercrombie… ¿a qué esperáis? Sus libros deben ser disfrutados y venerados y, por Dios, no perdáis más tiempo leyendo estas líneas, ¡leed a Abercrombie!

La mejor venganza
Autor: Joe Abrercrombie
Título original: “Best served cold”
Fecha de publicación: Junio de 2012
Traducción: Javier Martín Lalanda
ISBN: 978-84-206-7370
Formato: 13x20cm. Rústica
Páginas: 928
Precio: 13,50 euros