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Terrence Malick es, sin duda, un creador que ha generado y aún genera división de opiniones. Hay quienes adoran su cine, pero también hay quienes lo detestan. A él y a sus películas. Su cine es difícil y de digestión dura, algo que encaja con alguien licenciado summa cum laude en Filosofía por la Universidad de Harvard y de profundas convicciones religiosas, pero eso no impide que haya pasado a la historia del séptimo arte y que algunas de sus películas sean obras maestras. Sus dos primeros trabajos lo colocaron en el mapa, «Malas tierras» (1973) y «Días del cielo» (1978), pero después estuvo dos décadas en silencio. No volvió a dirigir hasta 1998, con «La delgada línea roja«. El hecho de que no conceda entrevistas ni haga apariciones públicas le ha envuelto siempre en un halo de misterio y ha despertado cierta antipatía.

«La delgada línea roja«, en 1998, fue su gran regreso. Y para ello contó con un reparto estelar: Sean Penn, Nick Nolte, John Cusack, Adrien Brody, John C. Reilly, Woody Harrelson, Jared Leto, John Travolta o George Clooney, entre otros (Viggo Mortensen o Mickey Rourke rodaron gran cantidad de escenas pero no aparecen en el metraje final), para formar parte de una de las películas bélicas más aclamadas de la historia del cine. Una película antibélica, por supuesto, que no habla ni de la épica de la batalla ni la mística del guerrero sinó que reflexiona sobre los horrores de la guerra. La guerra, un lugar en el que sólo una delgada línea roja separa la locura de la cordura.

Basada en la novela homónima de James Jones, «La delgada línea roja» («The Thin Red Line«) cuenta cómo una compañía de fusileros, llamada C, que, durante la batalla de Guadalcanal, en la Segunda Guerra Mundial, es enviada al Pacífico para proceder al relevo de las tropas de infantería de marina, agotadas por el combate. Durante este período de tiempo, estos hombres van a experimentar grandes cambios, van a sufrir y van a descubrir aspectos fundamentales de sí mismos que hasta ahora desconocían mientras combaten con el ejercito japonés por la conquista de una codiciada colina.

La película logró el Oso de Oro en la Berlinale y obtuvo siete nominaciones al Oscar. No ganó ninguno. Ese mismo año Steven Spielberg había estrenado «Salvar al Soldado Ryan«, y la Academia prefirió la visión del Rey Midas que la de Terrence Malick.

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