
Alan Moore lleva muy mal el asunto de las adaptaciones cinematográficas de sus cómics. Algo de razón tiene, pues algunas de sus obras han sido traspasadas al celuloide de forma muy chapucera, dando lugar a películas mediocres de las que nadie querría saber nada. Pero, al contrario, hay guionistas y directores que han mostrado sensibilidad y criterio y han conseguido captar el espíritu de la obra original, la intención subyacente, el alma del cómic de Alan Moore, y han obtenido una película más que correcta. Aunque a él no le parezca bien. El tiempo le ha convertido en todo un personaje. El Bardo de Northampton, le llaman. Un icono cultural, pero también un anarquista, un misántropo, un chamán y un tipo excéntrico, que ha rechazado aquellas obras que le elevaron a los altares y ha repudiado todas las adaptaciones y secuelas que se han hecho de su obra. Complejo y brillante, Moore todavía es un referente para el mundo del cómic y de la cultura contemporánea.
«V de Vendetta» es una de las obras maestras de Alan Moore. Junto al dibujante David Lloyd el guionista redefinió en esta historia la figura del superhéroe, del justiciero y del vengador. Con «La broma asesina» y «Watchmen«, «V de Vendetta» conforman un ejercicio de deconstrucción y reconstrucción de un género que no volvió a ser el mismo desde entonces. Y James McTeigue entendió bien su mensaje, una historia terriblemente real, cada vez más, acerca de la pérdida de la libertad y de la identidad del individuo que se ve inmerso en un mundo hostil, frío y totalitario. Los acontecimientos que estamos viviendo en la segunda década del siglo XXI demuestran que la historia era, más que una distopía, una anticipación.
Dirigida por James McTeigue, el que fue un habitual primer ayudante de director de las hermanas Wachowski, y protagonizada por Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry, John Hurt, Tim Pigott-Smith y Rupert Graves, la película nos trasladaba hasta un futuro cercano, a Londres, en una Inglaterra cuyo gobierno está en manos de un tirano en una dictadura fascista. El país está en bancarrota. Los medios de comunicación se basan en la mentira. La policía aterroriza a la población. Solo un hombre enmascarado, autodenominado V, parece capaz de acabar con la opresión y la corrupción. Cuando Evey, una joven cuyos padres fueron asesinados por el régimen, descubra el misterioso pasado de V, conocerá también la verdad sobre sí misma, y el papel que debe jugar en la revolución que impulsa por el oscuro héroe. Y es que en un mundo donde todo lo que no está prohibido es obligatorio, un solo hombre puede marcar la diferencia.
La película combina perfectamente la construcción visual, el desarrollo de los dos personajes protagonistas y el ritmo potente con el contenido social y político. Repleta de mensajes polémicos y nada subliminales, que sorprende que puedan salir de un gran estudio, es evidente que el cómic y la película se entienden hoy de forma diferente al momento en que fueron concebidas. Cuesta imaginar los EE.UU. de Donald Trump dando luz verde a una obra que alienta el alzamiento del pueblo contra sus gobernantes.
El guion de «V de Vendetta» («V for Vendetta«) fue un trabajo de las hermanas Wachowski en su momento más álgido, y como incluyó alguna modificación respecto a la obra original que no gustó a Alan Moore (por lo que pidió ser eliminado de los créditos del film) empezó la mala relación del escritor inglés con el cine. Seguramente tampoco se debe sentir demasiado cómodo por el papel que ha adquirido V en la cultura popular, como icono de cientos de protestas de todo el mundo y de colectivos antisistema como Anonymous. La máscara de Guy Fawkes que luce el protagonista, que trata de dinamitar el Parlamento inglés y de convencer a Natalie Portman de que su causa es justa, es hoy un símbolo de la revolución. De cualquier revolución. «Remember, remember the 5th of November, gunpowder, treason and plot; for there is a reason why gunpowder and treason should ne’er be forgot» («Acordaos, acordaos del 5 de noviembre, pólvora, traición y complot; porque hay una razón por la que nunca se deben olvidar la pólvora y la traición.»)












Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja